El médico veterinario afirmó que la ganadería y la agropecuaria en general, son sistemas de producción muy sensibles a cuestiones ambientales y sanitarias en particular. “Las patologías y los problemas de salud animal están presentes en todos estos sistemas biológicos”, dijo, por lo cual es natural que existan estas pérdidas, aunque preocupa su magnitud.
“Uruguay tiene un estatus sanitario que, para quienes nos ven de afuera, está bastante bien”, comentó. Y puntualizó que existen enfermedades que generan enormes restricciones a los mercados, como la vaca loca o la fiebre aftosa, que en Uruguay están controladas o no han aparecido.
Consideró que “desde ese punto de vista, el estatus sanitario está bien”, pero sostuvo que existen enfermedades endémicas que están siempre presentes, que generan este tipo de pérdidas.
Las pérdidas
El informe señala que los US$ 800 millones por pérdidas en salud animal durante el período 2011-2021 representan el 20% del producto bruto interno (PBI) agropecuario y el 34% del PBI pecuario.
Al analizar por cadenas productivas, se destaca que el 55% corresponde a bovinos de carne, 29% a bovinos de leche y 14% a ovinos. En los bovinos de carne se observa mayor variabilidad, porque además de la evolución del precio se incorporaron otras fuentes de variabilidad en parámetros tecnológicos, dada la disponibilidad de información.
Con relación a las zoonosis, el relevamiento sostiene que no fue posible la valorización de las pérdidas en la economía. Se relevó información de casos en humanos y muertes para cuantificar el evento, pero no se logró realizar una valoración de los casos según sus derivaciones terapéuticas (convalecencias, discapacidades temporales o permanentes, o tratamientos asociadas a cada patología).
“Hay aspectos para mejorar y disminuir estas pérdidas”, afirmó Menchaca, al tiempo que consideró que el trabajo para lograr una mejora debe ser conjunto. “Los productores deben tener un buen manejo sanitario con un buen control de las enfermedades y una buena asistencia veterinaria, pero también al Estado le corresponde tener campañas sanitarias exitosas, que le permitan al productor controlar esas pérdidas”. Agregó que “todos los actores de la cadena tienen su cuota de responsabilidad en este tema”.
El presidente del Ccisa sostuvo que otra debilidad que se detectó es la falta de información que existe para poder estimar estas pérdidas. “Debería ser mucho más simple”, afirmó. Sostuvo que es necesario contar con mejores registros y la información procesada “prácticamente en tiempo real”.
Consideró que lo más importante sería reducir esas pérdidas de US$ 800 millones anuales, mejorando las estrategias que se están llevando adelante u optimizando el gasto para controlarlas. Pero también sostuvo que es necesario desarrollar nuevas estrategias con la inversión en I+D.
El gasto
El informe destaca que el gasto en salud animal equivale al 28% de las pérdidas económicas detectadas en las cadenas de producción, que se incurren por causa de problemas de salud animal.
El gasto en salud animal asciende a US$ 224 millones en el período analizado. El monto presenta una evolución relativamente estable, que acompaña la evolución de las existencias animales.
Los bovinos de carne explican el 42% del gasto total promedio del período. Le siguen en relevancias la cadena de bovinos de leche, con 16%, mientras que los animales de compañía representan el 32% del gasto.
El sector público tiene marcada presencia, tanto absoluta como relativa, en el gasto en bovinos de carne.
Menchaca aclaró que la consultoría analizó prácticamente 20 años, y que de esos US$ 224 millones, los animales de producción representan US$ 150 millones, siendo prácticamente la mitad del gasto realizado por el sector público y la otra por el sector privado.
El gasto privado refiere básicamente a los productos veterinarios que se usan en el campo, y en menor medida a la asistencia veterinaria que reciben los productores. El gasto público está asociado a las funciones de los Servicios Ganaderos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), incluyendo las campañas sanitarias.
“Me parece que el gasto no debería disminuir. El sector productivo se manifiesta por un MGAP más fuerte, con más respaldo para el productor y los veterinarios, y esto requiere más financiación para poder ejercer mejor su función”, planteó el presidente del Ccisa. Aunque también agregó que “siempre es conveniente revisar la gestión de todo gasto”.
Sin embargo, la oportunidad de mejora está en el área de I+D, “primero porque ahí la inversión es muy reducida, ya que son US$ 5 millones al año, contra US$ 1.000 millones que se pierden y gastan anualmente”, sostuvo.
Agregó que esa inversión puede generar nuevas estrategias, herramientas o soluciones para resolver el mayor problema, que son las pérdidas, y a su vez disminuir los gastos. “Donde se debería invertir principalmente es en esa porción más debilitada, donde seguramente vamos a ver el mayor impacto”, opinó.
