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    Pacheco, la CNT y el golpe

    Sr. Director:

    El 27 de junio pasado, el PIT-CNT hizo uso de la cadena nacional de radio y televisión para emitir un mensaje a la población, al conmemorarse el 41º aniversario de la disolución de las Cámaras, el 27 de junio de 1973. En dicho mensaje se dijo que “el único respaldo político (al golpe de Estado) fue de la figura del ex presidente Jorge Pacheco Areco, embajador uruguayo en España en esos años, quien había hecho del autoritarismo y de las medidas represivas su estilo de gobierno”. Lo aseverado es mentira y merece los siguientes comentarios.

    Pacheco Areco asumió el gobierno en diciembre de 1967 tras la muerte del entonces presidente de la República, el general Oscar Gestido, y gobernó hasta el 1º de marzo de 1972, fecha en que entregó el gobierno al presidente electo en las elecciones nacionales de noviembre de 1971, el Dr. Juan María Bordaberry. Inmediatamente, Pacheco Areco tuvo que enfrentar una situación económica muy difícil, con una inflación anual del orden de 139%. Pero, además, le tocó enfrentar a la sedición subversiva de los tupamaros (que habían perpetrado su primera acción militar en 1963, con el robo de armas al Club de Tiro Suizo, en Nueva Helvecia) y la guerra sin cuartel declarada al gobierno y las instituciones democráticas por la CNT y la FEUU, bajo el lema “Obreros y estudiantes, unidos y adelante”, contra el capitalismo y el imperialismo. El pueblo uruguayo sufría, por un lado, el arrebato inflacionario, que atacaba su bolsillo y le impedía satisfacer sus necesidades más básicas. Y, por otro lado, la inseguridad rampante y la violencia a manos de tupamaros y sindicalistas, ambos insuflados desde Moscú y La Habana, con el objetivo de derrocar la democracia uruguaya e instaurar en el país una dictadura marxista, a la cubana. Ante este escenario, a Pacheco Areco le tocó poner orden donde había caos. No corresponde decir que su gobierno fue autoritario. Autoritario es el gobierno del dictador y Pacheco Areco no lo fue. Pacheco Areco ejerció la autoridad dentro de la ley y la Constitución, como bien lo reconoció el propio general Líber Seregni en el libro de Samuel Blixen “Seregni: La mañana siguiente” (1977). Por ende, no corresponde decir que Pacheco Areco fue un gobernante autoritario y que la represión fue su herramienta preferida de trabajo. Pacheco Areco defendió la ley y la Constitución y respondió con ellas a un ataque feroz contra las instituciones democráticas, que defendió fervientemente hasta el final. Uruguay atravesaba momentos excepcionales por la violencia criminal contra las instituciones democráticas y, por lo tanto, el gobierno tuvo que responder, muy a su pesar, con medidas también excepcionales. El gobierno tuvo que responder a la violencia organizada para defender la democracia de quienes querían socavarla. Mal puede decirse, entonces, que Pacheco Areco fue un represor. Las Medidas Prontas de Seguridad están en la Constitución de la República desde 1830. Las propone el Poder Ejecutivo, pero su dueño es el Poder Legislativo, que las impone y las levanta cuando quiere.

    Durante el gobierno de Pacheco Areco hubo plena separación de poderes, con todos los sectores políticos representados en el Parlamento. La oposición legítima interpelaba y hacía caer a los ministros que no contaban con respaldo parlamentario. Los tupamaros presos entraban sin esposas a los despachos de los jueces y se escapaban por las ventanas. Hubo elecciones nacionales en noviembre de 1971, de las cuales participó el Frente Amplio (FA), de reciente creación, bajo el lema PDC. Y el Movimiento 26 de Marzo, brazo político de los tupamaros, participó en la elección. Sin embargo, el FA no obtuvo ni el 20% del respaldo popular. Pacheco Areco aceptó el mandato de las urnas y entregó el gobierno al presidente electo, sin quedarse en la Presidencia ni un minuto más de lo que marcaba la Constitución. No hizo como el FA y el PIT-CNT, que desoyeron en dos oportunidades el mandato del soberano respecto de la “ley de caducidad”.

