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    Paseo Dr. Emilio Frugoni

    El domingo 24 de junio —aprovechando la mañana soleada— decidí concurrir a la feria de Tristán Narvaja a los efectos de buscar libros antiguos.

    Para acceder a la misma —aproximadamente a la hora 11.00— lo hice atravesando el Paseo Dr. Emilio Frugoni, entre la Biblioteca Nacional y la Universidad de la República.

    El panorama fue terrible: gente durmiendo tirada en cualquier rincón, individuos haciendo sus necesidades fisiológicas a la vista del público, olor a orina que emanaba de todas sus paredes, basura por todos lados, jóvenes drogándose sentados en los bancos allí existentes y grafitis que cubrían todo el paseo.

    En suma, seguramente el pobre Dr. Emilio Frugoni se estará revolviendo de asco en su tumba y nosotros —la enorme mayoría de los montevideanos que todavía circulamos por esta ciudad— estamos cada vez más azorados de la mugre y decadencia que nos ha invadido.

    Alberto Piñeyro

    CI 1:074.263-2