N° 2023 - 06 al 12 de Junio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA veces es muy obvia la realidad, te sacude estés donde estés, sin tener que dar ni un paso. Pero otras es necesario tomar distancia, unos 10.000 kilómetros, como para poder interpretarla de mejor manera. Viajar por ejemplo unos días a Madrid y más precisamente a las afueras de la capital española, donde se encuentra la ciudad del Grupo Santander. Y no porque en ese lugar se estén procesando grandes descubrimientos ni porque se haya transformado en una isla del mundo contemporáneo. Al revés, el problema surge al escuchar los diagnósticos sobre el presente y el futuro y sentir que la verdadera isla es Uruguay y su debate electoral.
Tomando las riendas del cambio frente a la próxima década fue el nombre que eligió ese banco para su encuentro anual del 28 al 30 de mayo, entre sus jerarcas y periodistas de España y América Latina. Lo hizo en su sede central, a la que llegan cada día unos 5.000 empleados y que ocupa un espacio seis veces mayor al de la Ciudad del Vaticano. Allí se definen las estrategias que involucran a cerca de 144 millones de clientes, más de medio millón solo en Uruguay. Suficiente como para ponerse cómodo y tomar nota.
El mundo cambia a cada segundo y el futuro es un bosque brumoso que muchos se empeñan en cruzar con indumentarias del siglo XX. Cambiaron las formas, cambió el lenguaje, cambió el contenido, casi todo cambió, con excepción de algunos países y políticos, que recién ahora están empezando a sufrir las consecuencias de vivir intoxicados con el pasado.
Ana Botín, presidenta del Grupo Santander y una de las mujeres más ricas de toda Europa, lo sabe. Utiliza en su discurso palabras como “empoderamiento”, crecimiento con “inclusión” y caminar hacia la “igualdad”. No parece la heredera de una fortuna, se comporta como una atenta lectora del actual mundo digital y de lo políticamente correcto en su tiempo.
Destaca a Uruguay por ser uno de los países con mayor cantidad de mujeres en el mundo laboral y reclama a los demás imitar ese ejemplo para lograr mayor crecimiento. Sin embargo, la mitad de los empleados del banco que preside son mujeres y solo el 20% de los cargos jerárquicos son ocupados por ellas. “El mundo está hecho para hombres”, es su respuesta. Por eso asegura que hay que cambiarlo junto a ellos y que lo está intentando.
Se queja de los “populismos”. Le pregunto a qué le parece que responden, por qué Estados Unidos, parte de Europa y Brasil eligen a líderes fuera del sistema político. Los gobiernos promueven legislaciones del siglo pasado, no ponen “las mismas reglas” para los que cumplen con sus “obligaciones” y los que no, responde. Eso genera descontento en los votantes y afecta la democracia, porque termina definiendo las elecciones, ensaya.
Cuenta el caso de una librería en un pueblo cercano a Madrid que empleaba a tres personas y tuvo que cerrar porque no pudo competir con las ventas online. Asuman el presente, cambien, reclama a los que tienen que tomar las decisiones públicas.
Si los políticos a cargo de los gobiernos no cambian, los cambian a ellos, aventura la excanciller argentina Susana Malcorda. También duda de que la región sea más de derecha y pone los ejemplos antagónicos de Brasil y México. “Lo que se ha dado es un cuestionamiento a los regímenes existentes”, asegura.
Hasta ahí los diagnósticos. Pero el verdadero sacudón durante el encuentro viene de otro lado. Los que interpretan con más claridad los riesgos futuros en función del presente no son del mundo financiero ni del político.
Santiago Bilinkis se llama el primero y es un economista argentino que se ha dedicado a investigar el mundo digital y la inteligencia artificial. Tira cifras alarmantes. Casi la mitad de los trabajos actuales no tendrán sentido en breve y: “¿Cómo estamos reaccionando?”, pregunta. “No estamos reaccionando”, se queja. Recuerda una charla que dio para ministros de Trabajo de distintas partes del mundo en una cumbre internacional y asegura que el mundo político no termina de entender el problema. Debería ser obligatorio que los presidentes tuvieran menos de 45 años, aventura.
Hoy, la mayoría de los jóvenes quieren recibirse de abogados y economistas en la Universidad de Buenos Aires, muestra. Casi no hay interés en la estadística y apenas un poco en la ingeniería. En Uruguay es igual, le cuento. El problema es mucho más grande que eso, responde. Toda la educación que se imparte está obsoleta, quedó en el pasado.
Generaciones y generaciones están siendo formadas para nadar en una pecera que está a punto de quebrarse. Al costado, el mar crece y los niños y adolescentes son obligados a abandonarlo para ocupar un espacio diminuto en esa pecera. Hoy, más que nunca, el conocimiento está afuera de las aulas y el sistema hace poco para atraerlo.
Aprender de memoria, recordar las fechas, incorporar información que en días quedará obsoleta, ese no es el camino. Lo ideal sería enseñar a poder cambiar todo el tiempo, a tener las herramientas básicas como para nadar en el agitado océano en el que se ha transformado el presente, sostiene Bilinkis.
Y agrega otra verdad, que también desarrolla durante el seminario el experto brasileño en los mismos temas, Felipe Teobaldo. “Todos los agentes en el sistema educativo son reaccionarios”, concluye el primero. Capaz que es más fácil cerrar las instituciones educativas tradicionales y utilizar la gigantesca red digital que ya existe para una nueva educación, sugiere el segundo. Porque las personas ahora no quieren solo saber, quieren hacer, agrega, y pone un ejemplo: Google. Antes se usaba para investigar y ahora el 85% lo utiliza para concretar una acción, como comprar, viajar, opinar, existir.
Pero pasan los meses, que en los tiempos actuales son como siglos, y la enseñanza no cambia. Se suman las campañas electorales y los debates vuelven a estar plagados de pasado. Casi nadie plantea salir de la pecera. Porque cambiar puede significar equivocarse y eso no está permitido en el sistema educativo tradicional.
La realidad muestra que el ADN de las nuevas generaciones ya cambió y los dos expertos coinciden en que no hay vuelta atrás. Pero la mayoría de los políticos y gobiernos no lo hicieron. Y después, todavía se preguntan a qué responden el desinterés, la falta de confianza y la llegada de outsiders, mientras siguen chapoteando en su pequeña pecera.