N° 1969 - 17 al 23 de Mayo de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUruguay va camino al precipicio de la mano de un gobierno “con temor” a “tomar decisiones difíciles” por priorizar las premisas que lo llevaron al poder, aun por encima del valor de la vida de las víctimas, en esta creciente situación de inseguridad que vivimos. Esa es la terrible sensación que queda tras leer las reflexiones del director nacional de Policía, Mario Layera.
La máxima autoridad policial describió un panorama desolador sobre la seguridad pública, el sábado 12, en una entrevista con el diario El Observador. Layera dijo que en los últimos tiempos se acentuó un proceso de “decadencia” de sectores de la sociedad que ya tienen un lenguaje y códigos de convivencia distintos a los del resto de la población uruguaya. “Hay un choque de culturas que va agravándose”, añadió.
El jerarca policial acusó al gobierno —que él integra— de estar “muy compartimentado”, y al Ministerio de Desarrollo Social de retacear información. Habló de un Estado que no interviene para “contener” un fenómeno que se puede “parar pero con medidas no simpáticas”.
“Un día los marginados van a ser mayoría. ¿Cómo vamos a contenerlos?”, se preguntó.
Ante la consulta del periodista Gabriel Pereyra sobre qué sucederá en el futuro si las cosas no cambian, Layera respondió: “Un escenario como El Salvador o Guatemala. El Estado se verá superado, la gente de poder económico creará su propia respuesta de seguridad privada, barrios enteros cerrados con ingreso controlado y el Estado disminuirá su poder ante organizaciones pandilleras que vivan de los demás, cobrando peaje para todo”. Para peor, este es el momento que ha elegido el gobierno para hacer una reforma al Código del Proceso Penal, que para Layera hace casi imposible las investigaciones a largo plazo por “el lío que hay en la Fiscalía”.
No podría ser más preocupante la descripción. Y más aún habiendo sido realizada por el director nacional de Policía. Sin embargo, no es algo que sorprenda a la mayoría de los uruguayos, que todos los días conviven con una violencia muy intensa incluso para los niveles regionales. Pero sí genera desesperanza y desolación, no solo porque el encargado de revertir la situación asume un discurso derrotista, sino también porque el gobierno muestra su falta de liderazgo en la materia.
En lo político, esas declaraciones del jefe de Policía provocaron todo tipo de reacciones. La oposición atacó al gobierno porque lo tomaron como una prueba del fracaso de las políticas sociales y de seguridad. En el oficialismo hubo quienes respaldaron al jerarca (más bien en tono de reducir el impacto de sus dichos), mientras que otros pidieron su renuncia (una actitud negadora inconcebible). Casi nadie destacó la honestidad intelectual de Layera, porque parece no ser un atributo necesario de un gobernante.
El Ministerio del Interior, a través del subsecretario Jorge Vázquez, trató de cerrar filas detrás de Layera. “No dijo nada que no hayamos dicho antes”, declaró el hermano del presidente a Subrayado. “Creo que lo que planteó Layera es que es un horizonte posible, siempre que no se hagan cosas. Todavía nos quedan herramientas para seguir trabajando y que esto no suceda. Creo que estamos lejos de llegar a esa situación”, agregó.
Si lo que dijo Vázquez es cierto, el problema es aún peor. ¿El Ministerio del Interior cree que el Mides le retacea información a la Policía? ¿El gobierno está “compartimentado”? ¿Las autoridades tienen miedo de tomar las decisiones necesarias porque no son “simpáticas”? Si quedan herramientas, es evidente que los actuales gobernantes no son capaces de usarlas.
Desde estas páginas, Búsqueda ha solicitado con insistencia que los políticos de todos los partidos aúnen esfuerzos para encontrar soluciones a los problemas de seguridad. Es necesario que el tema sea una política de Estado: lo dijimos y lo diremos hasta el cansancio.
Para que eso ocurra, sin embargo, resulta fundamental que dentro del gobierno los responsables estén alineados. De lo contrario, será imposible solucionar el problema de la seguridad, o cualquier otro. El Poder Ejecutivo y el presidente Tabaré Vázquez tienen que actuar cuanto antes al respecto.
Mientras todos discuten, la violencia crece sin pausa. Las encuestas de opinión pública muestran un aumento de los reclamos de mano dura; y también aumenta el respaldo a que los militares salgan a la calle a patrullar. Hasta la pena de muerte suma apoyos. Cuidado con la tontería de que una democracia debe ser tolerante hasta la debilidad. Tolerante, sí; débil, nunca. Hay muchos ejemplos de gobiernos democráticos que revirtieron los altos índices de delincuencia sin violentar de ninguna manera sus instituciones.
Pero parece que ahora lo importante es aprovechar para echarse en cara responsabilidades y hacer un análisis electoral de cada uno de los muertos. La ideología basada en símbolos irracionales parece paralizarnos cuando necesitamos carácter y liderazgo.
Se dice que todavía hay margen para revertir el deterioro que describió Layera, pero parece que nunca lo sabremos porque nadie está dispuesto a jugarse en el intento.
Hay semanas en las que resulta difícil ser optimistas.