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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáRodríguez nació como pueblo en el año 1909, y desde 2015 tiene la categoría de ciudad.
En ese lapso de más de un siglo, quienes nacimos y nos criamos aquí, disfrutamos de paz y tranquilidad.
Desconocíamos lo que significa cerrar las puertas de las casas o dejar los vehículos cargados y con llave.
Nos criamos en esa cultura, sabiendo el significado del respeto en todo sentido y sin que, en general, pudiéramos vislumbrar otras formas de vivir.
Solo por prevención frente a lo que nos mostraban los informativos, desde hace algún tiempo empezamos a cuidarnos, llegando al cercado de los hogares, y, emulando a la capital, los ciudadanos honestos ya estamos tras las rejas mientras los delincuentes deambulan libremente.
Pero ahora tomamos conciencia de que este mes de agosto determina la existencia de una bisagra en la tranquilidad ciudadana.
La oficina local de Antel ha sido asaltada en dos oportunidades, enmarcando episodios que por lo menos rayan en la curiosidad.
Pero el colmo fue dado con el asalto violento de esta semana, que nos ha hecho despertar de un sueño, y que sin dudas marca un antes y un después.
En primer lugar los vecinos reunidos queremos enviar a nuestro amigo Ramón y su familia toda nuestra solidaridad, acompañada de la posible energía positiva para su recuperación, y las oraciones por parte de los creyentes.
Y digo esto último porque cabe preguntarnos si es posible hacer algo, o tenemos que resignarnos solo a pedir la ayuda a Dios.
Un vecino honesto y trabajador, atendiendo un emprendimiento familiar fue no solo robado, sino vilmente baleado después del robo, y desde entonces internado en el CTI.
¿Qué podemos hacer nosotros?
Primero, acudir a las autoridades públicas que de acuerdo a la Constitución nacional y las leyes tienen la obligación de proteger a los ciudadanos en “su vida, honor, libertad, trabajo y propiedad”, como dice textualmente.
En segundo lugar, que estamos dispuestos a colaborar con esas autoridades, con todas sin excepción, para protegernos y para enfrentar lo que está ocurriendo.
Y en esa idea de colaboración nos permitimos sugerir:
Que exista un mayor y efectivo control policial en las calles de día y de noche.
Que se aumente considerablemente el número de efectivos policiales, porque sabemos que hay ocasiones en que ni la Comisaría tiene custodia porque los efectivos deben cubrir otros eventos.
Que se facilite a la seccional de los medios de locomoción suficientes.
Que se proteja la acción de los policías otorgándoles la autoridad y cobertura adecuadas a la función para que puedan actuar sin temor a resultar más perjudicados que los propios delincuentes.
Que la Justicia sepa apreciar la desventaja en que se encuentra la Policía, para que no se dé aquello tan repetido de que “mientras el policía está declarando, el delincuente sale en libertad”.
Que se adecuen las cárceles para que dejen de ser “escuelitas del crimen”, y se atienda la situación de los delincuentes disponiendo de trabajo para enfrentar el ocio que solo produce incremento de reincidencias.
Que el Poder Legislativo dicte urgentemente las normas jurídicas pertinentes a los efectos indicados.
En fin: pedimos que las autoridades escuchen el clamor de este pueblo, que ya es el mismo clamor de todo el Uruguay, que se pregunta: “¿HASTA CUANDO?”.
¿Es necesario esperar más heridos y muertos?
¿O es que ya no hay coraje cívico para que las autoridades se hagan eco de un pueblo que afortunadamente no tiene guerras, pero igualmente debe enfrentar a los malos conciudadanos?
Para terminar, advertimos a las autoridades: ¡Mucho cuidado!
Porque cuando un pueblo se cansa de no ser protegido, se corre el riesgo de intentar protegerse por sí mismo.
Y eso, autoridades públicas, sería mucho peor. Y es lo que no queremos.
¡Pero no nos empujen a lo que nadie quiere!
Esc. Carmelo Curbelo Soria