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    Protección de los animales

    “Usted debería ocuparse más de los niños y los ancianos y no tanto de los animales” me espetó una señora a la salida de un supermercado cuando aún era legislador.

    “Con el debido respeto, señora —le contesté— creo que usted tiene un problema de corazón chico en el que solo le caben los niños y los ancianos, pero no los animales. Afortunadamente, yo no tengo ese problema, caben todos y alguna cosa más”.

    Más allá de la anécdota, he visto repetirse en estos días, este tipo de razonamiento de falsa oposición. “Hay problemas más importantes que andar ocupándose de los animales porque un energúmeno mató a golpes una pobre yegua grávida que ya no daba más con el esfuerzo”, dicen algunos. “Habría que hablar más de la violencia entre humanos”, dicen otros.

    Podría calificar muy duramente a quienes así piensan, pero voy a resistir la tentación y a decir, simplemente, que están equivocados.

    Es verdad que durante gran parte de mi desempeño público este fue uno de mis desvelos y no podía ser de otra manera, para un batllista. Pero no fue el único. Cada sector vulnerable de la sociedad necesita especialmente el amparo de la norma y las instituciones. Esa fue mi preocupación constante y si alguien tiene la dosis de ocio suficiente para investigarlo encontrará, tanto en la web del Parlamento como en la historia de UTE, numerosas evidencias de lo que afirmo.

    Ninguno de esos sectores más desprotegidos debe ser excluido de una política humanista. Las postergaciones en la atención que se les debe con la excusa de otras prioridades llevan al estancamiento y al atraso. Ni más ni menos eso es lo que ha ocurrido con el bienestar de los animales en el Uruguay.

    El proceso modernizador del Uruguay de principios de siglo al impulso del batllismo pudo incluir una legislación ejemplar de protección a los animales. Baste decir que la ley 5657 de 1918 fue el único instrumento legal en el que, durante décadas, las instituciones de protección animal pudieron ampararse para poder hacer algo.

    En 1993, caminábamos por la Avda. Gral. Flores cuando vimos una protesta frente a la Facultad de Medicina. Denunciaban las atrocidades que entonces cometía la Cátedra de Cirugía Experimental (o como se llame) contra los animales sujetos a experimentación.

    Me decidí a hacer algo.

    Como no ocupaba ningún cargo público confeccioné un proyecto de ley y se lo llevé a los integrantes de la Comisión de Medio Ambiente del Senado. No tuve éxito.

    Con un grupo de amigos inicié una campaña de sensibilización en la vía pública, colocando adhesivos reclamando la ley en los automóviles.

    Ese mismo año, me entrevisté con el Dr. Sanguinetti y me pidió que redactara una propuesta para incluirlo en el Programa de Gobierno que el Partido Colorado presentaría en las elecciones de 1994. Así lo hice y se incluyó el punto 5.4. en el Programa referido.

    También en ese año llevé el texto de un nuevo Proyecto a la Bancada de Diputados del Partido Colorado que lo hizo suyo y lo presentó a la Cámara respectiva. Nunca se llegó a tratar.

    En 1995, el nuevo Presidente cumplió con lo establecido en el Programa y constituyó un Grupo de Trabajo Interministerial que presidí, representando a la Presidencia de la República, para trabajar en el tema.

    Lo hicimos durante dos años y logramos que: el Poder Ejecutivo suprimiera la “perrera” de Salud Pública, se incluyera en la Encuesta de Hogares un relevamiento sobre las mascotas (el único dato oficial que existe hasta el momento) y se elaborara un anteproyecto que el Poder Ejecutivo envió al Parlamento el 17 de junio de 1997.

    En 1998 organizamos una campaña de apoyo a la ley, entregando en la Comisión de Legislación de Representantes 140.000 firmas.

    Toda esta movida dio como resultado que la Universidad dictara una ordenanza autorregulando los procedimientos de experimentación.

    También en 1998 y viendo que el Proyecto del Poder Ejecutivo se encontraba trancado en la Cámara de Diputados, al asumir como senador presenté un proyecto idéntico en el Senado. Ninguno de los dos culminó su tratamiento en esa Legislatura.

    En el año 2000 asumí como representante nacional, solicité el retiro de archivo del proyecto del Ejecutivo y nuevamente se comenzó a estudiar.

    Luego de un largo tratamiento, el 17/12/2001 se aprobó por unanimidad de todos los partidos políticos. Cuando pasó al Senado, lo amputaron tanto que volvió a naufragar.

    En el año 2007, el Senado comenzó el tratamiento de tres proyectos de ley: uno presentado por el senador Penadés, otro por la bancada de Senadores del Frente Amplio y el restante por la bancada de Senadores del Partido Colorado, que tuve el honor de redactar.

    De todo ello surgió un tímido proyecto que fue aprobado por la Cámara de Senadores, luego pasó a Diputados, que lo empeoró y finalmente en el año 2009 se aprobaron las Leyes 18.471 (Tenencia Responsable) y 18.611 (Utilización de animales en experimentación, docencia e investigación científica).

    Me he decidido cansar al lector con toda esta historia porque todos los días me encuentro con personas en la calle que me preguntan por qué no ha salido la ley. Cuando les respondo que sí hay dos leyes me responden: “Pero no sirven para nada.”

    Oportunamente advertí sobre la inocuidad de estas normas que no le dan a la Comisión Nacional de Bienestar Animal ni la jerarquía institucional ni los recursos que necesita; que no castigan en forma efectiva (como sí lo hacen otros países) los actos aberrantes de maltrato y crueldad; que dejan fuera de la protección aspectos tales como los sacrificios en rituales “religiosos” o la práctica del tiro al blanco con animales vivos; que eluden hincarle el diente al registro de prestadores de servicios que utilicen animales para renta o carga, etc., etc.

    Como si estas normas insuficientes no bastaran, el Poder Ejecutivo no ha demostrado ningún interés o compromiso con el tema.

    Por eso los jueces dejan libres a salvajes inadaptados que deben ir presos, por eso siguen vendiéndose especies prohibidas en las ferias vecinales, por eso siguen existiendo criaderos clandestinos de perros, por eso siguen existiendo riñas de gallos, por eso los niños siguen encontrando en las playas y esquinas restos de animales “sacrificados”, por eso existen zoológicos en condiciones lamentables, por eso siguen existiendo mataderos clandestinos en la periferia de Montevideo y muchas cosas más.

    Los “lobbies”, las “academias” (que nunca solucionaron nada y tampoco lo hacen ahora), los que sólo aceptaban una ley que fuera a su juicio perfecta, los fundamentalistas con más afán de protagonismo que buenas intenciones, los que lucran con los animales, la permeabilidad de algunos legisladores, la ignorancia de muchos periodistas que han pretendido ocuparse el tema y, en general, la mezquindad y la indiferencia, se han bien encargado de que sigamos sin recuperar la vanguardia que una vez el Batllismo nos dio.

    Dr. Ronald Pais