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    Pese a algunos “casos aislados” de politización de la Justicia, en “su gran mayoría” el sistema judicial brasileño es “imparcial”

    Según el presidente de la Orden de Abogados de Brasil, Felipe Santa Cruz, la organización debe asumir un rol activo en la protección de las minorías porque su natural defensor, el Ministerio Público, viró hacia una visión “completamente punitivista”

    “Un día, si el presidente de la OAB quiere saber cómo fue que su padre desapareció en el período militar, se lo cuento. No va a querer escuchar la verdad”. Esa fue la respuesta del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ante los cuestionamientos que plantearon desde la Orden de Abogados de Brasil (OAB) a sus intenciones de que se violara la reserva de las comunicaciones telefónicas del defensor de Adélio Bispo, autor del atentado en su contra en la campaña electoral. El comentario no dejó a nadie indiferente: aunque el mandatario brasileño acostumbra a hacer declaraciones polémicas, esa vez “pasó un límite”, dijo a Búsqueda el presidente de la OAB, Felipe Santa Cruz, cuyo padre, Fernando Augusto Santa Cruz de Oliveira, desapareció en febrero de 1974 después de ser arrestado por militares en Río de Janeiro. Políticos de diversos partidos expresaron su solidaridad y el presidente no demoró en relativizar sus dichos. El episodio dejó a la vista la “crueldad” y la “agresividad” del mandatario, que inicialmente reprimió pero que en los últimos meses evidenció con un discurso más violento, opinó el abogado.

    El fastidio de Bolsonaro con la OAB ha sido frecuente durante su gobierno. La organización, que posee más de un millón de afiliados y tiene una gran influencia en Brasil, ha cuestionado los ataques del mandatario contra las minorías y ha intentado frenar su avance sobre la independencia del sistema judicial. “Todas las garantías democráticas que construimos a duras penas están permanentemente en tensión en su gobierno”, afirmó Santa Cruz. Según el abogado, organizaciones como la OAB deben hoy asumir un rol activo en la protección de las minorías porque su natural defensor, el Ministerio Público (MP), viró hacia una visión “completamente punitivista”.

    La OAB también cuestionó al exjuez y actual ministro de Justicia, Sergio Moro, por su intención de que se destruyan las conversaciones entre él y fiscales del caso Lava Jato obtenidas por un hacker, que revelan una posible colusión para procesar al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. A pesar de que Santa Cruz observa con preocupación la intervención de Moro en el caso y cree que debería apartarse, piensa que se trata de un caso aislado y que no hay una politización de la Justicia brasileña “La mayor parte del sistema judicial es comprometido e imparcial”, afirmó.

    —Recientemente se vio involucrado en una confrontación con el presidente Bolsonaro, quien insinuó tener información sobre la desaparición de su padre, ocurrida durante la dictadura (1964-1985). ¿Como recibió esos comentarios?

    —Quedé perplejo. Fue una sorpresa muy grande porque la Presidencia de Brasil es una figura muy grande, el presidente de la República tiene una serie de poderes en Brasil que son incluso simbólicos. Y es raro en la historia de nuestro país un ataque frontal del presidente a un ciudadano. Más raro aun es un ataque a la memoria de un desaparecido de la dictadura militar. El presidente reabrió heridas que son dolorosas en nuestro país, así como lo son en Uruguay y en Argentina, y reabrió una discusión que está en camino a la pacificación. Son frases muy preocupantes, que muestran un lado muy cruel de la personalidad del presidente. Muestran una agresividad y una crueldad que él tiene reprimida y que vuelca contra la memoria de las personas, contra las mujeres, los negros… Bolsonaro en su campaña intentó construir una idea de cristiano, de religiosidad, y en las últimas semanas abandonó eso por un discurso más violento, un discurso de odio.

    —Usted llevó el caso ante el Supremo Tribunal Federal para que se investigue. ¿Inició el tribunal o el Ministerio Público una investigación?

    —No. Recién el tribunal notificó al presidente y ahora él aclaró que no había querido decir eso. El presidente tiene la manía de hablar y después decir que no dijo eso. Lo que es muy preocupante en un presidente de la República. Habla pero después se desdice. Entonces él ahora está diciendo que no dijo eso, que no quiso ofender. El presidente no es muy apegado a la verdad de sus palabras.

    Bolsonaro 'tiene dificultades para entender el sistema de Justicia. No es un hombre con una formación intelectual muy sólida, no tiene mucho estudio, y acostumbra a recurrir a lugares comunes, a pensamientos promedio'.

    —El expresidente Lula le envió una carta expresándole solidaridad a raíz de los comentarios de Bolsonaro. ¿Cómo recibió ese apoyo?

    —Con mucha alegría porque fue un episodio que unió a todos los demócratas de Brasil. Recibí apoyo de gobernadores conservadores y de izquierda. Creo que lo importante es que para todas esas personas el presidente pasó un límite, y hubo una fuerte reacción de todos los demócratas de Brasil.

