• Cotizaciones
    viernes 10 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Mujeres apasionadas

    Pilar González en el Blanes

    El recorrido puede empezar en cualquier lugar. Una mujer enorme y anónima que cuelga de una pared, una imagen clásica que parece el David, una mujer con los ojos un poco rasgados, la mirada oscura, el cuerpo semidesnudo. Hay un orden, claro. Hay un orden cronológico y otro que lo dan las series en las que Pilar González organizó su muestra retrospectiva en el Museo Blanes. Sus series temáticas reflejan momentos intensos de su trayectoria. Está su serie “Mujer de la vida” (1991), su serie “Erótica” (2004) o la más cercana sobre “Purificación” (2012). Están también sus impresionantes telones, sus pinturas, sus trabajos con hilos, telas, elementos que incorporó sobre sus dibujos; están sus mujeres y su humor. Están sus trabajos como ilustradora en diferentes medios de prensa, sus trabajos de teatro. El Blanes está copado por una artista de increíble trayectoria, de un tono tremendamente personal, conmovedor.

    Todos sus dibujos son intensos, provocativos. No hay uno que deje indiferente, que no golpee en alguna zona de la sensibilidad, que no desconcierte. El visitante puede comenzar el recorrido por esas figuras culminantes, por esas mujeres a las que la vida parece atropellarlas, casi borronearlas, tan características de la obra de Pilar González. O por el Gardel que cuelga con sonrisa omnipotente en el fondo de la sala. O por las grandes figuras, levemente coloreadas, de proporciones envolventes. Pero también puede empezar por un rasgo aparentemente más intrascendente. Una mano, una mirada, una pierna caída o apenas apoyada en la punta de su zapato, casi sin ropa. Está bueno detenerse en el detalle y apreciar la sutileza del trazo, la delicadeza y escasez de recursos y el pulso tan vibrante para entender cómo se construye un mundo, una historia, una imagen potente, que conmueve a golpe de vista cuando el visitante percibe la totalidad.

    Hay que detenerse en una de sus mujeres, entre tantas, con la espalda desnuda, curva, su brazo estirado apenas sobre la pierna, en una actitud de indescriptible belleza. El dibujo está entre muchos de mujeres de ojos alargados, de ropa y actitud de intensa sensualidad. Realizado con crayola sobre papel, es un ejemplo de todo lo que tiene que tener una obra para desacomodar, para ir más allá de la evidencia, para atravesar esa compleja frontera entre la técnica y el arte.

    Hay que detenerse en la curva del cuerpo femenino de esa serie titulada “Mujeres de la vida”, por ejemplo, en las líneas de piernas y brazo, en la composición desde el dibujo más sencillo, con algunos rayones que cargan un fondo tormentoso, oscuro, y realza el cuerpo doblado, volcado sobre la pierna recogida, con una media negra, negrísima. Parece que el contorno del cuerpo, los intersticios, algunas zonas delicadas de la mujer golpearan más que otras, dejaran entrever el abandono después de un acto amoroso. No importa si es una prostituta, con lo que ello implica en consideraciones sociales o sobre la vida al margen de toda dignidad. Es probable que uno lo descubra en el contexto o una vez que se involucre en su historia. Lo interesante es que el dibujo ofrece un mundo mucho más complejo, profundo, bellísimo. Y son las pequeñas opciones que hacen al todo, que no sea explícito, que no se vea el rostro, la postura elegida por la autora para definir el momento y al mismo tiempo, indefinir todo el resto. Logra así darnos un cuerpo casi desnudo, sugerido, semioculto, apenas descubierto en esos detalles fundamentales. Pero también el alma, casi tan desnuda como el cuerpo, apretada.

    Hay otro detalle fundamental: la autora elige ocultar la cabeza de esa mujer, el pelo caído sobre el rostro. La línea de la cabeza continúa la curvatura, inclinada hacia adelante fuerza el dibujo en una tensión inusual, es el momento en el que algo muy especial pasa dentro de ese cuerpo, a medio camino entre el abandono y el pequeño esfuerzo físico evidencian un interior golpeado, cansado, dolorido.

    Sus famosas líneas en fuga, esas líneas diagonales que realzan la dinámica de la composición, el contrapunto para el estado de abandono y tensión que sugiere la imagen. Eso conmueve, eleva la obra de cualquier categoría más mundana, el cuerpo reposa a un nivel de extrema universalidad; puede ser cualquier mujer o idea de mujer esencial que culmina en un tratado delicadísimo sobre la belleza femenina en un momento de extrema intimidad, cargada de contradicciones, misteriosamente sensual.

    Es un dibujo de su serie “Mujer de la vida” (1991) incluido en el libro de Luis Pérez Aguirre, el recordado Perico, sacerdote que trabajó muchos años con prostitutas entre sus múltiples compromisos por los derechos humanos. En algún lado, Pilar González dice que no leyó antes los textos, que la idea no era “ilustrarlos”. Es probable que esta decisión permitiera una mayor libertad creativa. Lo cierto es que en toda la obra se percibe esa libertad. También el encuentro entre la conmoción y la madurez formal, las imágenes parecen a punto de salir del dibujo o la pintura, estallar, producir una realidad nueva, en algún lugar del espacio. Pasa por ejemplo en sus más pequeños trabajos para prensa, incluso en sus trabajos acotados a un texto, a una nota, a una ilustración que podría reducir sus posibilidades creativas. Mujeres y dibujos apasionados, como debe ser.

    Pilar González. En el Museo Blanes (Avda. Millán 4015), de martes a domingos de 12.15 a 17.45. Hasta el 10 de agosto.