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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl pasado viernes 13 de enero, “El Observador” publicó una nota, muy emotiva por cierto, titulada “Cuatro bañistas rescatados en Canelones: crónica de una hazaña”.
En ella se relata lo acontecido el martes anterior cuando tanto Marcelo Pisano como su compañero de tareas Carlos Ramos protagonizaron el salvataje de 4 personas en el balneario Santa Ana de Canelones. Les salvaron la vida, nada menos. Y agrego, a riesgo de las propias.
En estos casos, y es el propósito de esta reflexión-comentario los guardavidas no miden peligros, sin perjuicio de estar su propia vida en las puertas de la muerte, así sin anestesia.
Es cosa seria el trabajo que desarrollan, merece todo el respeto y consideración, y vale la pena que se conozca, sea a través de un diario de alcance masivo o por los medios que sean. Poco se sabe de la heroicidad de quienes se exponen al peligro permanentemente, para literalmente “salvar” a quienes por imprudencia o mala fortuna pueden terminar abruptamente sus días. Por sentir aquello de “a mí no me va a pasar”.
Se sabe de sus reclamos al comenzar la temporada, sea de la Intendencia a la que pertenezcan. Unas administraciones más, otras menos. Que piden elementos de seguridad, ropa adecuada, implementos, etc. A veces son contemplados, muchas otras veces se las arreglan por sí mismos con mucho ingenio, pero más responsabilidad. Ellos están a la orden de quien los necesita, y hasta sufriendo muchas veces improperios, actitudes y situaciones de violencia en determinadas playas. Transcurrir entre 8 o 10 horas en una “casilla” observando y observando. Sé que han elegido por propia voluntad su tarea, aunque lo trascendente es que se conozca de su importancia para el resto de los mortales. No ya que se los vea “disfrutando” como puede tomarse la primera impresión. Hechos como el que sucedió dan la pauta de lo trascendente de su accionar.
No tengo el gusto de conocer a Carlos Ramos, sí a Marcelo y desde hace años, y por tanto me permite comentar algunos detalles. Fue integrante del plantel de Natación del Club Solís de Las Piedras, hoy día es integrante del plantel de la Liga Máster del propio Club. También es docente de natación, donde la mayoría de sus alumnos son chicos carenciados que concurren por becas gratuitas.
Marcelo, me consta, entrena todos los días del año para su trabajo.
Desde hace meses, está en el seguro de desempleo porque la piscina está cerrada a raíz de un inconveniente en su techado, y estamos procurando la solución hipotecaria que nos permita realizar la obra, sin perjuicio de contar con la cifra que demanda la construcción.
Ironías de este mundo tan ancho como ajeno. Privar a esos niños de sus clases tanto de Marcelo como de los demás docentes que como él, se entregan por la causa. Y asimismo, privarlos de su entrenamiento en nuestra casa.
La confirmación de su trabajo serio y responsable, como el de los guardavidas en general, a lo largo del año, permiten alegrías de este tipo donde queda de manifiesto la vida, nada más importante.
Ricardo Cabrera Trobo
Presidente Club Solís (Las Piedras)