    —Los comentarios del presidente ocurrieron luego de que tuviera una discusión con la OAB a raíz de que la organización defendió la reserva de las comunicaciones telefónicas del abogado del autor del atentado contra Bolsonaro durante la campaña electoral en 2018. ¿Por qué se dio esa discusión?

    —El presidente tiene dificultades para entender el sistema de Justicia. No es un hombre con una formación intelectual muy sólida, no tiene mucho estudio, y acostumbra a recurrir a lugares comunes, a pensamientos promedio. Entonces no consigue entender la importancia de las protecciones que los abogados tienen, que son las protecciones de los individuos. Aun cuando sea culpable el individuo tiene una serie de protecciones constitucionales, que son prerrogativas para poder defenderse ante el Estado. Pero él tiene una incomprensión, pienso que ligada a esa falta de formación, del papel de los abogados.

    —¿Cree que las garantías del debido proceso están hoy bajo amenaza en Brasil, a raíz de la presidencia de Bolsonaro?

    —Sí. Pienso que él encarna un sentimiento anticivilizatorio. Y todas las garantías democráticas que construimos a duras penas están permanentemente en tensión en su gobierno. Él actúa fuera de lo esperado por un presidente de la República y deja a la sociedad perpleja. Especialmente a los sectores con mejor formación educacional, pero también hace una manipulación clara de sentimientos de frustración de los sectores menos educados de la sociedad brasileña.

    —La divulgación en la prensa de comunicaciones entre el juez que investigó el Lava Jato, Sergio Moro (actual ministro de Justicia), y los fiscales del caso revelaron una posible colisión para acusar al expresidente Lula, lo que puso en tela de juicio su imparcialidad. ¿Cuál es su visión sobre eso?

    —Para la protección del país y de un proceso democrático, lo ideal sería el apartamiento del ministro Sergio Moro, que comanda la Policía Federal, de las investigaciones vinculadas a la operación Lava Jato. El Lava Jato no fue una operación que investigó únicamente al expresidente Lula, trató de un gran caso de corrupción, y es importante que podamos asegurar un pleno acceso a la información para determinar si hubo una ruptura de la imparcialidad del juez, que es muy grave, porque el ciudadano tiene derecho a un juez imparcial. Y, por otro lado, es necesario salvaguardar también la expectativa que la población brasileña tiene de que se castigue a las clases dominantes que se involucraron en el Lava Jato y en la corrupción. Brasil tiene hoy la expectativa de estar enfrentando la corrupción, y eso es muy positivo. Lo que no puede pasar es que se haga eso fuera de la ley, fuera de la Constitución. Esa es nuestra preocupación como abogados.

    —Las dudas sobre la imparcialidad del juez Moro comenzaron cuando aceptó el cargo de ministro de Justicia de Bolsonaro. ¿Cree que fue un error de su parte?

    —En su momento fui muy criticado aquí en Brasil cuando al asumir la presidencia de la OAB dije que lo que Moro estaba haciendo, al asumir en el ministerio, estaba dentro de la legalidad, pero era un gran error. Fui muy criticado cuando dije eso. Hoy está absolutamente claro que fue un gran error. Él está sufriendo públicamente por eso, y por esa conducta exótica del presidente. Y con lo cual él puso en discusión todo el patrimonio del Lava Jato, del combate a la corrupción, porque politizó ese patrimonio. Abrió dudas en los ciudadanos, inclusive en mí y en todos los que conocen el caso, sobre hasta qué punto una cosa no está ligada a la otra en la agenda política, que no es la agenda jurídica.

    —La OAB también cuestionó públicamente a Moro cuando dijo que se destruirían las comunicaciones entre él y los fiscales, ya que habían sido obtenidas ilegalmente por un hacker.

    —Fue exactamente por eso que nosotros recomendamos que el ministro se apartara. Porque él tiene el comando de la Policía Federal brasileña, que es una institución muy poderosa, y en ese momento él confundió su papel de sospechoso con el papel de comandante de la Policía Federal y dijo que destruiría las pruebas obtenidas por el hacker. Hicimos una crítica dura, y el Tribunal Federal determinó que las pruebas no fueran excluidas del proceso y el propio juez de la causa no determinó la eliminación de esos audios.

    —Si bien Bolsonaro genera rechazo en un sector de la población, también cosechó muchos apoyos que le permitieron llegar a la presidencia. ¿Cuál percibe que es hoy la sensación de quienes lo apoyaron inicialmente?

