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    Olesker sostiene que en cinco años la mitad de los pobres pueden salir de esa situación si hay una política salarial más “proactiva”

    El martes 16 fue una de sus últimas conferencias públicas. Por eso el ministro de Desarrollo Social (Mides), Daniel Olesker, realizó un discurso de una hora para explicar el contenido de la propuesta del Sistema de Cuidados, una idea que figura como de las principales iniciativas del segundo gobierno de Tabaré Vázquez.

    La estimación del equipo de Olesker es que el Sistema de Cuidados tendrá un gasto incremental anual de U$S 221 millones, que se sumarán a los U$S 161 millones que hoy se dan para la atención de personas dependientes (niños, discapacitados o adultos mayores). El sistema cubrirá a unas 273.000 personas y generará 13.000 puestos de trabajo directo.

    Pero Olesker dedicó parte de la presentación del martes a realizar un balance de su gestión. En entrevista con Búsqueda, el ministro avanzó sobre ese balance, pero al mismo tiempo planteó algunas ideas respecto a lo que debería hacer el Mides, que a partir del 1° de marzo de 2015 volverá a ser conducido por Marina Arismendi.

    El ministro dijo que hay que aumentar el monto de las asignaciones familiares de los sectores más pobres, lo que costaría unos U$S 40 millones anuales, así como triplicar para esos hogares el dinero que se acredita a la Tarjeta Uruguay Social, con la que las familias compran productos básicos en comercios adheridos. Esto costaría otros U$S 30 millones.

    Olesker afirmó que hay una parte de la sociedad que entendió que el Mides no da dinero a los pobres para que no trabajen y sostuvo a la vez, que el gran desafío de las nuevas autoridades es lograr mejorar la inserción laboral sin tener el apoyo del Estado.

    —Le quedan pocos meses de gestión. ¿Cómo evalúa su trabajo al frente del Mides?

    —En primer lugar creo que hubo un conjunto de cambios en el soporte del Ministerio que hicieron posible pensar el cambio. En eso manejo tres elementos. Uno es la dotación presupuestal. El Mides tenía un presupuesto de menos de $1.600 millones y llegó a $4.000 millones, pero además lo interesante es que en aquellos 1.600 las transferencias por Tarjeta Uruguay eran el 60%, y ahora las tarjetas son el 40%. El presupuesto en recursos humanos se triplicó. La atención en la calle tenía $ 40 millones en 2010, $ 90 millones cuando llegamos nosotros en 2011 y ahora pasó a $ 350 millones este año. Lo segundo tiene que ver con el fortalecimiento del trabajo de campo. Terminado el Plan de Emergencia, el trabajo sobre la población objetivo había pasado más por la autopostulación de las personas para recibir Afam (Asignación Familiar Plan de Equidad), y el trabajo de visita del Mides, que en el Plan de Emergencia había sido extremadamente importante, se estancó y entre 2008 y 2011 se hicieron prácticamente 24.000 visitas. Nosotros eso lo modificamos, transferimos a la Dinem (Dirección Nacional de Evaluación y Monitoreo), la dotamos de más personal e hicimos 121.000 visitas en dos años. Y por otro lado, actualizamos el índice de carencias críticas (es el indicador que determina el grado de privación de una familia que va de 0 a 1, y para aplicar a Tarjeta Uruguay Social hay que llegar a cierto valor, y para llegar a Afam otro, para tarjeta duplicado otro). Lo tercero es un mayor conocimiento de la realidad de la población. Una investigación determina que la población más pobre (5%) tiene cuatro grandes privaciones: una de ingresos, otra de vivienda, otra de trabajo formal y de nivel educativo (6,3 años de educación frente a 9,4 que tiene todo el país).

    Otro punto importante es la focalización de la tarjeta. A partir de las 121.000 visitas, aproximadamente la mitad modificaron su situación. Tenemos unas 21.509 tarjetas nuevas y 9.900 pasaron de tarjeta con ingreso simple a doble. Al mismo tiempo, aproximadamente 22.000 dejaron de cobrar.

    —¿Dejaron de percibir porque su situación cambió?

    —Por eso o porque no se los había visitado. Hay que recordar que las tarjetas tuvieron dos fuentes de ingresos. Por un lado, los que venían del Plan de Emergencia y por otro los que recibían canasta del Inda. La mala focalización estuvo en los dos, puede ser que algunos recibieran canasta de Inda y entonces cuando se los visitó no necesitaban la tarjeta, o habían sido beneficiarios del Plan de Emergencia y su situación había mejorado.

    El tercer cambio grande fue la atención a las personas en situación de calle. Hoy tenemos 1.763 cupos, la mitad son nocturnos, hay muchos 24 horas, muchos para atender mujeres con niños. Se multiplicaron por cuatro los cupos y se fue a una lógica más de integración social.

