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Con “yo me equivoqué” no basta. “Yo me equivoqué” y... no pasa nada. Al contrario, los incondicionales de siempre salen en bandadas a justificar lo injustificable y, es más, a jerarquizar esa confesión del equívoco como algo que raya en lo heroico. En tanto, ese “lapsus” generó en este país toda una importante serie de inconvenientes que impactaron en magnitud diferente al Uruguay, ya sea en lo personal, en lo laboral, en lo institucional, en la imagen país, en lo vacacional, con el consiguiente daño económico y moral que este hecho conlleva. Ahora bien, los intérpretes de esta “obra” parecen de estructura marmórea; sienten que purgan su gran pecado con el solo hecho de confesar su ineptitud, en tanto miles de ciudadanos y la sociedad en su conjunto se ven perjudicados por la irresponsable actitud de actores no capacitados para esa función.
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Y acá no va ningún tipo de suspicacia. Simplemente se tomó una ruta errada pero, lamentablemente, el proceso salió fuera de control y no hubo el alerta debido para corregir sobre la marcha y desviar “la nave” a tierra firme y no al lodazal en que se sumergió.
¿Qué pasaría si a este hecho lo trasladamos a las importantes empresas del Estado o a la actividad privada? Bastaría con que un director hiciese esa “sana” confesión de error: “realmente me equivoqué, estamos con un rojo de 300 millones de dólares, hemos cancelado nuestras exportaciones, tenemos demandas por 50 millones de dólares y hemos enviado a nuestro personal a seguro de paro, etc., etc.”. ¿Saldrían sus pares a defenderlo sin haber realizado una profunda investigación de los hechos? Por supuesto que no. Pero, además, la jerarquía de la empresa tomaría las medidas sancionatorias correspondientes, salvo que el director referido sea el propietario y como hobby tenga la adicción de “perder”.
En el caso Pluna, la responsabilidad está difusa y los hechos transitarán por los certeros pero sinuosos caminos de la Justicia, en actitud positiva de la Presidencia al derivar el caso, lo que se contrapone con el freno del Parlamento al no ayudar a encontrar más aceleradamente el camino de la verdad. Verdad que lo antes posible merece saber el pueblo uruguayo como único soberano y alerta para aquellos que desde la función pública deben ser sumamente rigurosos con el manejo de la actividad estatal.