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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl país tuvo dos gobiernos con mayorías parlamentarias y bonanza económica, que no lograron redistribución de riqueza, ni convivencia pacífica, ni bienestar social, que la ciudadanía tiene derecho a exigir. Aumentaron desigualdades que imposibilitó el goce de derechos humanos esenciales. La década de oro fue para pocos con desigualdades para muchos. Aumentó la brecha entre ricos y pobres con extremos históricos. Por un lado la riqueza, con la propiedad e industria totalmente concentrada y extranjerizada. El país es un latifundio, con multinacionales y zonas francas donde los poderosos no pagan impuestos y brindan escasa mano de obra. Hay latifundios con extensiones equivalentes a cinco veces la superficie de Montevideo. Seis multinacionales dueñas del 65% de las áreas forestadas y dos del l00% de la producción de celulosa, que se exporta a través de Zonas Francas. Uruguay exporta madera (palos) y las Zonas Francas reciben palos verdes en U$S y Uruguay ve volar su riqueza como voló también Pluna; faltan aviones, no hay vías férreas y tenemos carreteras rotas por las multinacionales. Cuarenta productores agropecuarios tienen 1 millón de hectáreas que valen 5.000 millones de U$S con vacunos que alcanzan a la suma de 300 millones de U$S más. Antes se consideraba latifundista al que tenía más de 5.000 hectáreas. Hoy hay superlatifundios donde uno solo tiene extensiones de 370.000 hectáreas. La campaña está despoblada y desalambrada, es la contrarrevolución agraria progresista y enriquecedora. En los últimos 8 años se duplicó la emigración de la gente del campo a la ciudad, a razón de 39 personas por día y aumentaron los asentamientos. El 1% más rico percibe ingresos equivalentes al 14 % de los ingresos totales del país, con vehículos de alta gama a un costo de U$S 550.000 (Mercedes Benz SLS AMG 6.3 año 2013). Se vendieron 2.456 autos caros por 175 millones de U$S. La riqueza se concentró y también el poder que fue distribuido entre adherentes que perciben altas retribuciones, adicionales y prebendas. El costo del Estado es enorme e ingresaron 63.000 funcionarios que no se necesitan y por cada persona que trabaja en la actividad privada, dos reciben ingresos estatales. En el otro extremo, trabajadores y jubilados con reducidas retribuciones que perdieron la tercera parte de su valor adquisitivo, si lo comparamos con los años anteriores a la crisis, pagando precios caros por carne, pan, frutas y verduras que igualan o superan los precios del primer mundo y con educación y salud carenciadas y falta de vivienda. Las reformas tributaria y de salud encuadran en el modelo antagónico que critican, pero aplican, concentrador de riqueza y poder y que de progresismo solo tiene la grifa. Las restituciones Fonasa lo demuestran. Las recaudaciones de DGI y BPS muestran la desigual carga impositiva. Se exoneró al capital y gravó al trabajo y a las jubilaciones dignas. Gravaron las ganancias de capital que son rentas, aplicándole una tasa fija y a los salarios y jubilaciones que no lo son le aplican una tasa progresiva que muestra que por un mismo monto, pagan más asalariados y jubilados que rentistas. Confirma que el nombre del modelo, no hace a lo que el modelo es y hay mucho ruido y sobre todo pocas nueces y grandes desigualdades. El Mides el empleador de los indigentes, paga subsidios para que no trabajen, pero los retiene a perpetuidad en la miseria, con planes sin desarrollo ni inclusión social que procura adherentes, para mantener la burocracia. La pobreza no bajó, la maquillaron. La marginalidad cultural, sanitaria y de vivienda es notoria. Cuando hubo bonanza, no hicieron obras de infraestructura social y todo fue despilfarro y jolgorio. Fueron los mecenas de los necesitados que siguen marginados cultural y económicamente y los engañaron con un consumismo importador que mucho recaudó y nos endeudó. La deuda pública es enorme, la duplicaron largamente, y nos hace dependientes de las exigencias del capital extranjero que antes combatían y ahora es capitalismo compañero. Somos el almacén de las multinacionales y un día nos clausurarán y pasaremos a ser un simple contenedor. Anuncian más inversiones públicas, que fueron todas a pérdida y siguen emitiendo e hipotecando al país. No mejoran la producción nacional con infraestructura adecuada y aumento de fuentes de trabajo y salarios dignos que acompañen a la inflación que siempre manipularon. Las pautas salariales desindexadas y con porcentaje único aumentan las miserias, y los asalariados y jubilados con ingresos de 10.000 pesos les dan un aumento 350 pesos que no alcanza para comprar un pan por día. Si esto es progresismo Rockefeller es Robin Hood.
Carlos Melgar