    —¿Qué evaluación hace de la ley sobre internación de personas en la calle? Hubo problemas al principio para aplicarla.

    —La ley de faltas tiene 90 cupos que están en dos centros. Al principio tuvo mucho impacto. Después, como siempre son los mismos los que no ingresan por la ley de faltas, terminó siendo marginal. Creo que habría que reestudiarla. Porque para ese segmento duro que no va, la ley y el trabajo comunitario de siete días no resulta. Hay que repensar para ese grupo de población.

    —¿De cuánta gente está hablando?

    —Son como 200 o 300, cuando en calle tenemos casi dos mil. Creo que fue una solución que se pensó bien, que podía dar respuesta. También es verdad que podía afectar los cupos de los que van voluntariamente, pero eso no pasó. Creo que fue neutra. Habrá que hacer una evaluación.

    —¿Usted tiene una idea de por dónde habría que repensar esta ley?

    —No. Habría que ver a cuántos de los que se les aplicó la ley de faltas después pasaron a ser miembros de refugios, entendieron la importancia del refugio, y tengo la impresión de que son lo mínimo. Entonces habría que repensarlo. Porque para lo otro sí fue exitoso, logramos ingresar 1.300 personas más que no iban a ir a los refugios. Para eso también se mejoraron las condiciones de habitabilidad de esos refugios.

    Otro componente importante son los programas laborales y educativos. Tenemos dos grandes tipos de programas laborales, protegidos (como Uruguay Trabaja) y permanentes. En Uruguay Trabaja, aumentamos los días de capacitación, tratamos de llegar mejor a la población más jodida dando cupos directos como personas afro, trans. Donde estamos más débiles es en el trabajo permanente, las cooperativas, los emprendimientos productivos. Había una gran dependencia de las cooperativas, del Estado, y en los emprendimientos como que vegetaban, no había una lógica de apoyo. Ahí hicimos dos cosas, el monotributo —que arrancó antes de que llegáramos— y luego con microfinanzas del BROU. Ahí nos dimos cuenta de que con eso no alcanzaba porque tenían financiamiento pero no lograban dar el salto en las ventas. Así surge la marca Provas. Hay unos 40 emprendimientos que están en la feria del Parque Rodó. Ahora lo que nos falta es tener puestos permanentes. Eso supone negociar con alguna cadena de supermercado (estamos avanzados en la negociación) y ahí entra el tema del costo y la escala.

    En socio-laborales dimos un salto importante y metimos la ley de empleo juvenil, y falta terminar de reglamentar lo referido al 25% de subsidio. La ley prevé que sea hasta un 25% de subsidio. Nosotros impulsamos la idea de que ese “hasta” se aplique en varios escalones. Porque no es lo mismo ser varón que mujer, vulnerable que no vulnerable, si la empresa te da o no capacitación. Entonces planteamos dar ese 25% de subsidio cuando sea una mujer pobre y que la empresa le da capacitación. Creo que en el Mides futuro se juega gran parte del partido. Es el salto que les falta dar, el tema de la inserción laboral, la trayectoria laboral cuando salen del trabajo protegido del Estado, que se vincula con la permanencia de los hijos en el sistema educativo.

    Hubo mucha más presencia del Mides y entonces el objetivo inicial que se había planteado el gobierno anterior para que el Ministerio dejara de ser visto como el que da el Ingreso Ciudadano o la Tarjeta y sea visto como el que ayuda a la gente a encaminarse en lo laboral, en lo educativo o en las poblaciones prioritarias creo que se logró. Hoy tenemos un Mides muy legitimado.

    —Pero la principal crítica que se le ha hecho al Mides es que les da dinero a los pobres, que no hacen nada y de esta manera se genera dependencia del Estado. Ustedes hicieron una campaña sobre los “mitos” del Mides. ¿Tuvo efecto?

    —La campaña dio resultado, porque entre los que opinaban de esa manera también había compañeros bien intencionados. Estaban los que opinaban eso para hacer su juego político, pero también había compañeros bien intencionados, trabajadores formales, que sentían que pagaban el Fonasa, quizás pagaban el IRPF, y sentían que había un desequilibrio entre el apoyo del Estado hacia unos y hacia otros. Creo que ahí hizo efecto. Había mucho imaginario sobre cuánto era el monto de la transferencia. Nosotros ahora decimos que hay que mejorar un poquito el monto de la Afam, sobre todo en los hogares más numerosos. También la campaña sobre qué se podía comprar con la tarjeta sirvió muchísimo. De hecho bajó mucho la intensidad de ese comentario. Las transferencias monetarias llegaron para quedarse; importa que se mantengan porque juegan con un factor anticíclico, porque el que tiene trabajo de zafra, un día lo tiene y otro día no lo tiene, y segundo porque es lo que le permite tener el banquito sabiendo que por lo menos comer van a comer y eso le da otra libertad para salir a buscar trabajo y sus hijos estudien. Esto es para los 30 o 40.000 hogares más duros. Además, la experiencia muestra que las transferencias han sido un estímulo a buscar más ingresos. Ahí la discusión que se plantea la gente de la Facultad de Economía es el efecto sobre el trabajo informal.

