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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMercosur y nuevo gobierno argentino. El fin de la guerra fría, ocurrido a fines de la década de los años ‘90, ha generado —entre otras consecuencias— una revitalización de los procesos de integración a nivel mundial. La confrontación político-ideológica con riesgo, felizmente evitado, de un enfrentamiento militar nuclear a gran escala, ha tocado a su fin.
El nuevo escenario de la posguerra fría nos presenta un mundo organizándose en grandes espacios económicos regionales que compiten entre sí, dejando atrás la división del mundo entre dos bandos ideológicos y por tanto de prioridad política de los gobernantes, ante la necesidad comercial de los pueblos.
El avance en los campos de la informática y las comunicaciones facilita las transacciones comerciales y financieras a nivel mundial, en segundos y a distancias extremas.
El denominado regionalismo ha sido en el proceso histórico del Derecho Internacional el preámbulo del universalismo, lo que a diferencia de los regionalismos cerrados y proteccionistas de la década de los ‘60, ahora estamos ante lo que se ha dado en llamar regionalismo abierto.
La modalidades de integración son: Zona Preferencial, Zona de Libre Comercio, Unión Aduanera, Mercado Común y Unión Económica.
La evolución de las distintas modalidades de integración se nos manifiesta como el pasaje desde las que involucran, exclusivamente, aspectos de comercio exterior a aquellas otras, más avanzadas, que abarcan la economía en su conjunto.
Es un proceso y un camino que debe recorrerse y paso a paso, pero con la debida diligencia de tomarlo como política de Estado y no ir zigzagueando según el gobierno de turno.
La participación en espacios económicos amplios aparece, en la actualidad, como un proceso irreversible. De lo contrario, en un mundo globalizado, países como los nuestros, jugados exclusivamente a su suerte individual, no tendrían destino.
La inestabilidad política y económica imperante en la región tiempo atrás nos hizo perder un tiempo de valor inestimable en la experiencia de integración y para eso tenemos factores favorables como no los tuvo la experiencia europea, como la relativa homogeneidad cultural en la región y la inexistencia de conflictos armados graves entre nuestros pueblos, entre otros.
Por otro lado, darle un prioritario desarrollo a la “fraternidad ideológica”, dejando de lado el desarrollo de aspectos comerciales y productivos, ha sido un bochornoso tiempo perdido en lo que a integración refiere y que la comunidad internacional ignora y avanza sin esperarnos.
El tratado de creación del Mercosur fue firmado en Asunción el 26 de marzo de 1991 y a su vez, su existencia como persona jurídica de Derecho Internacional fue decidida en el Protocolo de Ouro Preto, firmado el 16 de diciembre de 1994, que entró en vigor el 15 de diciembre de 1995.
El Protocolo de Ouro Preto estableció un arancel externo común y desde 1999 existe una zona libre de aranceles entre sus integrantes, aunque exceptuando a una serie de productos.
El Mercosur es el mayor productor de alimentos del mundo, tiene un PBI que representa el 82,3% del PBI total de toda Sudamérica. Cubre un territorio de casi 13 millones de kilómetros cuadrados y cuenta con más de 270 millones de habitantes (cerca del 70% de América del Sur) y siete de cada diez sudamericanos son ciudadanos del Mercosur. La relevancia del bloque tiene un potencial interesante.
Para tranquilidad de todos y no para “chicanear” a países que no cuenten con el visto bueno de la “barra”, se estableció el Protocolo de Ushuaia, sobre el compromiso democrático, donde su artículo 1º establece: “La plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes del presente Protocolo”.
Todo lo antedicho debe ser el trampolín en los tiempos que se vienen, de superar el hemipléjico estado del bloque regional, mirando mas allá del horizonte y abriéndonos al mundo, complementando al Mercosur con el comercio con todos los que quieran y nos sirva, algo tan básico como difícil de aplicar en nuestra región.
La reciente toma de posesión del electo gobierno argentino hace renacer la esperanza de que se reencaucen los procesos comerciales con que se ideó esta moderna herramienta y que no ha dado pasos hacia adelante desde hace algunos lustros.
Paraguay es el natural socio “gemelo” para dar un fuerte impulso a flexibilizar acuerdos de países miembros con bloques o países, sin el collar de ahorque que ha venido representado en los años anteriores por voluntad del anterior gobierno argentino, este proceso de integración, denominado Mercosur.
Brasil, no será nunca un “amigo” o “enemigo” per se para el desarrollo del bloque, sino que será siempre y coherente a su historia diplomática profesional, una nación preocupada en sus propios intereses, sin medir identidades o sintonías ideológicas, por lo que será un aliado en esta cruzada de flexibilizar acuerdos extra Mercosur. El que no entienda eso, no conoce el Palacio de Itamaraty en Brasilia.
La oportunidad de que nuestro gobierno ha optado en este período por retomar el camino de los “intereses permanentes” y no el de los “amigos o enemigos permanentes”, con un profesionalismo de las relaciones exteriores y el interés de comerciar con el mundo, hacen promisorio el futuro cercano.
Dr. Marcelo Maute Saravia