“Las Instrucciones del año XIII y el discurso de Artigas en la apertura del Congreso de abril (la llamada Oración de Abril), son el corazón documental del artiguismo, los textos fundacionales de nuestro proceso de configuración nacional y los episodios que —junto con el Éxodo de 1811— cargan de emoción nuestra gesta histórica”, escribió al inicio de su exposición de 19 páginas.
Según Sanguinetti es claro que Artigas no pretendía un Estado federal sino una confederación o liga de provincias independientes y soberanas. En contraste, la oposición de Buenos Aires es una constante en todo su relato: “El proyecto político artiguista chocaba contra una realidad que finalmente resultará insalvable: la fuerza hegemónica de la provincia de Buenos Aires”.
En su relato, el dos veces presidente uruguayo destaca el carácter republicano —“por donde se lo mire”— de las Instrucciones. “Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial dividirán el gobierno y ‘estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí y serán independientes de sus facultades’. La necesidad de los frenos constitucionales es otra idea constante”, apuntó.
En esa línea, subrayó la convicción constitucionalista de Artigas y la contrastó con Argentina, donde la aprobación de una Constitución demoró muchos más años que en Uruguay.
“Nuestra vecina Argentina, con quien compartimos la matriz cultural e histórica, pese a su relevante desarrollo económico y cultural, aún hoy adolece de esa fragilidad en su institucionalidad. Esa diferencia, como se aprecia, viene desde lejos en el tiempo”.
“Naturalmente —añadió— la configuración de toda nación es un proceso evolutivo, que en nuestro caso tiene su semilla inicial en el autonomismo montevideano frente a Buenos Aires, sembrada en la competencia de los puertos y ya asomada en las invasiones inglesas. Por eso es que, en el momento de la revolución, Artigas se incorpora a ella como ‘jefe de los orientales’, luego del ‘acto solemne’, ‘sacrosanto siempre, de una constitución social’”.
Sobre el final, Sanguinetti remarcó: “Aún el uruguayo más crítico ha de reconocer que nuestro país ha sido una construcción exitosa. Que pudo —y puede— ser mejor, por supuesto, pero que —en la comparación regional— se sostiene con una adhesión más sostenida a las instituciones y una desarrollo social más equilibrado, pese a todos los pesares que todavía con dolor arrastramos. Es en esa dimensión entonces que la figura de Artigas se nos ensancha. Estas ‘Instrucciones’ son lo que hoy escribiríamos todos los uruguayos, así como el discurso inaugural del prócer nos sigue emocionando, con esas frases grabadas para siempre en el imaginario nacional”.
“El momento fatal”.
“Nacimos a pesar de los vecinos”. Con esa frase inicia su exposición el ex presidente Lacalle (1990-1995). En su texto, de dos páginas y media, el ex jefe de Estado destaca a las Instrucciones del Año XIII como “principalísimo mojón” de la “peripecia nacional” uruguaya.
“Artigas dicta cátedra de Estado, combina los ejemplos de los padres fundadores de los Estados Unidos con los ingredientes locales y presenta su proyecto. La franqueza del jefe de los orientales al expresar que la capital de esa gran nación debía estar fuera de Buenos Aires es el momento fatal para lo que se deseaba. (...) Ante la amenaza, la oligarquía porteña no vacila, llama al portugués y le entrega la Banda Oriental y con ella a su jefe. La suerte está echada”, escribió Lacalle.
“Pudo haberse revertido esta tendencia —acotó el ex presidente— se pudo haber desandado el camino; pero los orientales sabían lo que se podía esperar de la orilla de enfrente. Hasta las Instrucciones. Con ellas hubo posibilidad de estos Estados Unidos del Sur, gigante entidad social, geográfica, política y militar que tanto habría cambiado a la América del Sur. No fue y —por supuesto— nunca será”.
“Héroe auténtico”.
Para el ex presidente Batlle (2000-2005) “Artigas es un héroe auténtico de nuestra patria porque era un aragonés puro, descendiente de aquellos que dijeron: ‘nosotros que cada uno valemos tanto como tú y todos juntos, más que tú, que hemos decidido que seas tú el que nos conduzcas, hasta que cambiemos de opinión’”.
La exposición de Batlle tiene, entre otros, dos aspectos centrales: la incidencia de la Revolución Francesa y los hechos que esta desencadenó en Europa, y la personalidad de Artigas por encima de su ilustración: “Los hombres se distinguen tanto por su carácter como por su ilustración, pero en el caso de Artigas podemos afirmar que lo más determinante fue su carácter”.
Sobre ese punto, Batlle afirmó que a su juicio “el hecho más importante de la vida de Artigas, de tantas y tantas cosas importantes que dijo y que escribió (se distingue claramente en su léxico cuando él escribe y cuando escribe algún secretario), tiene que ver con su decisión de no regresar a su provincia después de la derrota de 1820”.
