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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáApreciaría que divulgara el mismo texto que acabo de mandar a Antel por su portal en Internet. Creo que la experiencia vivida hace pocas horas merece contarla.
A quien corresponda:
Marcelo Estefanell es mi nombre; soy cliente de Antel en sus principales servicios: telefonía fija, adsl y telefonía celular. Si mal no recuerdo, mi primer contrato con Ancel lo hice hace 16 años, cuando los celulares tuvieron —llamémosle con generosidad— alcance nacional y cuando, a valores constantes, costaba tres veces más que ahora. Pues bien, no tengo mayores quejas del servicio salvo que en los tiempos analógicos podía llamar desde mi rancho, en Barriga Negra, y desde que llegó el soporte digital ya no fue posible.
El motivo de esta misiva surge a raíz de la novedad de que, al fin, Antel hizo un acuerdo con Apple para incorporar los nuevos iPhone. Cuando vi el anuncio en el portal junto a la posibilidad de reservar un modelo por Internet no lo dudé ni un segundo e, incluso, difundí la novedad a todos mis amigos seguidores de la marca.
La competencia (Movistar y Claro) ya ofrece desde hace años estos teléfonos que cambiaron radicalmente la manera de comunicarnos, a tal punto que los principales fabricantes de celulares no tuvieron más remedio que imitarlos. Sin embargo, Antel venía rezagada.
Confieso que mi entusiasmo fue enorme. Quienes me conocen saben que no solo uso los productos de la “manzana mordida” desde el año ‘86, sino que también están al tanto de mi defensa de casi toda la gama de productos Apple.
Este entusiasmo se vio reforzado ni bien me llamaron el lunes 3 para informarme sobre los modelos disponibles, los costos y los planes. Acepté una de los fórmulas, un aparato concreto, y, por último, fijamos una cita para 48 horas más tarde: miércoles 5 de febrero, a las 13 horas, en el local de Antel de la calle San José y Paraguay, en Montevideo.
Puntualmente me senté ante la funcionaria que me atendió solícitamente y así comenzó el trámite. La primera discrepancia que apareció fue que efectivamente figuraba la cita pero en la oficina de Juan P. Laguna y no en el centro. Yo recuerdo perfectamente que me dijeron a donde asistí porque incluso comenté que me venía espléndido dado el día y la cercanía de mi trabajo.
La funcionaria fue a consultar y regresó con la buena nueva de que no había problemas; podía continuar el trámite y se me entregaría el nuevo iPhone.
Pocos minutos después, la funcionaria me advierte que al cambiar el contrato, estando vigente el anterior, se me iba a cobrar una multa de 128 pesos por mes durante 24 meses. Como no daba crédito a lo que estaba oyendo le pedí que me lo repitiera. Luego le comenté que comprendería que se aplicara una multa si pasara de una contrato más costoso a otro más barato, pero no era el caso. Y como Antel solo adjudica los iPhone dentro de sus planes llamados Vera, el menos oneroso de los mismos resulta mucho mayor al contrato al que tenía necesariamente que renunciar si quería cambiar de celular. Dicho de otra forma, le expliqué, voy a gastar mucho más de gasto fijo, además de comprar el celular (no lo regalan, como lo hacen con modelos discontinuados), y todo esto significa un beneficio mayor para la empresa. Me tendrían que premiar, le dije, y no multar; más teniendo en cuenta los 16 años de cliente que ha cumplido a rajatabla con los anteriores contratos y, lo que es más importante, con los pagos.
Amablemente ella me dijo que nada puede hacer y luego me mostró dónde podía dejar una protesta en el página web.
En consecuencia, aquí estoy relatando los hechos y expresando mi indignación, porque la naturaleza de la multa, en este caso, se da de bruces no solo con el sentido común sino con el criterio empresarial. En realidad, es incomprensible que a uno lo multen por darle de ganar más dinero a quien le brinda un servicio. Con ese criterio, la televisión cable nos podría multar cada vez que ampliáramos el contrato con nuevos canales o agregáramos un nuevo decodificador. También se da de tortas consigo misma cuando, por ejemplo, ofrece telefonía fija más un módem 3G y supongo que ello no trae aparejado una multa para el usuario.
Por lo antes expuesto, sería lógico que, si desean estimular el uso de tecnologías de avanzada (LPE) y aparatos de primera línea, no nos castigaran con multas incomprensibles.
Sin otro motivo, saluda atenta e indignadamente,
Marcelo Estefanell