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En esta novela se mezclan dos planos de un mismo mundo. Por un lado, hay una historia de realismo crudo y sin concesiones: la de una pareja que vive entre la limosna, el abandono y la mugre. No son recicladores ni “hurgadores profesionales” porque no tienen ni la fuerza ni el ánimo suficiente como para sostener un hábito. Tampoco son delincuentes ni ladrones, sino solo “pichis”. Antes habían sido otros, pero ahora son el Cholo y la Chola, escuálidos, olorosos y siempre hambrientos.
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Por otro lado, en Pichis, de Martín Lasalt, aparece un mundo extraño y alucinado que causa gracia por el absurdo. En estos momentos, la novela da una tregua a lo más sórdido, aunque inevitablemente vuelve a lo terrenal y entonces la situación de los personajes es más desagradable y produce más incomodidad. Por esta mezcla de planos, es que la novela “más que una narración es un estado mental”, como anuncia el acápite que recomienda leerla “sin pausa”. Y así se lee, no solo por su brevedad, sino por la escritura concisa, visual y atractiva de Lasalt, que permite pasar con naturalidad de un “estado” a otro.
El escenario son las calles montevideanas, las de los barrios al norte de Avenida Italia, las de los portales con olor a orina, las de los containers que permiten zambullirse y llenarse de yerba o encontrar un teclado Yamaha o un perro muerto y hasta una cabeza. Los protagonistas son los pichis, pero también el hambre, que es casi corpórea y manipula a quienes la padecen, tanto como la pasta base que consumen. El Cholo y la Chola se tienen solo a ellos y se profesan un cariño áspero, que puede ser violento e irracional. Por eso cada tanto se dan cachotes y pueden hacerse mucho daño, sobre todo si aparece entre ellos una milanesa.
A veces se encuentran con el diablo y mantienen con él un diálogo de falsas promesas, hasta que se dan cuenta de la trampa, le gritan “¡sorete!” y vuelven a estar hambrientos frente a la volqueta. Otras veces ellos mismos son figuras fantasmales que se recortan en la sombra, y entonces al verlos la gente se asusta, “como si pensara que la realidad se acababa de rajar”.
Antes de Pichis, Lasalt había escrito La entrada al paraíso (Primer Premio Narradores de la Banda Oriental 2014) sobre una pareja que busca a su hijo pequeño desaparecido, y se mueve entre el descreimiento y la fe, entre la ruptura y la unión. Ahora, con su última novela, vuelve a contar una historia de desconsolados, que no es complaciente ni con sus personajes ni con el lector. Estremecedora, como la vida en alguna esquina.
Pichis, de Martín Lasalt. Fin de Siglo, 2016, 91 páginas, $ 260.