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    Hoy juega: un pueblo timbero

    El vínculo de los uruguayos con los juegos de azar tiene larga historia, aunque ahora hay mucha más oferta; ¿quiénes y por qué apostamos?

    Tengo el recuerdo de que mi madre jugaba seguido a la Quiniela y al 5 de Oro; yo era chico para entender por qué lo hacía —aunque tenía una probabilidad bastante baja de ganar— cuando en casa la plata no sobraba. Es posible que, como muchos, apostaba por esa misma circunstancia: si un día la suerte la acompañaba, las preocupaciones económicas pasarían. Otros ven los juegos de azar como diversión y distracción —pequeñas dosis de dopamina a la espera de los “números ganadores”—, o también como medio de socialización, para establecer una charla con el quinielero o con quien está sentado al lado mientras se aprietan botones en la penumbra de una sala de slots.

    Para los agencieros vinculados a la Banca de Quinielas, las empresas explotadoras de casinos o hipódromos, las plataformas digitales y, de manera directa e indirecta, el Estado, entre otros intermediarios, esto es un negocio. ¿Cuánta plata mueve? ¿Qué tan timberos somos los uruguayos? ¿Tenemos un problema social con el juego?

    Soy Ismael Grau, editor de Economía en Búsqueda y autor de esta newsletter, Detrás de los números, una apuesta periodística que tiene la fortuna de tenerte como lector.

    Los números del juego

    A escala mundial, los ingresos de la industria de las apuestas se triplicaron desde comienzos de este siglo y en 2025 superaron los US$ 600 millones de millones (o 600 billones en el sistema español), según estimaciones de la empresa H2 que consideran 150 mercados. Cerca de un tercio de ese monto provino de los juegos online, un segmento que, con los teléfonos inteligentes (smartphones) adheridos a nuestras manos, viene creciendo fuerte.

    Para nuestro país, los datos oficiales que pude conseguir son de los juegos regulados y cifras aproximadas que manejan agentes vinculados al rubro.

    De las estadísticas públicas informadas por la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas (DNLQ) surge que, en 2025, se apostó el equivalente a US$ 677 millones en los juegos que regula y fiscaliza esa repartición del Ministerio de Economía. Para darle una dimensión a ese monto: es, por ejemplo, como medio mes de exportaciones de mercaderías desde Uruguay o como el presupuesto de todo un año de la Universidad de la República.

    Históricamente, la Quiniela era el que más recaudaba. Pero desde 2024 los “deporjuegos” —Supermatch— superan a todos.

    Por fuera de estas modalidades, la oferta timbera legal se complementa con los casinos y salas de slots.

    En respuesta a un pedido de acceso a la información pública, la Dirección General de Casinos me entregó algunos datos. Pasados a dólares, en 2025 el organismo tuvo una utilidad bruta —recaudación por apuestas— de US$ 233 millones por los slots y casi US$ 5 millones en los “juegos tradicionales” de las salas. Es como haber apostado los presupuestos anuales íntegros del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente y de los ministerios de Trabajo, de Industria y de Relaciones Exteriores, sumados.

    El juego ilegal, al parecer, también mueve cifras grandes. Según me comentó Luis Gama, secretario ejecutivo de la nueva Cámara Uruguaya de Operadores y Arrendadores de Servicios de Casino y Salas de Esparcimiento, las apuestas en máquinas tragamonedas clandestinas instaladas en bares y otros comercios —que estimó en unas 50.000 o 60.000, casi 10 veces más que las autorizadas—, junto con los juegos de casino y las apuestas deportivas no autorizadas, podrían rondar los US$ 400 millones o US$ 500 millones anuales. Ese exdirector de Loterías y Quinielas cree que “en Uruguay el juego ilegal ha florecido en todas sus formas”.

    Hasta el año pasado, la DNLQ llevaba bloqueados 1.620 sitios web de apuestas no autorizados en el país. Sus autoridades preparan varios proyectos de ley relacionados con los juegos y su control.

    Desde otra perspectiva, la expansión de las apuestas es un tema que preocupa por ser vía para el lavado de activos; los casinos y los juegos online están entre las ocho modalidades más usadas en Uruguay, indicó un informe de la secretaría gubernamental encargada del combate al blanqueo recogido por El País en febrero.

    El turf tiene su propio nicho de jugadores. Por mencionar a los dos escenarios más grandes, el año pasado los burreros apostaron US$ 18,2 millones en el Hipódromo de Maroñas —en un total de 1.127 carreras de caballos— y aproximadamente un tercio de esa cifra en Las Piedras, según la Dirección de Casinos.

    También hay juegos que requieren aplicar conocimientos o lógica, como las plataformas internacionales de predicciones en torno a sucesos políticos, culturales, deportivos u otros. O como las pencas mundialistas, que por estos días llevan a algunos a hinchar por selecciones ignotas con tal de acertar un resultado.

