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    Oppenheimer

    Sr. Director:

    Acabo de ver la recientemente estrenada película de Christopher Nolan sobre la vida de J. Robert Oppenheimer, durante los años de su vinculación con el desarrollo de la bomba atómica. En ella se hace mención a múltiples científicos, empezando por el más famoso de todos, que fue Albert Einstein (alemán).  Lo que quizás la mayor parte del público no reconoce en las casi tres horas que dura el filme es, precisamente,  la serie de otros nombres que allí aparecen: Niels Bohr (danés), Leo Szilard (húngaro), Enrico Fermi (italiano) y Edward Teller (húngaro). Europeos que, como Einstein, debieron huir del régimen nazi por su condición de judíos. Podríamos agregar a Lise Meitner y Otto Frisch, que también debieron escapar del nazismo por la misma razón y tuvieron un papel protagónico en el desarrollo del concepto de fisión atómica iniciadora de una reacción en cadena. A los que cabe agregar un joven Richard Feynman, estadounidense de nacimiento al igual que Oppenheimer. Judíos todos que se sentían muy firmes en su condición de tales pero -como S. Freud- sin el componente religioso correspondiente. Del lado alemán permanecieron Werner Heisenberg y Otto Hahn, aunque su grado de colaboración franca con el régimen nazi es discutido. Ellos fueron los únicos de este grupo selecto de mentes privilegiadas que se asomaron al momento inicial de la era atómica y no eran judíos.

    Si bien la Historia nos indica que las bombas atómicas fueron arrojadas sobre Japón, es claro que todo el programa estadounidense del desarrollo del arma atómica fue en respuesta al enorme peligro que representaba que el régimen nazi fuera el primero en acceder a la misma. Esto último hubiera supuesto un giro de 180 grados en la evolución de la Segunda Guerra Mundial. La única razón por la que no se arrojó sobre Alemania fue que esta se rindió incondicionalmente apenas semanas antes de estar lista aquella.

    La tremenda ironía -de proporciones históricas difíciles de valorar en toda su magnitud- es que, ese antisemitismo promovido por el nazismo es el que explica cómo fue posible que tal grupo de físicos brillantes, capaces de concretar el esfuerzo tecnológico que produjo la bomba atómica, pudiera alcanzar la masa crítica necesaria para hacerla realidad. En otras palabras, el antisemitismo nazi fue el que originó las condiciones de extrema intolerancia que motivaron la migración de todos estos científicos judíos a Occidente. Esto generó el grupo humano productor de las dos bombas que llevaron a la conclusión de la guerra y a la derrota de quienes la comenzaron.

    Un tema delicadísimo, fuera del control de los científicos, es el de la pertinencia de haber lanzado dichas bombas sobre Hiroshima y Nagasaki. Entre los múltiples factores que -hoy a la vista de todo lo ocurrido- intervinieron en tal decisión, está la cuestión de cuál era la alternativa a aquellas. Una invasión convencional con tropas desembarcando en las costas japonesas hubiera supuesto la muerte de centenares de miles, entre estadounidenses y locales, dada la experiencia inmediatamente previa en las islas próximas. La tentación de recurrir a un arma que pudiera poner fin a la contienda, sin ningún muerto del lado americano y con un menor número entre los japoneses, sin duda tuvo una fuerza que la hizo imposible de rechazar.

    Dr. Roberto B. García

    CI 1.053.261-3