“Artigas tiene el mérito de haber crecido por las decisiones de su vida, por haber dicho: no, yo voy a estar hasta mi muerte acá, porque es la única forma de sobrevivir allá. Para mí, en lo personal, eso es lo más grande de Artigas. Las Instrucciones, tan realzadas siempre como algo esencial en su historia y pensamiento, son realmente muy importantes, pero no creo que Artigas se haya sentado a escribirlas. En ese documento se ve claramente la pluma de Barreiro, ese léxico más literario y romántico, pero con gran sentido político”, sostiene Batlle.
De inmediato, también apunta a la relación con Buenos Aires: “La primera cosa que los orientales liderados por Artigas le dicen al gobierno de Buenos Aires que los estaba llamando a formar parte de la Asamblea General Constituyente fue: no, mire, ustedes con nosotros se portaron muy mal, lo primero que tienen que hacer es reconocernos eso y desagraviarnos, y luego, en segundo lugar, deben reconocer que este es un pacto y eso exige esto y esto y esto. Las Instrucciones recogen esas condiciones. Ese todo político es el que tiene una fuerza enorme, que deriva de esa decisión política”.
“No se puede ver de forma aislada ninguno de los aspectos del artiguismo, y tampoco un documento como las Instrucciones. Se constituyeron, de hecho, en el derecho patrio; de entonces para acá no adelantamos nada. En todo caso, algunas veces hemos retrocedido, pero siempre volvemos a las Instrucciones como el derecho patrio. En ellas está el Uruguay como es y como debe ser y de ellas no debemos salirnos. (...) Para mí esto muestra el formidable instinto natural de Artigas, su apego a las instituciones, su yo esencialmente político. Ese es, precisamente, el mandato más importante que ha recibido el Uruguay de su prócer. Uruguay es lo que es, ha sido lo que ha sido y será lo que podrá ser, en la medida en que tenga apego y respeto por las instituciones. Otros países tienen otras cosas: su dimensión, su fuerza, su potencial económico. Nosotros, como él dijo: no tenemos nada más que a nosotros mismos y en la medida que queramos vivir, no como salvajes sino como seres civilizados, tenemos que ser esclavos, pero esclavos de la ley”, consideró el ex presidente en su escrito de ocho páginas y media.
“Tarea inconclusa”.
Vázquez, el primer presidente frenteamplista (2005-2010), elaboró un texto de tres páginas y media en el cual destacó el “legado” de republicanismo, “libertades civiles, derechos y responsabilidades” de las Instrucciones.
También remarca el “legado de compromiso con el sistema federal establecido en varios artículos de las Instrucciones (confederación ofensiva y defensiva previa a un Estado federal cuya Constitución evite hegemonismos, garantice la soberanía particular de las provincias, promueva la libertad, igualdad y seguridad de los ciudadanos y de los pueblos, etcétera), reafirmado en 1815, cuando Artigas rechazó la independencia de la Banda Oriental que le ofrecía Buenos Aires y, doscientos años después, aún esencialmente vigente aunque ahora se hable de integración, Mercosur y asimetrías. Pese a notorios avances en las últimas décadas, es también una tarea inconclusa. Tal vez siempre lo sea, pero ello no es excusa para abandonarla. Por el contrario”.
“Terremotos políticos”.
El último de los expositores, y también uno de los más breves —tres páginas y media— es el actual presidente, Mujica, quien consideró que las Instrucciones configuran “la primera reivindicación de la identidad del pueblo oriental” y son “un documento francamente revolucionario”.
“Junto con la propuesta republicana radical, Artigas plantea otra idea no menos explosiva, que será la responsable de la violenta reacción que se desató a partir de los intereses del puerto de Buenos Aires: la idea de confederación”, escribió Mujica, quien como presidente debe lidiar con una conflictiva relación con Argentina que afectó la operativa del puerto de Montevideo.
A juicio de Mujica, en los documentos del Congreso de Tres Cruces “sale también el germen del federalismo, porque el federalismo, en el Río de La Plata es el artiguismo, y Artigas fue su fundador e impulsor”.
Sobre esa base, el presidente plantea reflexiones sobre las Instrucciones y la actualidad. “En un mundo cuya economía, sus comunicaciones y su crecimiento técnico-científico dibujan la creación de unidades supranacionales, la integración de las repúblicas latinoamericanas parece tarea de nuestro tiempo. Para ser algo determinante en el mundo que viene, importa abrevar en las ideas fundacionales y truncas de Artigas, estampadas en las Instrucciones del año XIII. Si el mundo hoy se globaliza empujado por el interés y el mercado, tal vez habrá futuros cambios en la estructuración política. Nadie puede pronosticar si, al fin, iremos a un continente federal, construido sobre el andamiaje abierto de las viejas repúblicas”, razonó.
“Lo que se puede vaticinar —concluyó— es que estamos entrando en una era con cambios vertiginosos, que traerán sus terremotos políticos porque el mercado y la globalización nos conducen, no las decisiones humanas”.