N° 1742 - 05 al 11 de Diciembre de 2013
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos nuevos estallidos de violencia en el fútbol coincidieron con reflexiones que leí sobre otros temas del agudo novelista español Antonio Gala. Le preguntaron cuál considera que es hoy el sentido de la popular expresión española “putada” y, en su diagnóstico, reseñó un cúmulo de fracturas sociales y políticas que sacuden a su país. En cada respuesta reiteró ese vocablo que, trasladado a nuestro lenguaje corriente es sinónimo de inumerables expresiones, entre ellas “mala intención”, “jugarreta”, “trampa” e incluso “delito”. Por lo adecuado, lo tomé prestado.
Putada es que dirigentes de los clubes y el Ministerio del Interior se empecinen en acusaciones recíprocas en lugar de asumir responsabilidades.
Putada es que cada involucrado (dirigentes, jugadores, técnicos, policías, clubes y la Asociación Uruguaya de Fútbol) no expresen un espontáneo mea culpa por la responsabilidad que les toca y en cambio procuren sacarse el sayo.
Putada es que por fanatismo o miedo, algunos encubran a los responsables de la violencia y que, directa o indirectamente, los sostengan económicamente.
Putada es que para identificar a los vándalos, la jueza penal Julia Staricco haya tenido que exigirle a Peñarol y a Nacional que le entreguen los padrones sociales, una acertada medida sin precedentes.
Putada es que, cobardemente, jugadores, técnicos y dirigentes negocien con las barras bravas y cedan a sus demandas, cuando en cambio, temblando, se callan la boca cuando esos mismos energúmenos agreden o amenazan a jugadores y dirigentes.
Putada es que dirigentes, jugadores y técnicos alienten indirectamente a esos hinchas a enfrentarlos disculpándose públicamente por una derrota, como si se tratara de una infidelidad, y la victoria una obligación.
Putada es que los jugadores exageren ante infracciones que suelen derivar en enfrentamientos físicos, lo que para muchos machistas son “entre hombres” que “ponen lo que hay que poner”.
Putada es en el mismo sentido el cántico agresivo e insultante de los hinchas y la gestualidad desafiante de jugadores y técnicos que, a la distancia, muchas veces conscientemente, exacerban a los fanáticos. Hechos similares condujeron en 2000 al juez Pablo Eguren a procesar con prisión por el delito de riña a seis jugadores de Peñarol, a su técnico Julio Ribas y a tres jugadores de Nacional, una decisión que llamaría a sosiego si fuera más frecuente.
Putada es que muy pocos recuerden lo preciso del artículo 1º de la ley 17.951 de enero de 2006: “Se entiende por violencia en el deporte toda conducta agresiva, de hecho o de palabra, dirigida contra el público en general, participantes o autoridades organizativas de un espectáculo deportivo, producida antes, durante o después del espectáculo que tienda a perturbar su normal desarrollo o a incidir en el resultado por medio de la acción física o verbal”.
Putada es el discurso elíptico o despectivo de algunos jugadores para no comprometerse. Se ubican en el Olimpo pese a que su única virtud intelectual y cultural es patear una pelota dentro del cementerio de elefantes artríticos en que se ha convertido el fútbol uruguayo.
Putada es que los jugadores de Nacional se hayan negado a entrevistas con periodistas de “El Observador” por discrepar con una información que ese diario publicó. Les han hecho creer que el elogio es obligatorio y afectan la libertad de prensa sin que sus empleadores intervengan.
Putada es la ineficiencia policial para controlar la violencia y que los uniformados huyan ante el embate de las hinchadas, lo que en nada difiere con la ineficiencia del combate contra otros delincuentes cuando son expulsados de algunos barrios.
Putada es la cantinflesca explicación sobre las complejas nuevas medidas de control que expuso el ministro del Interior, Eduardo Bonomi.
Putada es que algunos políticos critiquen la violencia en el fútbol y, al mismo tiempo, defiendan la violencia de algunas protestas con objetivos partidarios.
Putada es que en los alrededores y adentro de los escenarios deportivos, especialmente en el Estadio Centenario, circulen alcohol y drogas sin control lo que es, además de llamativo, sospechoso. Dentro de poco habrá centenares fumando legalmente marihuana.
Putada es que gobernantes, dirigentes, hinchas y periodistas destaquen constantemente las “hazañas” deportivas de “héroes” de barro y que, en cambio, estos conflictos pasen rápidamente a un segundo plano hasta que reaparecen con igual o más violencia.
Putada es que no se haga una evaluación seria y multidisciplinaria sobre la forma de combatirlos o erradicarlos, como ha sucedido con éxito en otros países.
Putada es que gobernantes, partidos, dirigentes, empresarios y ciudadanos no se unan para buscar soluciones, expulsando o aislando a vándalos propios o ajenos, en lugar de compartir los mismos espacios como si fueran cómplices o encubridores.
Putada es que en el deporte de base no se eduque a los niños en el respeto por la diversidad y contra la violencia para que cada justa deportiva sea un ejemplo de convivencia y respeto. En cambio, se los alienta a combatir como guerreros y a considerar con fanatismo al fútbol y a las instituciones como un valor supremo.
Putada es que una actividad que debe representar sacrificio, disciplina, esparcimiento, superación mediante el esfuerzo, juego en equipo, armónica conjunción de intelecto y físico, y belleza estética, nos retrotraiga a los circos romanos mientras se observa pasivamente cómo varios Nerones bajan el pulgar esperando la sangre del rival.