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Es la cenicienta de las temporadas. Pero detrás de un nombre frío, randómico, invariable y poco expresivo como Gala de ballet cada año el público puede descubrir creaciones interesantísimas, en formatos híbridos, que fusionan nuevas tendencias con los lenguajes tradicionales de la danza clásica en sus múltiples estilos, escuelas, regiones y épocas de origen. Así, desde la llegada de Julio Bocca, en 2010, hemos visto en estos programas invernales piezas breves (y no tanto) de grandes figuras de la coreografía del siglo XX como William Forsythe, Jiri Kilian, George Balanchine, Ana María Stekelman, Vicente Nebrada, Oscar Aráiz y Nacho Duato, por señalar solo algunos. Son espectáculos que oxigenan a la compañía, le permiten incursionar en terrenos desconocidos, investigar nuevas formas, conocer nuevos creadores y, como sucede en esta ocasión, producir y estrenar nuevos títulos creados desde cero en los talleres escénicos y salas de ensayo enclavados en el corazón del Auditorio Nacional Adela Reta.
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Desde el jueves 22 hasta el domingo 3 el Ballet Nacional del Sodre, bajo la dirección artística de María Riccetto, pone en escena una nueva edición de Gala de ballet, que este año presenta un doble programa muy atractivo y balanceado estéticamente, ya que contiene una obra rupturista y otra que fusiona vertientes contemporáneas con una fuerte inspiración clásica. Comienza con Minus 16, obra de vanguardia creada por del prestigioso coreógrafo israelí Ohad Naharin, uno de los principales renovadores de la danza en el siglo XXI, y se completa con Sen Chopina, un nuevo estreno mundial de la coreógrafa uruguaya Marina Sánchez con el BNS, esta vez basada en el universo simbólico del compositor polaco Frederic Chopin.
La conferencia de lanzamiento de la gala tuvo lugar en el taller de telones del Sodre, un amplio recinto situado en el cuarto piso del Auditorio (foto) que, vale recordar, es un teatro de producción. Es decir, tiene la capacidad de producir todo lo necesario para una puesta en escena de gran porte, en sus talleres de escenografía, vestuario y utilería. Allí, en ese gran salón de techos altos y piso de tablas el diseñador Gustavo Petkoff junto con un equipo de diseñadores escénicos especializados confeccionaron las grandes telas usadas en los decorados de ballets, óperas y otras producciones que lo requieran. Allí fue donde se fabricaron los telones diseñados por Hugo Millán para El Corsario, encargados por el ballet de Hong Kong en 2017 y premiados en 2018 en los Hong Kong Dance Awards. Junto al gran telón colgado en el medio de la sala, se exhibieron los vestidos diseñados por Tavo García, también creados para este estreno, en la misma paleta de tonos apastelados.
Sen Chopina
El título de la obra que cierra la gala quiere decir “el sueño de Chopin” en polaco, es la quinta creación de Marina Sánchez para el BNS, luego de Zitarrosa en todos, Las medias de los flamencos (parte de Los cuentos de la selva), Encuentros y La tregua. Desde antes de retirarse como bailarina, cuando aún integraba el elenco estable, fue designada coreógrafa residente de la compañía. Para esta nueva obra, tomó como base de inspiración el ballet Las sílfides, de Michel Fokine, creado en los primeros años del siglo XX (atención: no confundir con el decimonónico La Sylphide, piedra fundamental del ballet romántico), y Chopiniana, una suite musical orquestada compuesta por Frederic Chopin en 1840. En ese marco clásico, y en contraste con la vanguardia que propone Minus 16, Sánchez ideó “una serie de imágenes que envuelven a la protagonista en un sueño que une la danza con los valses, mazurkas y nocturnos del compositor”, según explicó la coreógrafa a Búsqueda. “En las charlas previas con María (Riccetto) estuvimos de acuerdo en que queríamos algo clásico, con el elenco en puntas, pero a su vez diferente. Ahí recordé este viejo proyecto mío que había surgido en conversaciones de pasillo con Esteban (Urtiaga), con quien compartimos la pasión por Chopin, que consistía en hacer un ballet nuevo con esas músicas de Chopin, que resignificara aquella vieja coreografía de Fokine”. La idea de Sánchez convenció plenamente a Riccetto y se puso en marcha en plena pandemia, para llegar ahora a su estreno. Así como en su versión de La tregua hay nuevos personajes como El Azar y La Rutina, en Sen Chopina Sánchez creó un personaje llamado Preludio, que funciona como hilo conductor de la pieza. “Es una mujer que viene al teatro, a un concierto de piano, se enfrenta a una pintura y resulta embelesada por la música y el cuadro, y se mete en esa pintura. Entonces el cuerpo de baile se transforma en el óleo de ese lienzo. Cada uno de los bailarines es una pincelada de esa pintura, y así se suceden múltiples imágenes durante 30 minutos hasta que la mujer se despierta de ese ensueño y vuelve a su realidad”.
