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    Política exterior

    Sr. Director:

    Días atrás leí una interesante nota en vuestro semanario sobre las relaciones exteriores del Uruguay desde la óptica de asesores de precandidatos, de embajadores y del exministro de Relaciones Exteriores Dr. Didier Opertti. Este último hizo una referencia importante al señalar que la política exterior no podía confundirse con la política comercial. La política exterior es una parte vital de la existencia del país, implica el relacionamiento con el mundo, la afirmación de su independencia y de su seguridad y paz.

    Generalmente, personas que hablan de las relaciones del Uruguay se refieren a la inserción internacional como si ella fuera la disciplina de política exterior de un país. Obviamente el tener una inserción internacional ventajosa y poder penetrar en diversos mercados sin costos de aranceles es una consideración provechosa que naturalmente se busca.

    No por señalar y machacar con acierto que hay países que entran con arancel cero o muy bajo a China es que se va a lograr que Uruguay tenga ese mismo tratamiento. Lo importante es el camino que se emprenda: la estrategia y las diferentes tácticas que se empleen para lograr un objetivo de política comercial muy interesante.

    Los países no son considerados solo por lo que venden o por el precio de sus mercaderías disponibles. Como es de imaginar, existen otros factores de carácter político, geopolítico, cultural y de vínculos o alianzas. En el diseño de una política exterior, hay que tener mucha atención a las actitudes que se adoptan con respecto a hechos graves que suceden en el mundo, a regímenes totalitarios que oprimen a sus pueblos y que matan o encarcelan a políticos y estudiantes, por ejemplo. La omisión en denunciar violaciones a los Derechos Humanos o en la condena a regímenes dictatoriales es mirada con atención.

    El tratamiento financiero e impositivo, así como en materia laboral a las empresas extranjeras, son materia también de estudio en el análisis del comportamiento de un país a nivel internacional que se considera apto para recibir inversiones o para ser un socio confiable para un tratado o acuerdo de libre comercio. El respeto a las normas jurídicas y la independencia del Poder Judicial es otro de los factores importantes con las cuales las naciones o empresas toman sus decisiones en materia de inversiones o de política comercial. Prueba de ello es, por ejemplo, la minuciosidad con que una empresa extranjera finlandesa planea su inversión en el Uruguay.

    Más allá de los buenos esfuerzos que se han hecho o se están haciendo, con resultados dispares y con demoras u optimismos exagerados o inconvenientes como el de anunciar un tratado de libre comercio con China hace un tiempo atrás, no vemos claro el rumbo en materia de política exterior y tampoco conocemos cómo se va a llegar a los objetivos de comercio que se proclaman.

    No existe un plan determinado ni una estrategia más que la de vender o comerciar con el que se ponga a tiro y eso no es lo que creemos que un país tiene que hacer para tener un comportamiento serio y productivo en la materia. No conocemos un estudio detallado de la Cancillería sobre las potencialidades de política exterior con el resto de los países. Estamos hablando de un perfil detallado y completo de nuestros objetivos e intereses, si los hay, con una multitud de países, muchos de tamaño mediano y accesibles en diversos continentes. Una cosa es venderle a China commodities, que son las mercaderías o productos que ese país nos quiere comprar, y otra es abrir nuevas oportunidades para otros rubros comerciales o búsqueda de inversiones que hoy son tan necesarias.

    En materia de integración, no es posible seguir con un Mercosur que no funciona como es debido y que nos impide libertades comerciales. Entendemos que se va a proponer un cambio y algunas flexibilidades, entre las que puede estar la anulación de la Decisión 32/00 del Consejo del Mercado Común que nos impide celebrar acuerdos comerciales de manera individual.

    Hemos perdido algún tren hace años, que ya no va a pasar al menos por mucho tiempo. No se puede seguir perdiendo oportunidades por solidaridades ideológicas con países fundidos, algunos de ellos férreas dictaduras. Se ha perdido peso y tiempo con esas amistades que no nos han hecho ningún bien.

    En suma, la Cancillería, que tiene un buen plantel de profesionalidad y de gente capaz, no posee definidos claramente los objetivos y estrategias. La oposición a los propósitos del actual señor canciller por parte de órganos del partido de gobierno puede explicar estas situaciones.

    Es tiempo de decisiones y de consensos. Una verdadera política de Estado en materia de relaciones exteriores debería de ser adoptada una vez que el nuevo gobierno sea electo, no vemos espacio para hacerlo en año electoral, aunque se pudieran establecer bases mínimas de entendimiento a retomarse su consideración luego del acto electoral.

    Necesitamos una política exterior para los próximos 30 años, con un diseño moderno que responda a los verdaderos objetivos nacionales y para lo que deberá consultarse a todos los organismos públicos o privados interesados. No la tenemos establecida, hace tiempo que perdimos la esencia de esa política de la que hoy quedan los principios históricos y hechos de nuestras relaciones exteriores como evocación de un pasado importante que el mundo todavía recuerda.

    Sin otro particular, saludo a usted muy atentamente.

    Carlos E. Orlando

    Embajador de carrera (en retiro).

    CC AEA4895