    —Brasil sigue muy dividido, muy polarizado. El papel de los abogados hoy es inclusive el de intentar construir puentes, y yo encuentro que ese ataque del presidente a la OAB es porque él no quiere eso. Él apuesta a la polarización entre izquierda y derecha; para trabajar en su reelección debe permanentemente postergar cosas que deberían ser prioritarias para el presidente de la República, como una crisis económica aguda, desempleo, violencia en las grandes ciudades, y abandona valores que son parte de la democracia, como la pluralidad, la solidaridad, la búsqueda de oportunidades para todos. Él trabaja para que esa polarización sea todavía más aguda.

    'El Lava Jato no fue una operación que investigó únicamente al expresidente Lula, trató de un gran caso de corrupción, y es importante que podamos asegurar un pleno acceso a la información para determinar si hubo una ruptura de la imparcialidad del juez (Moro), que es muy grave, porque el ciudadano tiene derecho a un juez imparcial'.

    —Uno de los requisitos de la democracia es la independencia de la Justicia. Uruguay suele felicitarse por tener una Justicia independiente, y señala como ejemplos negativos a la Justicia argentina o a la brasileña, las cuales percibe como politizadas. ¿Cree que eso es así? ¿En Brasil la Justicia está politizada?

    —Sinceramente pienso que son casos aislados. Casos importantes, pero aislados. La Justicia brasileña viene avanzando, una ley sobre el abuso de autoridad fue aprobada por el Congreso, y está en un proceso de mejora. Diría que la mayor parte del sistema judicial es comprometido e imparcial, no tiene una agenda política directa. Pero tenemos ese vicio brasileño que es la manía de construir héroes, a partir de un caso individual nos creamos los salvadores de la patria. Y en cambio es la mejora institucional el único camino a la democracia.

    —Tras la investigación del Lavo Jato, que evidenció hasta qué punto estaba corrompido el Estado brasileño, ¿cree que la corrupción se está logrando revertir? ¿Y qué rol puede tener la Justicia en eso?

    —Creo que los instrumentos de control de la corrupción vienen mejorando. Brasil tiene una historia grande de corrupción. Hay varios ejemplos de corrupción en la sociedad, cotidianos, y todo eso ha mejorado en Brasil con la democracia. No puedo afirmar que la corrupción aumentó en la democracia, al contrario. Fue la transparencia, la libertad de prensa, la mejora de la Justicia; todo eso contribuyó al enfrentamiento de los casos de corrupción, que siempre existieron. Entonces es una sensación contradictoria. Como estamos viendo más casos que salen a la luz tenemos la sensación de que hay más corrupción, cuando no. Es un proceso histórico de avance, no de retroceso.

    —Usted también ha defendido públicamente la situación de la prensa, que ha sido frecuentemente atacada por Bolsonaro.

    —En mi país hay una milicia organizada, financiada por intereses que no son claros, que organizan espacios de odio en las redes sociales. Las redes sociales en Brasil no son más un espacio de encuentro familiar, o de intercambio de experiencias, sino cada vez más son un espacio de mentiras, de noticias falsas, que salen especialmente en contra del buen periodismo. El periodismo serio en Brasil está bajo ataque todo el tiempo, y me impresiona también la situación de las mujeres periodistas. Esas milicias, principalmente de extrema izquierda y extrema derecha, permanentemente atacan al periodismo serio. Tenemos un observatorio de periodismo y estamos muy preocupados con la forma que han manipulado ese espacio. Porque Brasil tiene una gran parte de la población de baja formación académica y es fácilmente presa de noticias falsas, fácilmente manipulada, y con mucho acceso a las redes sociales, entonces lo que debería ser un espacio democrático se está convirtiendo en un espacio de riesgo para la propia democracia.

    —En su discurso cuando asumió como presidente de la OAB habló de que la organización debía defender a las minorías y a aquellos que no tiene voz. ¿Considera importante que organizaciones como la OAB hoy asuman en Brasil un rol de defensa de las minorías?

    —Sí, porque el principal encargado de eso es el MP Federal, pero entró en una visión completamente punitivista. Traicionando inclusive a sus orígenes. Y Bolsonaro ahora exige al procurador general del Ministerio Público eso, y él públicamente declaró que es un ministerio que defiende el derecho de las mayorías. Lo que es una cosa absolutamente preocupante, porque la ley, la Constitución y las instituciones como la OAB y el MP, que son parte del sistema de Justicia de Brasil, existen para proteger a las minorías. Porque la Constitución es una salvaguarda de las minorías. Por eso digo todos los días que acepto, por ser abogado y no político, de buen grado como una consecuencia de mi tiempo el ataque que venimos sufriendo de los sectores más radicalizados porque nuestro trabajo es contramayoritario. Tenemos que proteger el medioambiente, la población indígena, los negros, las mujeres, de todo ese odio que está contaminando la sociedad brasileña. Si nosotros no hiciéramos eso, con el vacío que el presidente dejó al despojar al MP de proteger a las minorías, Brasil va a ceder al autoritarismo y a la tiranía.

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