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    Réquiem por el italiano de corazón portugués

    Antonio Tabucchi (1943-2012)

    Se había enamorado de Lisboa cuando tenía 20 años y era estudiante de Filosofía y Letras en la Universidad de Pisa. En esa ciudad de melancólicos fados, calles antiguas y una especial luz blanca, Antonio Tabucchi encontró condensada la poesía de Fernando Pessoa que él quería estudiar. Desde entonces quedó unido para siempre a Portugal, a su lengua y a su poesía, y su vida se repartió entre una casa italiana y otra portuguesa. En Lisboa falleció el domingo 25 a los 68 años como consecuencia del cáncer que padecía desde hacía varios años. Y también es en Lisboa que hoy, jueves 29, sus restos están recibiendo sepultura en el cementerio Dos Prazeres, allí donde en 1935 fue enterrado su admirado Pessoa. 

    Tabucchi, quien desde 2004 tenía nacionalidad portuguesa, había nacido en 1943 en Pisa, en la Toscana italiana, pero pasó su infancia y su adolescencia en Vecchiano, el pueblo de sus abuelos, de quienes el escritor aprendió “las cuatro o cinco cosas” que lo guiaron para siempre.

    A mediados de los sesenta, cuando era estudiante en la Sorbona, conoció la obra de Pessoa a través del poemario “Tabacaria”, firmado por Alvaro de Campos, uno de los cuatro “heterónimos” o alter egos creados por el poeta. Para conocer la obra del autor, Tabucchi aprendió a fondo portugués y se convirtió en uno de los mayores estudiosos de Pessoa, a quien divulgó y tradujo al italiano. En su libro “Autobiografías ajenas” (2003) recuerda, a través de un sueño con su padre fallecido, cómo el portugués había pasado a ser más que una segunda lengua, la lengua de sus apegos: “Mi padre me habló en portugués. Pero ‘su portugués’ (…) poseía las tonalidades del ansia, de la nostalgia, de la languidez, de la ternura, de la resignación, que pertenecen exclusivamente al toscano rústico de mi infancia”.

    Catedrático de lengua portuguesa en diversas universidades italianas, francesas y norteamericanas, autor de una veintena de libros traducidos a 40 lenguas, que abarcan cuentos, novelas y obras de teatro, Tabucchi es uno de los mayores representantes de la literatura italiana y europea contemporánea. Su obra recibió varios reconocimientos, entre ellos del Pen Club italiano en el 2000, y su nombre fue postulado reiteradamente para recibir los premios Príncipe de Asturias y Nobel de Literatura.

    El inicio de su carrera literaria fue en 1975 con la novela “Piazza Italia”, a la que siguieron antologías de cuentos. Pero su consagración internacional llegó con “Réquiem. Una alucinación” (1992) y con “Sostiene Pereira” (1994), llevada al cine por Roberto Faenza en 1996 con Marcello Mastroianni como protagonista en una de sus últimas actuaciones antes de morir.

    “Si alguien me preguntara por qué esta historia ha sido escrita en portugués, le contestaría que una historia como ésta solo podía ser escrita en portugués, y ya está. (...) En cualquier caso, comprendí que no podía escribir un Réquiem en mi lengua, sino que necesitaba de una lengua distinta, una lengua que fuera un lugar de afecto y, a la vez, de reflexión”, escribió el autor en la obra, un relato a modo de diario que constituye un homenaje a Lisboa y a su lengua.

    Este libro, el único que Tabucchi escribió en portugués, sigue la travesía alucinada del narrador durante doce horas de un domingo por la ciudad calurosa y desierta, en busca de un personaje famoso que quizás se le aparezca a medianoche. Un taxista despistado, un vendedor de lotería que lee un artículo sobre el alma, un portero de pensión desconfiado y un revisor de tren que ama las palabras cruzadas son algunos de los personajes oníricos y reales que se le cruzan en su trayecto, en el que no falta la buena gastronomía portuguesa.

    “Réquiem” conjuga la “saudade” —ese sentimiento tan difícil de definir y que tan bien supo trasmitir Pessoa— con el estilo sobrio, preciso y plástico con el que Tabucchi elaboró historias y personajes memorables. “La noche es cálida, la noche es larga, la noche es magnífica para escuchar historias, dijo el hombre que vino a sentarse a mi lado en el muro del pedestal de la estatua de D. José. (…) Esta es la luna de los poetas, dijo, de los poetas y de los fabuladores, ésta es una noche ideal para escuchar historias y para contarlas también”, dice uno de los relatos, que trata sobre lo que se cuenta y no se cuenta y sobre la inmovilidad del tiempo de una noche frente al río Tajo.

