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Una larga fila de hombres uniformados avanza lentamente, azotados por un vendaval de viento y nieve que los obliga a caminar encorvados. Al frente, un general a caballo con sombrero napoleónico. El cuadro en movimiento es imponente. La columna sale de Plaza de Mayo y marcha por la Diagonal Norte y la 9 de Julio, frente a un enorme ventilador, como los usados en rodajes. El elenco representa el legendario Cruce de los Andes de San Martín y su ejército. A ambos lados, la multitud se agolpa y se rompe las manos a lo largo y ancho de las avenidas de Buenos Aires. La escena sucedió el 25 de mayo de 2010, en los fastuosos festejos del Bicentenario en Argentina, ante millones de asistentes en vivo y por TV. Esa fiesta colosal marcó la consagración de la compañía que representó ese y otros magníficos cuadros. Desde entonces, el grupo fundado por Diqui James y otros artistas escindidos de la compañía De La Guarda, adquirió dimensiones planetarias. Once años después de su creación, Fuerza Bruta llega por primera vez a Uruguay para presentar su show homónimo en Landia, el nuevo centro de espectáculos instalado en el Parque Roosevelt, allí donde en marzo pasado se erigió la carpa del Cirque Du Soleil.
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Fuerza Bruta es el espectáculo insignia que ha recorrido el mundo y a partir del cual se creó Wayra, una obra en cartel desde hace un lustro en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires. James y los suyos desarrollaron un lenguaje teatral frenético y cautivante, un despliegue de adrenalina que apunta a saturar los sentidos. No hay palabras ni argumento. Solo postales argentinas, acción, aquí y ahora; un clima que combina fiesta y contemplación. El público —unos 200 espectadores por función— permanece de pie durante una hora y cuarto de alto despliegue físico no solo para los intérpretes, sino también para la audiencia, en constante circulación. Las imágenes irrumpen, la mirada se dispara y hay que moverse para ver mejor esto o aquello, con los actores-técnicos arriba, abajo o entreverados entre la gente. Esta dinámica cambiante e imprevisible impone una atmósfera de alta tensión, estimulada por una extrema potencia: luz, música, viento, lluvia, una tormenta escénica multisensorial, una experiencia teatral y musical de alto vuelo que envuelve al espectador. Mucho más que 3D, Full HD y visión 360º: realidad pura, entre el éxtasis y la violencia.
Mención aparte merece la banda sonora, en buena parte ejecutada en vivo. El compositor de la compañía, Gabriel Kerpel, es un músico de extensa trayectoria que ha hecho escuela en Argentina en el cruce contemporáneo de géneros regionales, folclóricos y ciudadanos con el pop, el reggae, el rock y ese cúmulo híbrido llamado cumbia. Kerpel logra una síntesis muy estimulante que dialoga perfecto con el descomunal agite que hace estallar la escena.
En Fuerza Bruta no hay roles fijos. “Todos hacemos todo”, dijo a Búsqueda Marcelo Curotti, uno de los intérpretes que alterna en los personajes masculinos. Lejos de lo que parece, dice que esta no es una obra tan compleja de interpretar. “No es un show de circo, que requiere habilidades específicas. Es una obra de teatro muy física y muy provocadora. La idea es llevar a la gente al límite. Al público le puedo hacer lo que quiera, siempre estamos entablando conexiones con los viejos, adultos y jóvenes, cada uno con sus códigos”. Aunque en ocasiones la línea se corre y hay que reescribirla: “Una vuelta llegamos a empujar tanto que un espectador reaccionó mal, pero en seguida todo se arregló”.
Corredor, uno de los cuadros emblemáticos de la obra, un hombre de traje y corbata corre sobre una gran cinta de gimnasio, amarrado a un arnés y debe evitar todo tipo de objetos que se le vienen encima, en una imponente alegoría del habitante urbano. Murga es una pieza musical con un gran despliegue de percusión y Mylar es una de las mayores innovaciones escénicas recientes en todo el mundo: un grupo de mujeres bailarinas-acróbatas se deslizan sobre una superficie plástica transparente situada sobre el público —todos mirando en 360º— y sobre la que circula agua. La plataforma baja lentamente y se sitúa a escasos centímetros de las cabezas de los espectadores, generando una visualización cenital inédita en un espectáculo acrobático.
Las cifras de Fuerza Bruta abruman: 5.800 funciones en 56 ciudades de 29 países de América, Europa y Asia; 2,6 millones de entradas vendidas y cinco millones de espectadores: casi un millón en Nueva York, 700.000 en Buenos Aires y 200.000 en Londres. Hasta el domingo 18, las entradas se venden en Red UTS desde $ 1.095 a $ 1.500.
Curotti explica que para llegar a la síntesis espacial que se plasma en un cuadro, el grupo puede estar “dos años investigando, trabajando duro hasta encontrar esa sensación”. El argentino afirma con rotunda argentinidad: “No hay en el mundo un homólogo de Fuerza Bruta, es único, es sui generis. Es un show muy argentino, en todo sentido, por la adrenalina, por la efervescencia. Es una obra muy pasional, como somos los sudamericanos”. Curotti está de acuerdo con la afirmación de que lo que hace con sus compañeros es una conjunción de teatro y rock. “Es así, totalmente: Argentina es un país rockero”.