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    Poder sindical (IV)

    Sr. Director:

    República Sindical del Uruguay. Durante largo tiempo, muchos creímos con cierta ingenuidad que el PIT-CNT era el “brazo sindical” del Frente Amplio. ¡Grave error! Una vez que la izquierda alcanzó el poder y los melones se acomodaron en el carro, descubrimos que era exactamente al revés: el FA es el “brazo político” del sindicalismo.

    Así lo prueba la conversión del Ministerio Trabajo en un sello de goma, el ascenso del dirigente Juan Castillo a la cúpula de su “fuerza política” (aunque, en su caso, no está claro si fue un ascenso o un castigo) y el salto de varios “compañeros” de larga y destacada actuación en el PIT-CNT al Parlamento y al Poder Ejecutivo, así como también la aprobación de un conjunto de normas que consagran un régimen jurídico y político que lejos de equilibrar el péndulo como algunos señalan, le confiere un poder desmedido a la corporación sindical. Vale recordar el decreto que considera las ocupaciones de los lugares de trabajo como una modalidad del ejercicio de huelga y el que establece que las medidas sindicales como trabajo a reglamento, a desgano, paro de brazos caídos, etc., están enmarcadas dentro del “ejercicio atípico” de ese derecho consagrado en nuestra Constitución; la ley de fuero sindical que “blinda” a los dirigentes sindicales; la derogación del decreto que habilitaba a la Policía a desalojar por la fuerza a quienes ocupaban sus lugares de trabajo, aduciendo que se trataba de una medida del “pachecato”; y, como frutilla de la torta, la recién parida ley de responsabilidad penal empresarial que apunta a castigar con prisión a los empresarios que no ofrezcan las máximas condiciones de seguridad a sus trabajadores.

    Para que esta iniciativa fuera aprobada del modo en el que fue aprobada, el Sunca, liderado por el carismático y muy combativo Oscar Andrade, la nueva estrella mediática del comunismo vernáculo, movilizó a sus camisas rojas, rodeó el Palacio Legislativo, recorrió medios de comunicación, discutió, debatió, gritó y sobre todo presionó a los senadores del FA para que votaran el proyecto remitido por la Cámara de Representantes sin quitarle ni ponerle un punto ni una coma. Y para que nadie tuviera la menor duda de que iban en serio, dejó bien en claro que tomarían nota de los legisladores que votaran a favor y de los que votaran en contra de la medida y de los argumentos esgrimidos por cada uno de ellos, para luego “trasmitírselos” a los trabajadores. Conclusión: 16 a 13. Palo y a la bolsa.

    A esta altura, por si a alguien todavía le cabía alguna duda, es claro que la izquierda —es decir, quienes se hacen llamar de ese modo— no sólo ve el conflicto capital-trabajo como parte de un combate ideológico (¡Marx vive y lucha!) sino también como una puesta en escena, en la que importa más demostrar quién manda dentro del oficialismo, en las empresas y en las calles, que conquistar una real mejora en las condiciones de trabajo de los obreros o proteger efectivamente su integridad física ante eventuales accidentes laborales.

    Ahora bien, si la ley de responsabilidad penal empresarial cae, no importa; ya demostraron su poder de presión. En primer lugar, al empresariado, el “enemigo de clase”, que tendrá en cuenta de ahora en más que el derecho de propiedad es una entelequia colgada de alfileres oxidados y que si alguno de ellos pretende asegurarse algún tipo de garantía para operar o hacer negocios le conviene aceptar todas y cada una de las invitaciones que reciban para ir a almorzar o a cenar en el Quincho de Varela. En segundo lugar, al candidato oficial, visiblemente desautorizado por sus aliados de la estrellita de cuatro puntas y los de la hoz y el martillo, prontos para imponerle “su” candidato (o candidata) a la Vicepresidencia, así como también su listita de lugartenientes para áreas clave del Estado en caso de que acceda nuevamente a la Presidencia. Y en tercer lugar, al astorismo, cada vez más acotado y deslucido, que chilla y patalea frente a las cámaras, pero luego —en las Cámaras— agacha la cabeza y vota. “Por lealtad partidaria”, dicen.

    Si la ley cae por inconstitucional o es sustituida luego por otra, no importa. El paso ya fue dado y el daño ya fue hecho. De ahora en más, los inversores grandes y pequeños pensarán dos veces antes de dar un paso (es decir, de generar empleo) y los sectores moderados de la izquierda ya no podrán seducir incautos vendiéndose como el dique de contención de los radicales.

    Gracias a la movida del señor Andrade y sus “compañeros”, las cosas quedaron mucho más claras que antes. Quedó claro que el PCU, aunque huérfano de votos, sigue mandando dentro del FA. Que la alianza entre el MPP y el PCU es prácticamente invencible. Y que la construcción de la República Sindical del Uruguay está en marcha.

    Y sí, señores, un fantasma recorre el mundo… O, al menos, este paisito casi perdido.

    Gustavo Toledo

    CI 3.680.356-9

    Balneario Solís (Maldonado)