El otro motivo es tratar de que la Cámara recupere el peso que debe tener, ya que en los últimos años estuvo como adormecida. El comercio y los servicios representan el 60% del Producto Bruto Interno, y generan entre 60% y 70% de los puestos laborales del Uruguay.
—¿En qué asuntos la gremial debe hacer sentir su voz con más fuerza?
—Una preocupación central es la ley de responsabilidad penal empresarial; había siete senadores que no la iban a votar y, sin embargo, se aprobó por la presión sindical. En mi opinión, es una norma totalmente ideológica; no se refiere a la negligencia o a qué pasa si un empleado no cumple con los requisitos de seguridad que el patrón le dio. ¿Cuál es la defensa del empresario? Y que no se entienda mal la palabra empresario, porque uno dice empresario y parece que está hablando del dueño de un banco, de una multinacional. No, no, esta ley le va a pegar a las micro, pequeñas y medianas empresas. Afecta al panadero, el quiosquero, al taximetrista, al que invierte todos los días en el Uruguay. También a quien tiene una empleada doméstica. En el campo, cuando un tractor se da vuelta y el trabajador venía tomado, ¿cómo vamos a actuar frente a este tipo de casos?
Ojo, estamos absolutamente de acuerdo que no haya accidentes, pero no es mandando preso al empresario que se van a solucionar los problemas.
Un acreditado en la materia, como el catedrático en Derecho Penal Germán Aler, ha dicho que en su carrera nunca vio una aberración tan grande como esta.
Por otra parte, ¿esta ley va a abarcar al sector público, que es el mayor empleador? No me lo han sabido responder.
—¿La CNCS va a recurrir esta ley?
—Lo vamos a analizar y yo voy a hacer lo imposible para tratar de lograr los argumentos para declararla inconstitucional.
Cuando se discutía esta ley un amigo preguntó: ¿quién gobierna?
—¿Dice que la presión sindical domina también otras áreas en el país?
—Pasó con la asignación de los canales de televisión. Hubo una propuesta de los sindicatos y otra de las cámaras en conjunto, con una mejor propuesta económica. Solamente se aprobó el canal del sindicato; ¿y por qué los empresarios no pueden tener un canal para poder comunicar sus temas?. ¡Le están cortando la voz al sector empresarial!
—¿El empresario está mal visto en Uruguay?
—Hay una posición que se escucha en la calle y en todos lados en cuanto a que el empresario lo que hace es ganar, lucrar, forrarse de dinero y matar las posibilidades de desarrollo que puede tener un empleado. Hay que transmitir cuánto aporta el empresario a la actividad nacional.
Además, la incidencia del Estado en las empresas es brutal. El agua es pública, la UTE es pública, el teléfono, el BSE... se pone a sumar y los empresarios tenemos un socio de dos tercios.
Tenemos un aparato estatal monstruoso. Este gobierno tuvo la gran iniciativa de reformarlo, pero no pudo. También es notorio que la educación ha ido involucionando, lo que tiene influencia en el país productivo.
—¿Qué propone?
—No estamos en contra del reparto de la riqueza, pero hay que tener cuidado a veces. Tenemos que buscar la forma de dialogar. No podemos siempre pegar para un solo lado.
—¿Por qué hasta ahora el empresariado no ha podido hacerse escuchar?
—Porque tenemos la costumbre de no cortar la calle, de no prender fuego a neumáticos, de no agarrar pancartas y cortar la ruta o pararnos en el Palacio Legislativo o ir a las barras a hacer lío. No tenemos ese estilo, pero parece que es lo que da resultado.
¿Fíjese si planteáramos una ley buscando la seguridad del empresario? Nos matan a un empresario todas las semanas —un almacenero, un quiosquero—, le pegan un tiro... ¿Quién nos da la seguridad a nosotros?
Tenemos que convivir, lograr acuerdos, conversar. Los Consejos de Salarios provocan un poco eso, un enfrentamiento.
—Las últimas encuestas entre socios que hace la CNCS muestran una desaceleración del ritmo de crecimiento de las ventas trimestre a trimestre. ¿Qué perspectivas ve para la actividad del sector?
—La actividad ya se está frenando porque no estamos siendo competitivos. Sale más barato viajar una semana al exterior que pagar un hotel aquí. El Uruguay ha perdido competitividad, ¡estamos carísimos! El dólar debería tener un ajuste para que el Uruguay entre a tono.
—¿Cómo se corrige esta problemática?
—El Uruguay vende servicios, y el agro necesita un mejor dólar. Hay muchas formas de poder hacer ese ajuste; no soy economista, pero hay formas. No sé, emitir moneda. Si se emite, devaluás. Tenemos un atraso cambiario de un 30%.
Frenar la suba del tipo de cambio para contener la inflación no es una solución... Con un dólar más alto hay un sector que le pega, no hay duda, pero va a ser peor en la medida que se siga agrandando la brecha de competitividad. Argentina devaluó 200% en los últimos dos años, Brasil 40%, ¿y nosotros?
—¿Cuánto tendría que valer el dólar?
—Para mí arriba de $ 27.
—Para los importadores un precio más alto sería perjudicial...
—Pero cuando el campo anda bien andamos bien todos, eso hay que sacárselo con peine fino. Los fabricantes, los agrícolas y ganaderos necesitan un mejor tipo de cambio. Hoy te cuesta más barato comprar la heladera que llenarla. Y bueno, cuando el dólar está caro los productos importados salen un poquito más, qué le vamos a hacer.
—¿Cómo se imagina un eventual nuevo gobierno del Frente Amplio a partir de 2015 en términos de políticas para el sector privado?
—Según las encuestas parecería que fuese a ganar Tabaré Vázquez. Los otros que pueden arrimarse y quizás pelear la elección pueden ser los blancos.
La ideología que estamos viendo entre gobierno y sindicatos más que nada se dio con la actual administración. Vázquez creo que es bastante más cauto, tiene muy buen asesoramiento. Y al vicepresidente Danilo Astori lo vimos enojarse con este tipo de cosas.
—Sin embargo, el precandidato Vázquez se ha manifestado en esta campaña a favor de aumentar la carga de impuestos a sectores empresariales.
—Bueno, tendremos que discutir. Que no nos hagan enojar a los empresarios.
—¿Qué quiere decir?
—Y que no nos transformemos nosotros en movimientos y quejas parecidas a las que hacen los sindicatos. Creo que acá todo pasa por el diálogo y la convivencia. Porque llega un momento que si tenés tanta presión vos cerrás, no te vas a fundir.
—¿Puede decirse que el nivel de malestar entre el empresariado uruguayo está llegando a un punto crítico?
—Estoy viendo las quejas. Pero no estamos en un punto crítico. Hay empresarios a los que les escuché decir que hasta julio o agosto de cada año trabajan para el Estado y de ahí para adelante tratan de generar algo para su bolsillo personal. Hay veces que uno no quisiera estar en esa camiseta.