    Las rifas son una categoría de apuesta particular —con fines benéficos y por premios no monetarios— sobre la que recientemente hubo conversación pública a raíz de un derrape presidencial.

    Nosotros y la timba

    Parece claro que la oferta actual es amplia y se encuentra muy a mano, sobre todo la digital, aunque los juegos de apuestas eran un esparcimiento popular siglos atrás.

    Antes de la independencia, la primera lotería se sorteó en 1819, en la Plaza Mayor frente a las puertas del Cabildo.

    En el libro Historia del Uruguay, Eduardo Acevedo cuenta que, a principios del siglo XX, a raíz de la inauguración del Parque Hotel —el hoy Edificio Mercosur—, frente a la playa Ramírez, comenzó a funcionar la ruleta “con gran afluencia de aficionados. Pero, como los juegos de azar estaban prohibidos y castigados por el Código Penal” se notificó a la Justicia y esta “puso a la Policía en la necesidad de arrestar a los jugadores y secuestrar todos los útiles de la sala de juego”.

    De aquel episodio derivó el casino municipal de Montevideo y la habilitación de los llamados “Círculos o Casinos de las estaciones balnearias” —como Pocitos y Carrasco— para “abrir locales especiales destinados a los juegos de azar”. Bajo esas normas, “la ruleta, los caballitos, el bacarat, los 34 y demás juegos de azar” quedaron circunscriptos al período del 15 de diciembre al 15 de marzo, aunque enseguida el lobby de las empresas logró extenderlos más allá del verano.

    Al parecer, somos un pueblo timbero con larga historia. ¿Más o menos que otros? Pedí datos a organizaciones internacionales relacionadas con el negocio de las apuestas, pero no me dieron bolilla.

    ¿Por qué apostamos?

    De una encuesta hecha a fines de 2025 que la DNLQ me entregó mediante un pedido de acceso a la información surge que el 29% de los mayores de edad juega “cada seis meses o más”, un 16% lo hace de manera mensual, el 9% apuesta con una frecuencia quincenal, el 21% todas las semanas y el 5% a diario. El otro 20% no quiso contestar o señaló que no sabe cada cuánto apuesta.

    La mayoría (52%) aseguró que juega por la posibilidad de “ganar un gran premio”, digamos, hacerse rico. Otros —dos de cada 10— apuestan por diversión o entretenimiento, el 3% por tradición familiar y el 2% por la expectativa de poder pagar deudas.

    En proporciones, son más los jugadores hombres, los de mediana edad y las personas de nivel socioeconómico alto.

    Si te interesa, en esta nota que publiqué en Búsqueda podés leer más datos sobre ese estudio y, en esta otra, los de una segunda encuesta —hecha en mayo—, que profundiza en el juego en línea.

    El juego como problema

    En el Cuplé del timbero, el Canario Luna cantaba:

    Yo por guita he jugado hasta el ludo

    a la Dama China, también Ajedrez

    al balero, al Mus y al Desconfio

    a la Generala, por guita jugué

    Punto y banca, el Sucio y al Rummy

    La Guerra y el Golfo también practiqué.

    Cuando pibe, con las figuritas,

    trompos y bolitas, yo me entreveré

    Pase inglés, Siete y medio y la Conga

    Chorizo y la Taba, Escoba y Chinchón

    soy burrero, feroz quinielero

    me mato en la rula y juego al billar

    mi pasión es la ruleta rusa

    y no encuentro a nadie que quiera jugar.

    En medio del bombardeo de publicidad que incita a apostar, desde el sector público y privado vinculado a esta industria se hacen campañas para promover el “juego responsable”.

    Gracy Gómez, coordinadora del Programa de Prevención y Tratamiento del Juego Patológico de la Facultad de Medicina, me dijo para esta newsletter que las edades se han modificado en ambos sentidos y que crecen las consultas de “jugadores más jóvenes y también más mayores”.

    En 2025, ese programa atendió a 330 pacientes y 126 familiares, además de 111 personas que solicitaron asesoramiento: un total de 567. Fueron menos que las 590 del año anterior, pero bastante más que las 345 de 2023. La psicóloga acotó que seguramente hay subregistros, porque es una población muy fluctuante, algo propio de las dificultades en la adhesión al tratamiento entre pacientes con adicciones.

    Quizás debamos tomar más en serio tanto negocio con las apuestas. ¿Mejores oportunidades para una vida con ingresos de trabajadores y jubilados suficientes, sin tener que depender de la suerte? ¿Mayor acceso a opciones de entretenimiento y de socialización más sanas? ¡Hoy juega!

    Una recomendación de lectura de Búsqueda: esta entrevista de Silvana Tanzi a la periodista y escritora Ana Fornaro, porque me gusta eso que dice de que para “contar bien las historias hay que poner el cuerpo“ y porque me gustan sus textos.

    Si querés contarme tu vínculo con los juegos de azar, hacerme críticas o sugerencias, podés escribirme a este mail: [email protected]

    ¡Saludos!