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    Patrimonio Rambla Sur: ?peatones, bicicletas y autos

    Sr. Director:

    En estos días se ha planteado la convivencia en la rambla de Montevideo de peatones, automóviles y bicicletas (una manera de simplificar, pues también hay skates, monopatines eléctricos, patines y otros).

    Las líneas que siguen refieren únicamente a la Rambla Sur, es decir, al trayecto que transcurre entre la escollera y el final de la playa Ramírez.

    El tramo en cuestión tiene un uso muy intenso, denso, de personas a pie, bicicletas y automóviles.

    Para quienes usamos la rambla como peatones, todo lo demás molesta. Hay que estar pendiente de si por detrás se acerca un rodado o cuando de frente un imprudente amenaza con un choque. Más grave la tienen los niños, que se mueven sin precaución, de manera natural; juegan, van para aquí y para allá.

    Soy de los que creen que la bicicleta debe abandonar la vereda de la rambla de granito rojo y disponer de ella solo el peatón. A las bicicletas y demás les quedan las siguientes alternativas: bicisenda en la acera de enfrente o ciclovía en la calzada, ya sea del lado del mar o de las edificaciones.

    La Intendencia de Montevideo y la Comisión del Patrimonio (MEC) acordaron realizar una experiencia, una prueba de seis meses de bicisenda sobre el granito rojo, del lado de la calzada. Con esta disposición el espacio para los peatones se reduce a un ancho de cuatro metros y las bicicletas ocuparían tres. Casi mitad y mitad.

    Para el experimento se trazaría en el suelo una demarcación con una pintura fácilmente removible.

    La Rambla Sur tiene un temperamento dado por la severa y despojada contundencia en el uso del granito rojo. Pintarlo disuelve su majestuosidad minimalista. Se desprestigia el valor patrimonial. Se lo “ensucia”, se lo “manosea”, se lo “menoscaba”. Desde la década del 30 del siglo pasado nos acompaña generación tras generación con igual trazado y material. Sufrió tormentas que deterioraron algún tramo que luego se repuso de manera fiel. También se reforzó estructuralmente.

    La acera fue ideada para peatones, pero las bicicletas de hecho también se la apropiaron no hace tanto tiempo, ¿gradualmente desde hace dos décadas? Tan solo la consideración patrimonial bastaría para no dar cabida a la propuesta de las instituciones mencionadas. Se esta poniendo en juego la identidad. En principio se trata de una experiencia por seis meses, a fin de evaluar y luego tomar una postura definitiva. De todas maneras, parece que ya se aceptan dos cosas: la rambla de granito rojo puede albergar las bicicletas en bicisenda y esta se puede intervenir con señalizaciones.

    Atención: sea cual sea el lugar que se destine a las bicicletas, es preciso reconocer que no todas se desplazan a igual velocidad; por lo tanto, habrá rebases que se realizarán por fuera de los límites. Y los peatones, que en buena parte caminan en grupos de a dos, de a tres, de a cuatro, tenderán a chocarse; por lo tanto, tendrán que ir esquivándose entre sí.

    Ahora bien, ¿qué es lo que se someterá a evaluación? ¿El tipo de demarcación definitiva, materiales y diseño? ¿Qué metodología se va a aplicar para evaluar? (creo que no existe ninguna conocida). ¿Quiénes serán los tutores del experimento? ¿Qué recursos humanos van a llevar adelante el relevamiento? Si se trata de funcionarios de Tránsito, ¿hay tantos para dedicar a esta tarea? ¿Lo harán uniformados como inspectores? De ser así, ¿cómo evitar que los que están dispuestos a cometer una infracción no lo hagan porque se sienten observados por la autoridad? Y de formalizarse definitivamente la iniciativa, a aquellos que no respeten los límites, ¿quién los sancionará y bajo qué normas?

    Volviendo al diseño y lo que se va a demarcar, vale tener en cuenta que, una vez que se libera este tipo de acciones, se pueden plantear agregados, como publicidad comercial o campañas de bien público (¿qué tal lucirían en el suelo de la bicisenda marcas como Antel o Teletón, por ejemplo?). Una vez que se abre una brecha es cuestión de tiempo —cinco, diez años, por decir algo— para que se planteen nuevas ocurrencias.

    Por lo pronto, la IM logró que se reconozca la conveniencia de una bicisenda en el granito de la Rambla Sur y la Comisión del Patrimonio acepta que se intervenga con alguna señalización “acorde”. Me he referido a la Rambla Sur, la histórica, la de granito rojo, pero soy consciente de que el problema transcurre entre la escollera y Kibon, o incluso hasta el puente de Carrasco. Como el trayecto es heterogéneo, hay que actuar por tramos caracterizados que de alguna manera se enlacen en un todo.

    Manuel Esmoris

    Pd 1.: Montevideo no es Holanda y territorios aledaños. Ahí la superficie es totalmente plana; no hay repechos/bajadas. Por eso las bicicletas son tan cómodas y populares. La Rambla Sur justamente goza de lo plano de su superficie, excepto en el tramo entre el dique Mauá y la calle Paraguay. Así, circular en bicicleta y otros rodados es bastante fácil y sensorialmente muy atractivo.

    Pd 2.: La Rambla Sur, el granito rojo, desde el punto de vista patrimonial sufrió un avasallamiento con la señalización de lo que se conoce como “la tira del tiempo”: unas chapas oxidadas (acero Corten) adheridas al suelo, que instruyen sobre la evolución de la vida en el planeta. Nadie las consulta. Se necesita usar el código QR. Además, algunas se deterioraron hasta el punto de perjudicar el tránsito. Es tiempo de que se reconsidere su permanencia y se las retire para jerarquizar la Rambla de granito. En algunos casos ya se devolvieron los baldosones extraídos, aunque se hizo a medias; las pestañas perduran.