    Tampoco es justo decir que Pacheco Areco apoyó políticamente el golpe de Estado del 27 de junio de 1973. En setiembre de 1971, a dos meses de las elecciones nacionales, se escaparon del penal de Punta Carretas más de cien tupamaros presos, entre los cuales se encontraba el hoy presidente de la República, José Mujica. La lucha contra la sedición volvió a fojas cero con tremenda fuga. Por esa razón, se les da intervención a las Fuerzas Armadas en la lucha contra la subversión y se crean las Fuerzas Conjuntas. A partir de ahí, los militares golpistas no paraban de insistirle a Pacheco Areco que, con los tupamaros fugados y diplomáticos extranjeros secuestrados, no había clima para elecciones nacionales. Sin embargo, Pacheco Areco hizo oídos sordos y no cedió a la presión militar, otorgando elecciones libres y democráticas, dentro del tiempo constitucional, pese al clima de guerra imperante. Y como manifesté anteriormente, pese a haber recibido más de 553.000 votos por el Sí a su reelección, se fue. Aceptó el resultado de las urnas y se retiró. Si Pacheco hubiera sido golpista, ¿por qué no dio el golpe de Estado y se quedó con el gobierno? Encima, para no constituirse en un factor de poder, aceptó su designación como embajador en España y se marchó. El golpe de Estado se produce el 9 de febrero de 1973, cuando las Fuerzas Conjuntas no aceptan la designación del general Francese como ministro de Defensa y emiten los comunicados 4 y 7, que la entonces CNT apoyó calurosamente. La CNT apoyó a los militares, que desobedecieron al mando civil y manifestaron que participarían activamente de la vida institucional del país, ya no como meros soldados o policías. La CNT fue golpista entonces, convencida de que se trataba de un golpe a manos de militares peruanistas, de izquierda, al estilo Velasco Alvarado. Ahí no hubo paro general o lucha alguna. El entonces presidente Bordaberry llamó al pueblo a apoyar las instituciones democráticas y nadie lo acompañó, empezando por la CNT. Esa es la verdad. Posteriormente, en junio de 1973, se produce la disolución del Parlamento y cae definitivamente el telón. Por no desaforar al senador Erro, el presidente Bordaberry decreta la disolución del Parlamento y cae definitivamente la democracia, pero esta ya había sido herida de muerte el 9 de febrero de 1973, con el apoyo expreso de la CNT. Pacheco no apoyó ni el golpe de febrero ni el de junio. Quien diga lo contrario miente injusta y descaradamente. Pacheco Areco envió un telegrama al presidente Bordaberry el 3 de julio de 1973, en el que le advierte que está asumiendo protagonismo histórico, lo incita a preservar lo que pueda de las instituciones democráticas y anhela que el pueblo lo sepa entender; pero en modo alguno lo apoyó, respaldó, incitó, arengó o felicitó. Es cierto que no renunció a su cargo de embajador, como tampoco lo hizo la amplia mayoría de la Cancillería de la época. Pero inmediatamente fue proscripto políticamente y se le prohibió el retorno a Uruguay, recordándosele permanentemente, a modo de amenaza, que sus hijos vivían en Uruguay. No se le permitió volver ni siquiera para el sepelio de su madre, en 1974. Los tupamaros fugados del Uruguay planeaban con la ETA y la OLP su asesinato en Europa. Pero la mayor preocupación de Pacheco Areco era preservar de las instituciones democráticas lo más que se pudiera, a la espera de un retorno a la institucionalidad que él entendía que no demoraría. Tal vez se equivocó, pero jamás puede endilgársele que su actitud fue de apoyo al golpe o al régimen. ¿Qué tiene de distinta su actitud de la del general Fructuoso Rivera, fundador del Partido Colorado y presidente de la República, que, sin rendir su espada a los portugueses, fundó el regimiento de Dragones y a la postre provocó la Convención Preliminar de Paz de 1828 invadiendo las Misiones? ¡Qué lástima que no sea el Partido Colorado quien defienda a Pacheco Areco y permanezca en silencio ante la difamación y la injuria!

    Pero si para el PIT-CNT haber permanecido en el cargo constituyó un apoyo al golpe de Estado y la dictadura, siguiendo el mismo razonamiento, el PIT-CNT estará de acuerdo con que el Dr. Tabaré Vázquez también apoyó, entonces, a la dictadura, toda vez que este no renunció a su cargo docente en la Universidad de la República y, es más, vio catapultada su carrera docente al quedar vacantes los puestos de sus colegas, destituidos por izquierdistas. Pero, peor aún, fue designado jefe del Departamento Radiológico del Ministerio de Salud Pública y luego aceptó un cargo de confianza de la dictadura, al asumir como representante del Poder Ejecutivo en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Posteriormente fue becado en Israel por la dictadura (1981), desde donde mandó un telegrama de felicitación al general Gregorio Álvarez, cuando este asumió la Presidencia de la República. ¿Qué opina de todo esto el PIT-CNT?

    Sería bueno que el PIT-CNT fuera honesto y que, si no quiere decir la verdad, por lo menos no mienta. También hubiera sido bueno que el PIT-CNT aprovechara la cadena nacional para explicarles a la ciudadanía y a los trabajadores la estafa de su Plan de Viviendas, por lo que ha sido acusado penalmente. 

    Jorge Pacheco Klein

    Washington DC (Estados Unidos)