Tras la victoria de Barack Obama en Estados Unidos, Búsqueda confirmó la semana pasada que éste tenía interés de visitar Uruguay en una futura gira destinada a fortalecer los lazos con América Latina.
Tras la victoria de Barack Obama en Estados Unidos, Búsqueda confirmó la semana pasada que éste tenía interés de visitar Uruguay en una futura gira destinada a fortalecer los lazos con América Latina.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDe concretarse esta visita, Obama será el primer presidente demócrata (desde la posguerra) que visite a Uruguay por ser Uruguay. Lyndon Johnson estuvo en 1967, pero para participar en una cumbre de presidentes y pasó la mayor parte del tiempo en Punta del Este. En cambio los republicanos Dwight Eisenhower, George Bush padre y George Bush hijo llegaron con el fin específico de visitar Uruguay. Si viene Obama, esta será la segunda vez que un gobierno frentista reciba a un presidente norteamericano. Cuando George W. Bush, viajó a Uruguay, además de los aspectos protocolares hubo una jornada de trabajo con camisas remangadas, en la estancia de Anchorena con Tabaré Vázquez y varios ministros; entre ellos el actual presidente José Mujica, que en ese entonces era titular de Ganadería y Agricultura.
Más allá de que los gobiernos sean republicanos o demócratas, es evidente que a Estados Unidos le interesa mantener una buena relación con el gobierno de izquierda uruguayo, tal vez porque es de izquierda. Ni Bush ni Obama se llevan bien con regímenes como el de Chávez, pero ambos han sido cautos en responder a sus provocaciones. Parecen haber aprendido que cuando lo hacen, solo logran alinear al resto de América Latina detrás de líderes cuestionables. Al evitar dichas tensiones, ese alineamiento se hace innecesario. Ahora, en cambio, la tesis es entenderse bien con gobiernos de izquierda que juegan según reglas propias de una democracia.
Con Vázquez esas relaciones fueron buenas, hubo clara disposición de Bush para alentar un tratado de libre comercio entre ambos países y si no se logró fue porque el presidente uruguayo (que parecía entusiasmado) al final se vio atado a las presiones de su propio grupo (el canciller Reinaldo Gargano mostró una indisimulada hostilidad a tal posibilidad) y a las presiones de sus vecinos del Mercosur. Vázquez optó por la lealtad regional, aunque nunca vio igual reciprocidad.
Eso no afectó las relaciones entre ambos países y ellas siguen siendo cordiales, amables y fluidas.
Sin embargo, desde que asumió Mujica, el trato uruguayo hacia Estados Unidos ha sido el de una deliberada indiferencia. No hay tensiones ni belicosidad, sino tan solo un actitud de frialdad y distancia. Del otro lado, la actitud no es igual. La designación de la nueva embajadora, hispana y muy proactiva, intentó dar una señal clara. Julyssa Reynoso es una persona cercana a la secretaria de Estado (que sí visitó Uruguay) desde hace muchos años.
Un episodio marcó con claridad las diferencias. Estados Unidos le dio mucha importancia a la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas realizada en octubre pasado en Punta del Este y envió al propio secretario de Defensa Leon Panetta. No solo eso: para Estados Unidos era importante acercarse, en ese encuentro multilateral, al país anfitrión.
En esa oportunidad, tal como lo consignó Búsqueda, Estados Unidos “desembarcó con una delegación de primera línea, con mensajes de amistad hacia la administración del presidente Mujica y con una propuesta de nuevo acuerdo de cooperación en Defensa”.
La respuesta, en cambio, fue fría y por momentos mostró un leve tono hostil. Hubo énfasis en fortalecer, también en temas de defensa, un mejor entendimiento entre los países de la Unasur y no tanto con Estados Unidos.
Una vez más, y en especial cuando tiene público a la vista, el gobierno uruguayo se inclinó hacia ese organismo regional, si es que puede llamársele organismo dado que no pasa de ser un mero rejunte de presidentes, algunos con veleidades cuasi monárquicas.
El ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, se expresó con conceptos duros en lo político e ideológico respecto a Estados Unidos. Fernández Huidobro habló apenas un rato después de un encuentro protocolar en que Panetta le entregó una carpeta con una propuesta de mayor cooperación en temas de defensa.
Tal vez por eso los norteamericanos escucharon con sorpresa lo dicho por Fernández Huidobro. Su subsecretario sí se refirió a la propuesta norteamericana, aunque un día después, cuando reconoció haber recibido las bases para un mejor acuerdo de cooperación entre ambos gobiernos en términos de defensa, pero que ni él ni el ministro habían tenido tiempo de leerlo. La declaración pareció ser una forma de atenuar la dura retórica del día anterior.
Otra vez más el mismo juego ambiguo. Guapos cuando está la barra, amables cuando la puesta en escena ya no sirve.
Hasta los norteamericanos percibieron el fenómeno y un jerarca le dijo a Búsqueda que la dureza de Huidobro parecía condicionada por el público al cual se dirigía en esa reunión y que “los hechos”, con el correr del tiempo, irían aclarando las cosas.
Para Uruguay, el problema más serio no es cómo se lleva con Estados Unidos. Desde el retorno democrático, esa relación ha sido fluida y amistosa. Es más, como él mismo lo reveló, Tabaré Vázquez buscó y obtuvo apoyo de dicho país cuando la situación con Argentina se había puesto muy tensa. Al ver que la escalada se volvía preocupante y comprobar que los vecinos no estaban dispuestos a complicar sus relaciones con ninguna de las partes, Vázquez buscó cierto apoyo en alguien que viera las cosas desde afuera. Ya antes, en plena crisis de 2002, el gobierno de Jorge Batlle obtuvo una clara ayuda de Estados Unidos en el momento más dramático de la situación. En aquella oportunidad, cuando esa ayuda al fin ahuyentó los peores fantasmas, el país entero suspiró aliviado y nadie osó hablar de “imperialismo”.
Estas cosas ocurren y los agradecimientos se legan y también este gobierno debería reconocer esos gestos en momentos tan difíciles.
Lo que sí preocupa es que este gobierno le dé tanta importancia a este grupete de monarcas elegidos que se pasea por el continente con propuestas de rampante demagogia y con clara intención de alejarse de los valores democráticos, republicanos y liberales que caracterizan al país.
Llevarse bien con una nación tan grande y poderosa como Estados Unidos no es fácil. Pero la historia ha demostrado que ciertas formas de agresivo antinorteamericanismo esconden posturas complicadas. Ocurre en países que revelan un nacionalismo radical y exacerbado que al final se parece mucho a un “nazionalismo” con su fanatismo religioso y su intolerancia racial.
Tal vez el solo deseo de Obama de visitar Uruguay, lleve a que el gobierno reconozca que un buen entendimiento solo puede beneficiar al país. Y así debería ser.