La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) presentó hace dos semanas un detallado informe sobre los distintos grupos criminales de los países centroamericanos, sus vínculos con el crimen organizado internacional y el narcotráfico, y las cifras que muestran en números la explosión de la violencia que se vive en las calles de Honduras, Guatemala y El Salvador.
Una copia de ese informe está en manos de las autoridades del Ministerio del Interior y no solo por una cuestión formal. Según el director nacional de Policía Julio Guarteche, Uruguay debe prestar atención a lo que sucede en el denominado “Triángulo Norte de Centroamérica”, porque allí suceden los “problemas más agudos” de seguridad, mientras que “acá esas cosas están pasando a escala más pequeña”.
Si bien la cantidad de homicidios en Uruguay está muy lejos de esa cifra, el aumento de los denominados “ajustes de cuenta” entre criminales, que son un 40% del total, lleva a que hoy el número de asesinatos ya supere en cantidad a los cometidos durante todo el 2011.
“Problemas más agudos”.
De acuerdo con el estudio de la ONU, parte del incremento de la violencia en América Central es el cambio de flujo del comercio de drogas ilegales, luego de que México militarizara el combate al narcotráfico. Mucha de la cocaína que iba desde Colombia hasta México y Estados Unidos a través de Centroamérica empezó a quedarse en esos países de tránsito para abastecer el mercado local.
Eso provocó un cambio en el “ecosistema” de grupos criminales, como las maras, que comenzaron a competir de manera violenta por el nuevo mercado. Mediante el uso de la fuerza y la corrupción esas organizaciones comenzaron a sustituir al Estado en determinadas zonas. Y el cóctel tiene como resultado las altas tasas de homicidio que se registran en varios países de América Latina, que son superiores incluso a las de África.
En línea con ese análisis, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, advirtió desde que asumió que es necesario detener el proceso de “feudalización” de algunos zonas de Montevideo y del litoral este, donde los narcotraficantes están asumiendo el rol de “señores feudales”. Para Guarteche, el gobierno tiene que aprovechar y mirar lo que está sucediendo en Centroamérica, ya que en Uruguay está ocurriendo algo similar, aunque es todavía “un proceso incipiente”.
Fuentes de la Policía plantearon que un ejemplo de ese proceso es lo que pasa en barrios como el Marconi. El lunes 15, cinco policías fueron apedreados por decenas de vecinos del barrio cuando estaban deteniendo a unos sospechosos. Los agentes respondieron con tiros, lo que generó corridas, más disparos y la muerte de un joven a manos de la Policía.
Tras una noche en la que hubo incidentes y autos quemados en el barrio, la Policía llevó a cabo varios operativos en el Marconi, como el cierre de calles, patrullajes con miembros de la Guardia Republicana y piquetes policiales con pedido de identificación. Ayer miércoles la situación estaba “tranquila”, afirmaron desde Jefatura de Montevideo.
“Evolución natural”.
Setiembre estaba llegando a su fin y entre las autoridades del Ministerio del Interior había satisfacción porque la cantidad de homicidios estaba en 15, su promedio mensual histórico. Sin embargo, entre el sábado 29 y el domingo 30 hubo cinco asesinatos, y las cifras volvieron a estar por las nubes.
Hasta comienzos de esta semana, la cantidad de homicidios era 212, cuando en 2011 habían ocurrido 199 (un poco más de 6 cada 100.000 personas). La Policía atribuye buena parte de ese incremento a los denominados “ajustes de cuenta” entre delincuentes, que representan 40% del total de asesinatos en lo que va del año.
El homicidio de mayor exposición pública cometido este año por sicarios fue el de Washington Risoto, un narcotraficante uruguayo que había logrado un lugar en el comercio internacional de cocaína antes de que su organización fuera desarticulada.
“Estamos investigando la existencia de grupos de sicarios o personas que se estén dedicando al sicariato; que creemos que los hay”, dijo Guarteche, y agregó: “Es posible que haya gente que esté dedicada a matar por un precio, es una evolución natural”.
A esto se suma, según el oficial, que los narcotraficantes están utilizando a “personas que mantienen deudas de drogas” o a menores para cometer los asesinatos.
El jerarca policial sostuvo que parte del incremento de los homicidios se debe al éxito en el combate a las drogas. Estas operaciones culminan con narcos y distribuidores presos o requeridos, “provocando pérdidas económicas, bienes incautados y deudas”.
Entre el 1º de enero y el 30 de agosto la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas realizó 1.239 operativos, que culminaron en el procesamiento de 1.761 personas y la incautación de una tonelada de cocaína, 630 kilos de pasta base y 3.866 kilos de marihuana, según datos oficiales.
Esto provoca que los principales narcos estén en la cárcel y que el flujo de droga sea menor, por lo que aquellos que están manejando el negocio se tengan que pelear para obtener ganancias. “El hecho de que la mayoría de los cabecillas o jefes importantes están presos, entonces tomó el mando de las cosas gente más joven. La gente más joven tiene menos experiencia para manejarse y está ansiosa por ser reconocida en el ambiente. Por lo cual asumen las tareas de manera violenta para tomar un atajo”, sostuvo Guarteche.
“Antes los narcos trataban de hacer sus actividades de la manera más subrepticia posible. Si vos la empezás a hacer evidente, obviamente que vas a generar una reacción de las autoridades”, añadió el jerarca, que durante la anterior administración estuvo al frente de la Dirección Antinarcóticos.
El aumento de los homicidios ocurre aun cuando más del 70% de esos crímenes suelen ser aclarados por las autoridades. Al respecto, Guarteche dijo que los nuevos traficantes “no tienen miedo de ir a la cárcel, es casi como ir de vacaciones. El problema es que siguen la vía rápida para solucionar los conflictos. Se convencieron de que liquidando al oponente el problema se termina y eso no es así, en realidad eso provoca que queden más enfrentados a otros grupos”.
A su vez, la Policía entiende que el aumento de la violencia está relacionado con la “falta de códigos” de los nuevos delincuentes. “Eso ha provocado que se generen diferencias, acusaciones, robos de dinero y drogas, fricciones, enemistades, luchas por territorio, sospechas, conspiraciones”. Y eso, según los consultados, produjo “un aumento de los ajustes de cuenta con ataques preventivos y venganzas que culminan en una mayor cantidad de heridos y muertos
“La paradoja”.
Para disminuir los homicidios la Policía prevé aumentar la cantidad de efectivos patrullando en los barrios más complicados, en particular aquellos bajo la jurisdicción de las seccionales 16 (área de Casavalle) y 24 (Cerro).
Guarteche cree que es necesario que el Parlamento apruebe una ley que tipifique como delito la tenencia y tráfico de armas. Hoy en día, dijo, es “muy fácil” para los delincuentes acceder a un arma de fuego.
Otra de las medidas que aplicará la Jefatura de Montevideo para combatir los homicidios es “aislar al Penal de Libertad”, mediante la instalación de “inhibidores de celulares”. “Eso es importante porque desde ahí se dan órdenes para matar y cometer otro tipo de delitos”, justificó.
“Aislar las cárceles desde el punto de vista de las comunicaciones —añadió— es fundamental porque implica empezar a cortar el circuito que genera una delincuencia grande. Nos encontramos con la paradoja de que nosotros estamos cuidando, alimentando, dándoles techo a los delincuentes que nos generan con sus órdenes una situación de inseguridad que vive la población”.