Se trata de la primera creación abstracta de Sánchez con música adaptada e interpretada en vivo por el pianista Esteban Urtiaga, uno de los músicos estables del BNS que acompañan al elenco en los ensayos. “Entonces, con Esteban generamos ese Preludio, que es una de las músicas más famosas de Chopiniana y ahora es un personaje que une las obras breves de Chopin. Para eso, él compuso una serie de transiciones musicales originales que se hilvanan con las de Chopin”. Sánchez explicó que en el ballet original hay silencios y ella decidió incorporar esas músicas nuevas en esos silencios. “Fue un verdadero trabajo de equipo, porque partimos de la vieja coreografía de Fokine y de la vieja música de Chopin para crear algo nuevo entre los dos”. La artista agregó que coreográficamente concibió la obra como un tributo a Fokine. “El cuerpo de baile está siempre en escena y se alternan los solistas. Yo quise mantener esa estructura de Fokine”.
Minus 16
El estreno de esta obra por parte del BNS es para María Noel Riccetto “un hito” y la concreción de uno de sus grandes sueños, por tratarse de una creación de Ohad Naharin, uno de los coreógrafos contemporáneos más renombrados a escala global por la originalidad de su método de creación. Poco después de asumir su cargo al frente del BNS, a principios de 2021, comenzó las gestiones para obtener los derechos de esta obra calificada como “rupturista” en el mundo de la danza, y en consecuencia actualmente el Sodre es la única compañía en Sudamérica en contar con la licencia para interpretar la obra, que cuenta con una partitura sumamente ecléctica, que contiene músicas del archifamoso cantante melódico estadounidense Dean Martin, piezas de Vivaldi, canciones populares mediáticas como Cha-Cha de amor (Dick y Dale) y temas de géneros y estilos diversos como mambo, tecno y un tema tradicional israelí llamado Echad Mi Yodea.
La obra está construida sobre el célebre método Gaga, un lenguaje corporal basado en la improvisación que se caracteriza por romper con los esquemas clásicos imperantes en el ballet al “empujar a los bailarines a desafiarse a sí mismos de maneras nuevas y diferentes”, según explicó Riccetto a Búsqueda, quien destacó el modo excéntrico, lúdico, impredecible y original en que la obra rompe la cuarta pared (entre artistas y público), así como se sostiene en “el gozo de bailar”. La directora del BNS subrayó la importancia de que el elenco trabaje con la técnica de Naharín: “Pasa por escuchar el cuerpo y no decirle al cuerpo lo que tiene que hacer. Pasa por sentir y no hacer”. Riccetto lo conoció en sus tiempos en el ABT de Nueva York pero nunca trabajó con él. “Esta obra la vi en Nueva York poco después de su estreno, en 1999, y me impactó por la potencia y la fisicalidad que imprime en los bailarines. Es algo totalmente nuevo para nosotros”.
Riccetto contó que cuando lo contactó, Naharin le respondió rápidamente y “de manera muy sencilla, con la humildad de los grandes maestros”. Lo definió como “un despegado de la danza contemporánea en todo el mundo”. La puesta en escena de Minus 16 está a cargo del coreógrafo y bailarín Erez Zohar, quien se instaló en Montevideo durante tres meses para entrenar a los bailarines del BNS en el método de Naharín —es la primera vez que el elenco trabaja este lenguaje— y preparar la obra. El propio coreógrafo israelí es el responsable del diseño de vestuario, minimalista como todos los rubros escénicos.
Las funciones de Gala de ballet serán a las 20 h, salvo las de los domingos 26 y 3 de julio, que serán a las 17. Las entradas se venden en Tickantel de $ 90 a $ 1.250.