La inversión en I+D
La inversión en I+D ha sido variable en estos últimos años y esa es considerada otra debilidad, ya que es un área que requiere esfuerzos de mediano y largo aliento. Menchaca sostuvo que Uruguay no hace el esfuerzo necesario en este tema, aunque remarcó que existe un sistema nacional de investigadores e incluso un instituto como el INIA dedicado a la investigación en temas agropecuarios.
Sin embargo, a su entender en salud animal se requiere más investigadores dedicados a esa área. A su vez, las líneas de investigación requieren de proyectos de financiación por tres, cuatro o cinco años. “Es muy difícil lograr avances a mediano y largo plazo si hay una variabilidad entre los años en cuanto a la financiación de todo ese sistema”, sostuvo.
Puntualizó que de esos US$ 5 millones que se invierten por año en la financiación de proyectos hay años en los que se invierten US$ 2 millones y otros en los que solo se invierten US$ 500.000, por lo cual “la variación es enorme”, siendo ese aspecto “la mayor debilidad”, dijo.
El investigador aseguró que en Uruguay no hay una política bien establecida de I+D en salud animal, así como tampoco un entorno adecuado para establecer una agenda clara a mediano y largo plazo sobre qué es en lo que hay que investigar.
“No hay recursos humanos suficientes ni grupos de investigación. Necesitamos un organismo que se encargue de los temas que hay que estudiar, que organice y coordine todo ese aparato, que albergue investigadores con sus laboratorios y realice las investigaciones necesarias”, dijo.
También remarcó el esfuerzo realizado por el INIA en los últimos años, con la formación de la Plataforma de Investigación en Salud Animal (PSA), pero afirmó que sus recursos y capacidades actuales son limitadas y no son suficientes para la magnitud del problema.
Advirtió que, de lo contrario, “van a pasar los años y vamos a estar parecido a como estamos hoy”. El presidente del Ccisa consideró que es necesario gestionar bien el aporte que hace el sector privado en investigación, para destinar fondos acordes a la magnitud del problema.
“Con esta magnitud de las pérdidas y del gasto que hace Uruguay en salud animal creo que amerita tener una organización exclusivamente dedicada a esto. Creo que habría que duplicar esta inversión, pero también organizarla mejor”, sentenció.
“El protagonismo de la salud animal obliga a ponerle foco”
El concepto de salud animal en la actualidad es mucho más amplio y abarca temas como el bienestar animal, la inocuidad de los alimentos y la salud ambiental, planteó el integrante de la Federación Rural, Adolfo Casaretto. “Es un tema mucho más complejo de lo que se puede ver, y si se le agregan estos otros componentes, los números todavía serían más altos”, advirtió el veterinario en referencia al presupuesto destinado a este rubro.
Al analizar los gastos cuantitativamente, Casaretto explicó que si se tiene en cuenta que el 60% corresponde a la cadena vacuna, por unidad ganadera serían US$ 12 por animal, lo cual “no representaría una cifra tan elevada”. Pero sí consideró “inconcebíble que gastemos US$ 5 millones en innovación, US$ 134 millones en salud animal y tengamos pérdidas por US$ 800 millones”.
“Aspiramos a que la salud animal tenga otra preponderancia en los destinos de los recursos de la investigación”, afirmó el productor, entendiendo que “el protagonismo que tiene hoy la salud animal obliga a ponerle foco”.
Ausencia de registros económicos
El análisis realizado en cada cadena productiva evidenció la falta de registros de la parte económica, señaló el consultor Darío Hirigoyen, integrante del equipo que realizó el estudio sobre salud animal encargado por el Ccisa. El consultor aseguró en el programa Gente de Campo, de Teledoce, que en el país no existían publicaciones con un enfoque similar, por lo que se requirió del aporte de referentes y expertos en la materia. “Lo tienen en reproducción, en nutrición o en producción, pero no hay foco en salud animal”, por lo tanto este trabajo “fue como armar un puzle, con datos fragmentarios”, explicó.
Hirigoyen entiende que sería importante establecer en la contabilidad pública una definición de centros de costos para el registro del gasto, a los efectos de identificar las asignaciones, monitorear y evaluar. “La salud animal no se jerarquizaba en la agenda política”, afirmó. “Quienes construyen la agenda, deben conocer esto, porque lo que se pierde es mucho”, a la vez que sostuvo que no solo se necesita dinero, sino capital humano, lo cual no se logra de un día para otro.
Manifestó preocupación por la falta de conciencia sobre la magnitud de las pérdidas y sostuvo que estos datos surgen de “una primera foto”.
Agro
2024-03-19T12:32:00
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