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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCompré la revista Lento por curiosidad, para ver qué traía. Es un gran esfuerzo editorial, en papel, del periódico la diaria. El número de julio, recién salido, tiene un artículo escrito por Nancy Fraser, conocidísima filósofa, política, feminista. Predice la inevitable caída del capitalismo por varias razones, pero esta vez las razones de Fraser son diferentes a las predicciones del Manifiesto comunista que yo leía en 1960.
Una tiene que ver con democracia y poder: las grandes corporaciones financieras, autorizadas a hacer lo que quieran en el mercado neoliberal, son mucho más poderosas que muchos Estados, y con tal de lograr sus metas de acumulación capitalista son capaces de desestabilizar los poderes públicos elegidos democráticamente, que antes las habían incubado y protegido.
Otra razón es de tipo ecológico, porque la depredación del planeta por las empresas capitalistas está ya revelando los límites de los recursos naturales y el futuro previsible de un mundo tapado de objetos de consumo y basura.
La tercera razón de Fraser es que aparece una nueva clase redentora: la mujer, explotada sin piedad ni remuneración por el neoliberalismo patriarcal, pero ahora empoderada por el feminismo y la perspectiva de género. Las mujeres son la nueva soga que va a ahorcar el capitalismo, rechazando su rol asignado de ser solo madres. Las mujeres feministas no van a derrocar al capitalismo asaltando el Palacio de Invierno sino abandonando su función social reproductiva y privando al mercado neoliberal de nuevas generaciones de consumidores.
Esta visión tiene su versión espejo en los partidos populistas de derecha, también preocupados por la reducción de los nacimientos en el mundo por culpa del feminismo radical, pero que, a diferencia de los partidos de izquierda, odian la “ideología de género”, el movimiento LGBTI+ y todo lo que lo rodea, hasta el punto de culpar a los gais por contribuir a la despoblación del mundo. En la carátula del libro Capitalismo caníbal, aparece la famosa serpiente que se come la cola. Es un símbolo que también quiere decir que los extremos se tocan.
Daniel Heide