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El enero de 1974 comenzó duro para José Mujica, preso por su actividad como guerrillero tupamaro que luchaba contra el capitalismo y la “democracia burguesa” y con sus derechos aplastados por una dictadura que se consolidaba. Ahora, 40 años después, el enero del 2014 arrancó con un presidente Mujica que reivindica el capitalismo, destaca como éxito de su gestión la captación de “un alto grado de inversión” privada, asegura que hay que crecer en términos económicos para poder luego distribuir, cuestiona de manera indirecta al chavismo y advierte que “uno no tiene derecho a sacrificar la vida de una generación en nombre de una utopía”.
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En dos entrevistas que mantuvo con medios de comunicación en los primeros días del año, Mujica reflexionó sobre el capitalismo y el socialismo. Aseguró que no renuncia al objetivo socialista, pero consideró que el capitalismo es imprescindible y que, si bien es necesario que el Estado obtenga recursos de los empresarios privados, no puede hacerlo al extremo de expulsarlos. Y en esa línea planteó una crítica indirecta al modelo que aplicó el ahora fallecido Hugo Chávez en Venezuela, con múltiples nacionalizaciones y expropiaciones. En la actualidad, al mando del nuevo presidente Nicolás Maduro, Venezuela enfrenta severos problemas de inflación y desabastecimiento de muchos productos, incluso básicos.
Para Mujica el fin es el mismo, pero no los medios. “Tengo que cambiar el camino. Es que por esta contradicción es fácil desatar un cataclismo. Se nacionaliza esto, se nacionaliza lo otro, me cae la producción, me caen las cifras acá, y después la gente tiene que hacer cola... y me falta esto... y lo otro. Y la gente lo pasa mal. Prefiero ir más despacio. Conciliar, dejar vivir el capitalismo, rezongarlo un poco usando el machete, pero no matarlo, porque si no, mato la gallino de los huevos de oro”, explicó el jefe de Estado en una entrevista publicada por el diario chileno “El Mercurio” el domingo 5.
La entrevistadora le planteó a Mujica el contraste entre su posición actual y la que defendía como guerrillero del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y le preguntó cuál es el motivo de ese cambio.
“Pues la percepción de la realidad”, contestó Mujica y añadió: “El capitalismo es muy fuerte para generar riqueza. Es imposible de vencer con decretos o con decisiones meramente políticas. Es un cambio de época. Utilizar los recursos del capitalismo con el máximo de inteligencia para tratar de tener sociedades mucho más calificadas”.
Con pocas horas de diferencia respecto de la publicación de la entrevista con El Mercurio, Mujica también mantuvo una entrevista con “Telemundo” de Canal 12. Allí reivindicó el concepto de “renuncia fiscal”, o sea que el Estado resigne de cobrar impuestos con el objetivo de propiciar inversiones privadas.
“El Estado uruguayo debe haber sido, de América Latina, el que más renunció para que se invirtiera. Mucho más de lo que parece. Y eso nos genera un lío, porque naturalmente el que quiere que se reparta más dice: ‘¿cómo le aflojás tanto al capitalista?, ¿por qué no le sacás más para atender los problemas sociales que tenés?’; ese tironeo está, es justo y expresa una tensión que existe en la sociedad, y uno le tiene que decir: ‘tengo que favorecer la inversión para que después me mantenga el ciclo’, porque si el tipo no invierte, después termino recaudando menos. Es un proceso acumulativo. El capitalismo no resuelve todos los problemas que hay en la sociedad, es una máquina formidable de generar riqueza, pero no reparte parejo y entonces te queda un bolsón de gente que si el Estado no se preocupa de manotear de allá para poner de acá... Ahora, si manotea tanto que le amenaza la ganancia al empresario, este echa para atrás y no invierte”, argumentó.
De hecho, cuando el periodista de “Telemundo” le preguntó cuál es su balance del 2013, lo primero que contestó Mujica fue que “a pesar de la crisis europea se ha podido mantener un alto grado de inversión. (...) Hay cerca de U$S 2.800 millones en proyectos aprobados, que son inversiones que en definitiva ayudan a sustentar el campo de trabajo”.
Cuando el Estado hace una renuncia “recauda menos en el acto directo, pero como después eso genera empleo, inevitablemente genera recaudación por otros lados”, justificó.
El valor vida.
Durante la entrevista que mantuvo con “El Mercurio”, Mujica desarrolló su posición sobre el capitalismo y su meta socialista, pero incluyó una mirada hacia el pasado. En un pasaje la periodista le preguntó su percepción sobre Cuba, ante lo cual el presidente opinó que su gobierno paga “el precio de haber copiado el modelo soviético”:
—¿Eso lo influyó en el cambio de pensamiento?
—No. Yo tengo una visión filosófica de la vida. La vida es hermosa. No le damos valor salvo cuando la estamos por perder. No es un bien comprable y se nos está yendo. Entonces uno no tiene derecho a sacrificar la vida de una generación en nombre de una utopía, de un mundo hipotético que va a ser mejor. Me tengo que preocupar hoy de estos tipos y tipas que están vivos, que puedan vivir lo mejor posible. Entonces, tengo que lidiar a brazo partido con este capitalismo, reconociendo sus egoísmos, sus miserias, que las tiene, sabiendo qué es lo que trae. (El capitalismo) ha revolucionado el mundo, ha desatado la tecnología. Ha dado una fuerza creadora tremenda, pero me tiene que servir para ir creando las condiciones para un mundo que sea un poco mejor, pero eso es largo. Si entierro al capitalismo, no tengo con qué sustituirlo en lo inmediato, en la generación de riqueza. Y entonces, en nombre de principios que pueden ser hermosos, ¿qué tengo para darle a la gente? Lo mínimo. Yo no he cambiado nada en mi manera de pensar.
En un recuadro publicado como parte de la entrevista, Mujica profundiza algunos comentarios que marcan mayor distancia respecto de su pasado guerrillero, cuando los tupamaros intentaban, a sangre y fuego, imponer el socialismo y hacer caer la democracia y las instituciones republicanas. Reivindica los objetivos, pero no los medios.
“La vida es siempre una negociación —declaró—. Uno no puede apostar a la imposición. Mucho menos en una sociedad que uno lucha para que sea democrática. Nuestros derechos llegan hasta ahí, hasta donde están los de los demás, y se están moviendo permanentemente. Uruguay es un país muy republicano y laico, muy laico. Y la convivencia es para nosotros un factor clave y en alguna medida es una identidad propia. Las ilusiones autoritarias ya no caminan, tienen patas cortas”.