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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáOjalá que no sea. Transcurría la tarde-noche del pasado 11 de agosto y me disponía a ver el informativo televisivo para recibir mi dosis diaria de malas noticias y así levantar mi ánimo alicaído y el de la mayoría de los uruguayos. De entrada, una noticia me sobresalta y me hace dudar si estoy despierto o ya me había ganado el sueño con una de mis tantas pesadillas. La noticia casi de tapa resaltaba que “el Dr. Alberto Scavarelli había abandonado el Partido Colorado”.
Presto de inmediato la mayor atención a la noticia pues yo, desde hace ya muchos años, conocí a una persona con el mismo nombre y apellido con la que había compartido muchas peripecias en nuestra común vida política.
De inmediato aparece un hombre gris, lo digo por el traje utilizado, avejentado, con el cabello también gris, solemne en su expresión, con algo de soberbia, dispuesto a decir algo que creía iba a sacudir el escenario de la política nacional. Empecé a convencerme de que lo que estaba viendo era en realidad un sueño, no era, no podía ser el Dr. Scavarelli. Nada coincidía con la imagen que yo guardaba en mi memoria del mencionado personaje. Era otro seguramente con su mismo nombre y apellido.
Comienza a hablar y habla con la propiedad que, según él mismo afirma, deriva de su experiencia de vida en lo que a política se refiere y parece tener muy claro el porqué y a quién hay que votar el próximo 26 de octubre.
Pero como no menciona en ningún momento al Dr. Tarigo, que fue su guía en materia de conducta y ética política, como no menciona a la agrupación política que él mismo había formado ni a la gente que siempre lo acompañó con entusiasmo y sacrificio, como no mencionaba al Dr. Sanguinetti que había depositado en él toda su confianza al designarlo en su subsecretaría de gobierno y proyectarlo en la vida política, empecé de nuevo a dudar y a convencerme de que en realidad lo que estaba viviendo era una pesadilla y de las peores. Empecé a desear desesperadamente que se terminara y despertara para volver a la realidad. Pero como en las mejores telenovelas lo mejor estaba por venir y por supuesto debía suceder al final.
El objetivo de la cámara amplía su campo de visión y ello permite ver que el emisor del mensaje no estaba solo; aparecen dos figuras sonrientes que aparecen respaldando al gris personaje. Nada más ni nada menos que Tabaré Vázquez y Raúl Sendic con quienes se confunde en un fraternal abrazo olvidando seguramente que cada uno ellos representa un ideario que se ubica en las antípodas de lo que a lo largo de la historia representó José Batlle y Ordóñez y el partido que él terminó de consolidar en beneficio del país todo. Finalmente la tragedia se consuma: el líder, el orientador, el conductor de una agrupación se convierte en un desertor, por no decir un traidor, a sus propias ideas y conductas y quedará solo con su conciencia a la vera del camino haciendo dedo como último recurso.
Termina entonces el informativo. Creo que antes me había dormido, despierto sobresaltado, felizmente todo era una pesadilla, un mal sueño, no era Alberto Scavarelli, al que conocí y respeté; era solamente una burda imitación sin valor alguno construida seguramente por algún malintencionado del oficialismo progresista.
Arq. Waldemar López Perdomo
CI 584.733-0