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Para los uruguayos en general, salvo los que viven cerca de las fronteras, el azúcar que consumen tiene dos marcas: Bella Unión, producida por Ancap a través de su subsidiaria Alcoholes del Uruguay (Alur), y Azucarlito, industrializada por la planta sanducera Azucarera del Litoral. Pero desde hace unos meses este mercado incorporó a nuevos jugadores, aunque está por verse si es un fenómeno transitorio favorecido por el bajo precio internacional del azúcar crudo.
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En 2018 se dio un salto en las importaciones de la partida arancelaria que incluye azúcares y artículos de confitería: entraron 13,3 millones de toneladas, casi 75% más que el año anterior. El aumento en valores no fue tan significativo (cerca de 40%) debido a la relativamente baja cotización del azúcar. Brasil fue, por lejos, el principal origen y representó en 2018 el 87% del total, analizó Búsqueda a partir de estadísticas de la Dirección Nacional de Aduanas.
Sobre todo en agosto y setiembre el mercado uruguayo aumentó la importación de procedencia brasileña, cuando algunas empresas empezaron a envasar. Así aparecieron marcas como Puritas, Fronterinta, La cosechera y Sunset, esta última ya refinada en Brasil. Por entonces la tonelada del producto había caído de forma rápida, hasta tocar su mínimo en 10 años: unos US$ 220 el azúcar crudo y cerca de US$ 300 la refinada traída desde San Pablo. Sumando los costos del flete, eran aproximadamente US$ 380 la tonelada. Aunque el arancel para el azúcar procesado es alto (35%), por el bajo precio el impuesto operaba como una barrera poco efectiva frente a la importación.
“Nos inundaron la plaza con azúcar de inferior calidad y bastante más barato, lo que nos obligó a reaccionar”, dijo a Búsqueda el director ejecutivo de Azucarlito, Miguel Fraschini.
Entonces la refinadora de Paysandú bajó el precio de su azúcar Azucarlito y lanzó dos “segundas marcas”: Aruba, distribuida a través de la arrocera Saman, y Revelación, que ya tenía patentada San Francisco, otro distribuidor de sus productos.
Para no perder venta, Alur también redujo al público el precio de su producto (de $ 45 a $ 35).
Luego el mercado internacional del azúcar se recompuso algo y la tonelada se ubica actualmente en torno a los US$ 440.
“La presencia de nuestras marcas a costos más bajos que los que teníamos en el pasado lo que hizo fue frenar bastante la importación. En setiembre y octubre entraron con mucho volumen, en noviembre menos y en diciembre casi nada. Vamos a seguir algunos meses más para generar una barrera con el fin de que esto no vuelva a pasar”, explicó Fraschini.
Es que, según dijo, es difícil proyectar cómo se comportará la cotización del producto en el mundo en el futuro cercano. Comentó que algunos informes pronostican que 2019 va a ser equilibrado entre oferta y demanda, o que habría un pequeño déficit de producción, lo que podría hacer subir el precio otro poco. Pero ello depende sobre todo de factores climáticos y si llueve mucho o no en Brasil —el principal productor mundial— y cómo sigue el valor del petróleo, ya que si continúa deprimido, a las fábricas brasileñas les convendría industrializar azúcar en lugar de alcohol como combustible.
Ajuste
El mercado uruguayo del azúcar es muy estable en cuanto a los volúmenes —unas 110.000 toneladas al año—, aunque la tendencia de hace ya varios años es a que se comercialice menos para uso doméstico y más a escala industrial, al crecer el consumo de alimentos elaborados. “Ese es uno de los dramas: es más competitivo porque la industria internacional tiene recursos para conseguir el azúcar. Hacen licitaciones y compras internacionales. Competimos con los importadores”, señaló Fraschini.
Cerca de la mitad del mercado se abastece de azúcar crudo importado y el resto de refinado.
Aseguró que, para Azucarlito, el actual es otro momento complicado en el que la empresa está “dando la pelea para mantenerse” en actividad, con sus 135 trabajadores permanentes y 80 zafrales. “Somos una de las pocas industrias emblemáticas de Paysandú que van quedando; es titánico competir con los importados”.
Sostuvo que Azucarlito ha tomado varias medidas en “todos los eslabones de la cadena” buscando mantenerse competitiva. “Compramos materia prima en Mato Grosso, la traemos en barcazas, descargamos en el puerto de Paysandú. Hemos modernizado la refinería. Nos hemos transformado en especialistas en la generación de vapor más barato usando residuos forestales. Hemos puesto automatismos en la planta que bajaron costos”, enumeró.
Otra apuesta que le genera optimismo es el crecimiento que va teniendo la producción de azúcar líquido invertido, que “no es tanto un commodity” y a corto plazo abre la posibilidad de concretar alguna exportación a industrias alimentarias argentinas.
Según el ejecutivo, para Azucarlito “son coyunturas de crisis” por la situación del mercado, que se agregan a problemas que agobian a otras empresas: “Un país caro, con insumos caros, con electricidad cara, caro en impuestos”. Agregó: “Hoy estamos en situación de vulnerabilidad y hay que apretar el cinturón al máximo. Pero el mercado fluctúa”.
Subsidio
En opinión de Fraschini, Alur tiene “problemas distintos” y parte del hecho de que el gobierno del Frente Amplio se comprometió a mantener la producción de caña de azúcar con el “objetivo social de generar empleos en Bella Unión”, pero eso “no es competitivo” ni “viable” desde el punto de vista climatológico. “Sostener eso es muy costoso. Toda la sociedad pone plata para que eso funcione” y Ancap dice: ‘Tratemos de que este subsidio sea el menor posible’”.
Alur arrojó una pérdida del orden de US$ 1,7 millones en 2017, el último ejercicio para el que se dispone de un balance publicado.