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    No los quisieron

    Instinto, buen olfato, muchas lecturas y audacia para enfrentar el riesgo: una combinación de estos factores tiene que tener un editor cuando decide publicar. O cuando decide no publicar.

    Foenkinos recuerda en la novela algunos ejemplos de rechazos que luego se convirtieron en grandes éxitos. Uno de ellos fue La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, manuscrito que nadie quiso publicar. Fue la tenacidad de su madre la que logró hacerlo después del suicidio de su hijo, ocurrido en 1969, y hoy es un clásico de la novela norteamericana, finalmente publicado en 1980. Otro ejemplo que incluye es el de Marcel Proust, quien optó por autopublicarse cuando la editorial Gallimard le rechazó la primera parte de En busca del tiempo perdido.

    La mayoría de las veces fue por desinterés en sus historias, pero también hubo motivos políticos o puritanos para que varias obras clásicas o de gran éxito fueran alguna vez rechazadas. Entre ellas:

    Rebelión en la granja, de George Orwell.

    Cuatro editoriales inglesas la rechazaron antes de ser publicada en 1945 por Secker & Warburg. El propio autor explicó el itinerario de su manuscrito en un prólogo llamado La libertad de prensa, donde extracta la carta que le envió un editor: “Ahora me doy cuenta de cuán peligroso puede ser el publicarlo en estos momentos porque, si la fábula estuviera dedicada a todos los dictadores y a todas las dictaduras en general, su publicación no estaría mal vista, pero la trama sigue tan fielmente el curso histórico de la Rusia de los soviets y de sus dos dictadores que solo puede aplicarse a aquel país, con exclusión de cualquier otro régimen dictatorial. Y otra cosa: sería menos ofensiva si la casta dominante que aparece en la fábula no fuera la de los cerdos. Creo que la elección de estos animales puede ser ofensiva y de modo especial para quienes sean un poco susceptibles, como es el caso de los rusos”.

    El informe de lectura para una editorial norteamericana decía sobre la obra: “Imposible vender historias de animales en Estados Unidos”.

    Lolita, de Vladimir Nabokov, fue rechazada por cinco editoriales por considerarla obscena.

    El libro se editó en París en 1955, pero entre 1956 y 1958 las autoridades prohibieron su publicación tanto en Francia como en Estados Unidos y Gran Bretaña. “Debería haberse explicado a un psicoanalista (…) Se ha transformado en una novela con algunos pasajes bellamente escritos, pero es excesivamente nauseabunda. Recomiendo olvidarla durante mil años”, decía un informe de lectura sobre la novela.

    Ulises, de James Joyce.

    “Acabo de leer el Ulises y me parece un fracaso. Es prolijo y desagradable. Es un texto basto, no solo en sentido objetivo, sino también desde el punto de vista literario”, escribió en su diario Virginia Woolf. Su marido Leonard fue uno de los primeros editores en rechazar el Ulises. En Estados Unidos, se la consideró una obra nociva y viciosa. Varios ejemplares de The Little Review, la revista norteamericana que empezó a publicar el Ulises por entregas, fueron denunciados, confiscados y quemados en 1921. Sylvia Beach, propietaria en París de la librería Shakespeare & Co., publicó la primera edición en 1922. En Estados Unidos recién se hizo en 1932 y en el Reino Unido en 1936.

    Harry Potter y la piedra filosofal.

    J. K. Rowling envió el manuscrito a 12 editoriales que lo rechazaron. Al final, llegó al editor Nigel Newton, de Bloomsbury, en ese momento una pequeña editorial londinense, quien no se mostró muy entusiasmado. Pero su hija Alicia, de ocho años, se llevó el manuscrito a su cuarto y lo leyó. “Bajó corriendo un poco más tarde y me dijo que era lo mejor que había leído”, dijo Newton años después en una entrevista en The Independent. La novela, que iniciaría una extensa y exitosa saga, fue publicada en 1997.

    Vida Cultural
    2017-06-15T00:00:00