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    Representatividad de las mujeres en los cargos electivos

    Sr. Director:

    Entiendo que a cada partido político en particular y a todos en general les asiste el derecho de establecer sus normativas internas propias e intransferibles (estatuto, reglamento, ideario, programa, etc.) de cómo regir su actividad y qué desean y quieren desempeñar en su acción política.

    Entre la novedad, desde hace no mucho tiempo, discútese la cantidad o el porcentaje de cuántos cargos electivos deben darse por ley al sexo femenino (indignante dádiva para las mujeres), respecto a los varones.

    Aclaro que siento, desde siempre, una muy arraigada y profunda admiración por el sexo femenino y, para mí, repito y lo subrayo, para mí, no acepto discutir ya que me es obvio, axioma y dogmático que la mujer, por ser madre e incluso no lo sea, debe ocupar en toda sociedad un sitial de privilegio ante los varones. No somos iguales y por tanto no estoy con la igualdad de género; somos distintos y nos complementamos, recalcando siempre y colocando a la mujer en una posición superior a los hombres. Incluso, y agrego (y me expongo a ser criticado), estoy totalmente en desacuerdo con el “matrimonio igualitario” y con “que las relaciones sexuales son opcionales”. No soy médico, ni psicoanalista, ni sexólogo y menos aún licenciado en Genética Humana en La Habana ni en ningún lado. Soy solo un simple ciudadano obligado a votar a una mayoría de varones incapaces y cretinos, que digo lo que pienso; y pienso que el dicho de: “¿Dónde va Vicente? Al ruido de la gente” si lo aplicamos a la opción con la unión de homosexuales en un hipotético y trasnochado apoyo de una imaginativa totalidad, el hombre (mujer o varón) en más o menos cien años desaparece como especie de la faz del planeta Tierra.

    Está archisabido y demostrado que en cuanto a la capacidad intelectual, entre una mujer y un hombre no existe ninguna diferencia. Es justamente en el grado y potencial cognoscitivo que debe ser valorada la mujer y el hombre para ser elector y elegido, dejando afuera otra consideración afectiva o volitiva.

    Por tanto, deploro que se trate a la mujer como un número o porcentaje. El tratamiento así es perverso para quienes lo promueven ya sea hombre o mujer y es una humillación indigna a las mujeres que lo aceptan; que con ello implícitamente acceden y asumen resignadamente a autorreconocerse incapaces, sin mérito, sin disposición para ocupar un cargo electivo y que solo deben “pelear” y limosnear que los varones les regalen la oprobiosa dádiva de un tanto o cuanto por ciento por una poltrona en el Parlamento y, con ello, dejar explícitamente demostrado que son inferiores políticamente a los hombres.

    Veamos: el porcentaje ¿cuánto vale? ¿Cuál es el precio que vale una mujer respecto a un hombre, políticamente hablando? ¿Un 30%, un 50% o vg. un 64,38%? ¿Cuánto? ¡Qué horrible! ¡A lo que hemos llegado! Acaso eso: ¿no está lindando con una prostitución política?

    Los censos (todos ellos) nos han dado que hay más mujeres que hombres en nuestro país; entonces ¿por qué no toman otra alternativa? Únanse las mujeres y es probable que, en todos los partidos, haya más mujeres votantes que varones y por esa vía y mediante elecciones internas en convenciones o congresos pudieren lograr, así, una representatividad mejor que la actual y hasta mayoritaria, sin lugar a dudas. ¿Por qué no utilizan esa vía u otra de mejor ocurrencia, si la hay? Pues el porcentaje por decreto es irracional e injusto por poco o por mucho.

    A las respetables damas de nuestro país: están a tiempo de organizarse si comienzan ahora, siempre que lo deseen, para lograr algo distinto y digno que un simple y repudiable porcentaje dictado ¿por quién? Acaso, y quizás, ¿por el Oráculo de Delfos? Ustedes son mayoría y hay cada “personaje” varón en el Parlamento y que no son pocos que más “vale perderlos que encontrarlos”. En tanto la señora abogada-escribana Graciela Bianchi y la socióloga señora Constanza Moreira como otras tantas no necesitaron porcentajes para ingresar al Parlamento. Dejen de llorar y quejarse, porque los incapaces varones que calientan sillones en el Palacio Legislativo son puestos ahí por culpa de los electores con mayoría femenina.

    Termino y aliento a todas las mujeres a organizarse hoy y, mañana prontito, recogerán el fruto de sus esfuerzos sin tener que aceptar migajas de machistas que dominaron y dominan todas las sociedades, sin distinción de países y etnias y ¡religiones! Jesucristo daba preferencia a los niños y a las mujeres, ¿o no?

    Esteban G. Los Santos

    CI 956.521-7

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