    En una de sus últimas entrevistas, Tabucchi explicó que sus personajes “deben tener un ADN semejante” a los de Pessoa, pero que él era incapaz de detectarlo. “Se observa mejor desde fuera. Los críticos dicen que mis temas son lo errante, el desasosiego, los personajes que tienen una vida incompleta, los vagabundos de la vida, los perplejos. Creo que en mi obra hay muchos personajes semejantes, aunque se encuentren en situaciones distintas”.

    Bastante de Pessoa tiene un viejo periodista viudo y un poco pasado de quilos llamado Pereira, justamente uno de sus personajes más recordados. “El señor Pereira me visitó por primera vez una noche de setiembre de 1992. En aquella época no se llamaba todavía Pereira, no poseía trazos definidos. Era una presencia vaga, huidiza y difuminada, pero que deseaba ya ser protagonista de un libro: era solo un personaje en busca de autor”, escribió Tabucchi acerca de “Sostiene Pereira”, quizás su novela más leída y celebrada, que fue inspirada en un hombre real que conoció en París donde ese periodista portugués estaba exiliado por escribir contra la dictadura de Salazar.

    “En sus visitas nocturnas me iba contando que estaba demasiado gordo, que era viudo, cardiópata e infeliz. Que le gustaba mucho la literatura francesa, especialmente los escritores católicos de entreguerras (…), que estaba obsesionado por la idea de la muerte”. Así fue creciendo este personaje que a pesar de sus miedos y de sus precauciones se atreve a rebelarse contra la dictadura de su país mientras se desarrolla la guerra civil española y el fascismo italiano. En medio de símbolos de opresión y de muerte, Pereira entabla amistad con un joven colaborador del diario, Monteiro Rossi, y de esa relación surge el amor por la vida y la libertad. Es así que el taciturno y rutinario Pereira se vuelve un ser complejo hasta convertirse en uno de los personajes más creíbles, y queribles, de la literatura.

    En su país también se conocía a Tabucchi como un gran polemista en “Il Corriere della Sera”. Su faceta periodística la ejerció además en “Le Monde” y “El País” de Madrid. Y sus dardos más filosos de los últimos tiempos los tiró contra el gobierno de Silvio Berlusconi. En su artículo “Desberlusconizar Italia”, publicado en “El País” el 12 de noviembre de 2011, opinó: “Hoy que Berlusconi se va, será difícil desmontar su imperio, todo aquello de lo que se ha apropiado y anular las leyes anticonstitucionales que en estos 17 años de poder ha promulgado en beneficio propio (...) Hoy puede decirse que Berlusconi creó un mundo ficticio gracias a su imperio televisivo y mediático y que los italianos cayeron en un ‘Show de Truman’”.

    En su largo análisis, tuvo otras críticas para los medios de su país y para el Vaticano, “el otro gran cómplice” de Berlusconi. “Los coqueteos, los acuerdos, los compromisos entre Berlusconi y la Conferencia Episcopal durante estos años han tenido algo de obsceno”, aseguró.

    Tabucchi dejó páginas hermosas en obras como “La línea del horizonte” (1988), una novela de detective y también de preguntas sobre el sentido de la vida, como “Nocturno hindú”, en la que aparece nuevamente el viaje tras un amigo desaparecido por una India exótica y extraña, o como “Tristano muere”, con un héroe que lleva un nombre literario.

    Entre sus últimos libros se encuentra “El tiempo envejece deprisa” (2010), un libro de nueve cuentos que rinde homenaje al escritor norteamericano J.D. Salinger y sus “Nine Stories”: “Para mí, es el libro de cuentos más bello del siglo XX”, dijo Tabucchi al presentarlo. Este año, acaba de ser traducida al español “Viajes y otros viajes”, una recopilación de artículos sobre su itinerario por el mundo.

    Al igual que su familia, que compartía la nacionalidad italiana y portuguesa, la obra de Tabucchi fue creada entre dos patrias, a veces a partir de una solitaria palabra, de esas que suelen estar en el interior de los grandes escritores: “Quién sabe si una novela escrita en una lengua que no es la nuestra puede nacer de una minúscula palabra que nos pertenece solo a nosotros, y a nadie más. A veces una sílaba puede contener un universo”.