Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTres a dos y ochenta a cero. El lector puede decir que este título es difícil de entender… y yo debo explicarlo. Después, cuando lo comprendan, podrán ver lo gráfico que intento ser al llevar al papel el dibujo de una realidad que irrita.
El 15 de febrero, a tempranas horas de la tarde, el autor de la página 6 de “Semanario Aiguá”, conducía su vehículo por la calle Uruguay —la única con nombre reconocido— por el balneario de Barra del Chuy, del departamento de Rocha, en primera marcha, moderando, por el pésimo estado de la misma —dicen que es la principal—, cuando pudo observar a tres inspectores de tránsito en una esquina.
Y ya en primera persona: miré todo el largo de esta vía de tránsito y solo habían dos autos: el mío y otro.
Ahí nace parte del inicio de mi artículo: tres a dos.
Los funcionarios charlaban, sonreían y saludaban a los vecinos que por allí pasaban que, dicho sea de paso, son poquísimos dado el vacío de una temporada veraniega pésima.
Como no anda nadie me pregunté para qué se pueden tener tantos empleados municipales sin cometido posible ante la total ausencia de rodados.
También me pregunté por qué no arreglan calles, carreteras y caminos. Y en esa interrogante estaba cuando se me ocurrió contar los pocitos, pozos y cráteres de dicha arteria; que no pasa de tener unas seis cuadras.
Tenía ochenta abiertos y cero tapados (segunda parte del titular).
Algunos dicen que este intendente tiene un alto porcentaje de aprobación. Yo estoy convencido de que se deberá a que hacen las encuestas con vehículos en marcha y se toma por positivo el cabeceo al que está expuesto el entrevistado. ¡No hay otra explicación!
Un experimentado jinete conocido mío afirma que él, sobre una motocicleta grande, entrena por estas calles (todas están estropeadas, incluyendo una con asfalto pintada a pincel), “y haciéndola correr a treinta quilómetros por hora —me decía— son tantos los pozos, tan profundos y tan sorprendentes, que mi moto parece el famoso ‘Paleta Quemada’…de aquí me voy derechito al Prado y les saco el primer premio en pelo, en basto y en grupa”.
Un camionero interdepartamental que yo interrogué por mi cuenta sobre el estado de estas “avenidas” y que había llegado al balneario mencionado anteriormente, me contestó así: “Haciendo juego con el mar encrespado las calles están a tono… el ‘mionca’ mío parece el toro mecánico”.
Yo cierro esta página convencido de haber minimizado el calamitoso aspecto del estado actual del primer balneario esteño del Uruguay, donde se puede pescar en las cunetas sin canalizar, esconderse en los pastizales de los baldíos junto a los sapos y las culebras, pero donde tenemos por lo menos tres inspectores de tránsito.
¡Que vivan las buenas administraciones!
Yamandú Rodríguez Velázquez
Barra del Chuy (Rocha)