• Cotizaciones
    viernes 17 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    No aprender nunca jamás

    ¿Qué hubiera pasado si Obama hubiera logrado convencer a sus aliados para intervenir en Siria? Teniendo en cuenta lo que ha sucedido en otros países de la región como resultado de la famosa “primavera árabe”, una acción en contra del actual gobierno sirio habría tenido consecuencias demoledoras en todo el orbe.

    Hace dos décadas, un ejército patrocinado por los Estados Unidos intervino en Somalia. La acción fracasó y Somalia quedó a merced de grupos terroristas rivales. Justamente, el grave problema de la piratería en los mares de la zona se debe a que el gobierno somalí solo controla el centro de la capital.

    En setiembre de 2011 publiqué en Búsqueda una columna sobre la intervención militar en Libia en contra del gobierno del extinto y colorido coronel Gaddafi (“Cuestión de sangre”). En ese texto estampé una frase que anunciaba lo que iba a pasar: “El actual proceso de cambios en el mundo árabe pone sobre la mesa muchas preguntas. Hay quienes suponen, demostrando una asombrosa inocencia, que luego de Ben Alí, Mubarak y Gaddafi vendrán gobiernos democráticos. No será así”.

    Y efectivamente no fue así, pues tanto en Túnez como en Egipto como en Libia reina el más estruendoso caos. Si bien las noticias sobre estos países a menudo brillan por su ausencia, no significa que el problema de fondo haya sido solucionado. Todo lo contrario. Lo que pasa es que el caos se hizo cotidiano. Ya no llama la atención. Pero de tanto en tanto, un hecho especialmente crudo pone nuevamente sobre el tapete lo que sucede en dichos escenarios.

    Uno de esos hechos especialmente crudos fue el reciente naufragio en las costas de la isla italiana de Lampedusa, que arrojó una suma imprecisa pero superior a los 200 inmigrantes muertos. En épocas del coronel Gaddafi, esas cosas no pasaban pues el régimen se encargaba de controlar sus fronteras y puertos, garantizando la validez de los acuerdos establecidos con la Unión Europea.

    Pero Gaddafi ya no está: se lo llevó la primavera árabe. Y Misrata, tal como señalé en dicha nota, es el centro de poder de uno de los tantos clanes que controlan diferentes zonas de Libia. Allí el gobierno central, dirigido por Ali Zeidan, no tiene posibilidad alguna de actuar. El barco con más de 500 personas que se accidentó afuera de Lampedusa partió, justamente, del puerto de Misrata y a los ojos de todo el mundo.

    Un dato: una de las regiones de Libia en donde las autoridades legales no tienen acceso es más grande que tres veces la superficie uruguaya. Se ha convertido en refugio ideal para los grupos terroristas que operan en otros países africanos (Sudán, Malí, Níger, Mauritania, Nigeria).

    Otro dato: además de haberse reducido la producción de hidrocarburos a menos de la mitad, luego de la muerte de Gaddafi, buena parte de lo extraído actualmente termina en manos de los clanes y grupos terroristas, que venden los hidrocarburos en el mercado negro internacional para financiar sus actividades.

    Como complemento, estos oasis para el terrorismo islamista ponen fuera del alcance de los gobiernos centrales un voluminoso comercio de armas, peligrosas sustancias químicas y drogas.

    Lo que sucedió en Túnez, Libia, Egipto y Somalia ya está sucediendo en Siria. La aplicación de la sharia, la ley musulmana, varía de barrio en barrio y de manzana en manzana, según la interpretación que de ella hacen quienes controlan las diferentes zonas “liberadas”.

    Frente a esta situación de extrema gravedad, en un país con un peso estratégico muy superior al de varios de los otros nombrados, Obama insistía en intervenir militarmente en beneficio de los grupos terroristas.

    Parece inconcebible que los equipos de asesores, los ministros responsables y el propio presidente de los Estados Unidos no hayan sacado las conclusiones más obvias de lo sucedido en la región en los últimos años y pretendiesen, por el contrario, agravar más aún la situación.

    La llegada a Teherán del exiliado ayatola Khomeini, en enero de 1979, y la tremenda marcha atrás que eso significó en Irán y en el resto del mundo musulmán para el respeto por los derechos humanos, la secularización, la modernización general y la sólida posición que habían alcanzado las mujeres bajo el Sha, debería haber bastado para que los líderes occidentales comprendiesen la fuerte dosis de veneno que portaba en su seno el islamismo militante.

    Lo sucedido con la caída de Saddam Hussein fue una segunda lección que tampoco aportó enseñanzas. La llamada primavera árabe, a su vez, despertó entre los gobernantes occidentales tan fuertes como falsas (y directamente ridículas) ilusiones de democracia y progreso. Y ahora, como si el vaso no se hubiese desbordado hace rato, se pretende eliminar a Bashar al-Asad de su puesto en Damasco.

    ¡Con líderes así, es un milagro que el mundo no esté peor!