    —Esa es otra crítica que se ha hecho, que hay gente que ya no va a trabajos como la granja, por ejemplo, porque no quieren perder la tarjeta.

    —Eso puede darse. Por eso proponemos que la Asignación Familiar Plan de Equidad no tome en cuenta el ingreso, sino que con el índice de carencias críticas alcanza.

    —Usted se reunirá con la ministra electa Marina Arismendi. ¿Qué cosas plantea para el nuevo gobierno?

    —Tres cosas: mantener las transferencias monetarias, aumentarlas a los hogares con más hijos y que en educación de 0 a 3 se tenga el mismo plus que cuando van a secundaria. Todo esto sale unos U$S 40 millones. Y en la Tarjeta decimos triplicar a quienes están peor, y eso cuesta U$S 30 millones.

    El segundo bloque, lo referido a los programas de acompañamiento (Jóvenes en Red, Uruguay Crece Contigo y Cercanía), ahí hay que ver que son exitosos, están bien focalizados. Pero ¿cuál es su problema? Tienen escasa cobertura. Bueno, entonces hagamos un programa quinquenal de extenderles a todos los hogares de pobreza estructural (que es un 5%) todo un shock de estos programas.

    Y el tercer grupo tiene que ver con algunas herramientas que hoy tenemos, como Compromiso Educativo, Aulas Comunitarias, que demostraron buena focalización y les permite tener mejor rendimiento. Su problema acá es también la baja cobertura. Entonces expandamos estos programas.

    Estas son las grandes cosas que deberíamos trabajar, y continuar otras cosas como las medidas sociolaborales. Todo eso sirve para llegar al objetivo de erradicar la pobreza.

    —Raúl Sendic planteó eso durante la campaña electoral, suena utópico. ¿Cómo se puede erradicar la pobreza?

    —Está el 5% que tiene pobreza estructural, que no la erradicás en cinco años pero si hacés todo esto está en el umbral de salir. Y después está el otro 5% de pobres, de un total de 10%, que es más pobreza de ingresos. Es bastante lógico que con una estrategia salarial un poco más proactiva que la actual y con una mejora de niveles de ingresos en el sector formal e informal, lo hacés. Erradicar la pobreza sería dejarla lo más cercano a cero posible, y en término de privaciones multidimensionales este 5% muy mejorado. Yo entendería eso como erradicar la pobreza.

    Conflicto de “baja intensidad” con funcionarios y problemas “resueltos”

    —Los funcionarios del Ministerio están en conflicto. Reclaman respeto a la carrera funcionarial y creación de estructura de cargos, regularización de los contratos precarios, equidad en tareas y salarios, respeto a la normativa que ampara los derechos sindicales, cumplimiento de la normativa vigente sobre condiciones de trabajo y no a la reducción salarial. ¿Qué responde ante estos cuestionamientos?

    —Cuando uno analiza la reestructura, claramente ahí había cuatro ejes: recursos humanos, atomización de programas, dispersión del modelo de gestión territorial y falta de especialización en algunas áreas. En el segundo, tercer y cuarto punto se avanzó muchísimo. En el tema recursos humanos había tres objetivos: uno era regularizar las situaciones contractuales tan diversas que había en el Ministerio, cierto nivel bajo de salario medio, y diferentes beneficios sociales, dadas las diferentes formas de contratación. Empiezo por el tercero, hoy eso se resolvió. Tratamos de homogeneizar los laudos para que los tercerizados cobraran de acuerdo a la escala salarial de los presupuestados, mejoramos el salario de ingresos. El gran problema del Mides no es el salario medio de los trabajadores de la base sino la estrechez de la pirámide porque los salarios más altos están topeados porque los directores nacionales están topeados por ley. Nosotros proponemos para el plan quinquenal hacer un cierto ajuste.

    El tercer punto es la regularización presupuestal. Nosotros hicimos una propuesta de regularización. Hicimos una evaluación de desempeño. Queríamos que todos aquellos que tuvieran una cierta antigüedad y una evaluación superior a un “x” ingresaran regularizados al cargo presupuestal creado. El financiamiento lo teníamos, pero ahí Presidencia entendió que no era un buen camino, porque se podía ver como un ingreso masivo de funcionarios al Estado. Esa es una de las causas del conflicto. A todo esto se fueron sumando otras cosas, como persecución sindical cuando nunca la hubo, se habla de rebaja salarial cuando en realidad lo que hubo fue aumento salarial. Creo que es un conflicto de muy baja intensidad y algunas cosas se han resuelto.