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    Seguir al dinero y las arrugas

    HBO estrenó Bad Education, la dramatización de un escándalo en la educación estadounidense, con Hugh Jackman en su mejor actuación hasta la fecha

    Si en Uruguay existe un concepto sobre Hugh Jackman, dejando de lado su longeva carrera como superhéroe, es que es un gran bailarín. El actor australiano visitó Montevideo en 2010 para filmar la publicidad de una marca de té y bailó en la plaza Independencia y en la rambla de Piriápolis. También se sacó fotos con fanáticos y hasta se hizo socio del Club Nacional de Fútbol. En ese entonces, Jackman empezaba a perfeccionar una faceta paralela a sus trabajos reiterados para los X-Men. Demostraba su creciente devoción por el teatro, el canto y la danza. Estaba a unos pocos años de ser nominado al Oscar por su papel en el musical Los miserables (2012), y a casi una década de su consolidación como heredero del carisma de Gene Kelly en El gran showman (2017), que en los cines nacionales no hizo mucho ruido pero en Estados Unidos produjo, tras un debut comercial fallido, una base consolidada de fanáticos. Entremedio, el actor condujo los Premios Tony al teatro estadounidense, ganó un Grammy y hasta protagonizó The Man. The Music. The Show, un espectáculo musical en vivo que lo llevó a presentarse en el Madison Square Garden y otras decenas de arenas de Estados Unidos, Europa y Australia.

    La pasión de Jackman por el music hall británico y el cine musical —tal vez, el género estadounidense por excelencia— es uno de los elementos que, a fuerza de contraste, hace de su último papel protagónico uno memorable. En Bad Education Jackman personifica a Frank Tassone, un educador a cargo de varias instituciones educativas públicas en Long Island, Nueva York, idolatrado por sus colegas y adorado por su comunidad. En una escena culmintante, Tassone —viudo y homosexual encubierto— se encuentra prófugo en un boliche de Las Vegas junto a un exalumno, ahora convertido en interés romántico. Cuando Frank es invitado a bailar al son de una balada tecno del artista Moby, se rehúsa. Acostumbrado a su figura pública como un hombre recto y de fina estampa, aunque siempre con una presencia afable y accesible, Frank se encuentra fuera de su ambiente. Sin embargo, consciente de que está a horas de verse privado de su libertad, intenta bailar. La escena se desenvuelve como si Jackman moviera su cuerpo en una pista por primera vez en su vida. Es una de las secuencias más coloridas y vívidas de la película. Es, también, una de las más trágicas.

    La caída en desgracia de Frank Tassone retratada en Bad Education se basa en un escándalo real. La película del director Cory Finley, estrenada el sábado por HBO y ya disponible en la plataforma HBO GO, reconstruye el fraude vivido en el distrito escolar de Roslyn, donde Tassone lideró un esquema de malversación de fondos de millones de dólares. El profesor, quien entonces trabajaba en Roslyn como superintendente —una figura que no existe en Uruguay pero a la que en Estados Unidos se le deposita la máxima autoridad de una institución educativa— desvió cerca de US$ 2,2 millones de los fondos escolares para pagarse vacaciones en el exterior, un lujoso apartamento en Manhattan, tratamientos cosméticos y reiteradas visitas a la lavandería. Como otros títulos inspirados en casos públicos, Bad Education inicia con un incansable rótulo (“Lo siguiente está basado en una historia real”) y concluye con textos que describen el destino de las personas involucradas. Más allá del mecanismo narrativo poco novedoso, es un drama tenaz con momentos inspirados de suspenso y comedia, ejecutados de forma grácil por Finley y su equipo.

    El director, de 30 años, tuvo un pasado como dramaturgo antes de convertirse en “un hijo de Sundance”; un autor que, tras estrenar su primera película en el friolento festival de cine independiente fundado por Robert Redford, consigue un comienzo auspicioso y celebrado en su carrera como cineasta con Thoroughbreds, una comedia negra sobre dos estudiantes de clase alta de Connecticut que planean el asesinato del padrastro de una de ellas. Si aquel debut de Finley, ácido, entretenido e imperfecto, fue promocionado como un cruce entre Escuela de jóvenes asesinos (1988) y Psicópata americano (2000), Bad Education podría describirse como el encuentro entre Todos los hombres del presidente (1979) y la comedia Elección (1999).

    El guionista Mike Makowsky, un estudiante de Roslyn en la época del escándalo, se basó en un artículo del New York Magazine para concebir el relato, pero el detonante original del escándalo surgió dentro de la propia institución. Fue una estudiante de periodismo quien dio la primicia sobre los gastos de Tassone y su colega Pam Gluckin, interpretada por la nunca decepcionante Allison Janney. Mientras que el relato construye cierta ambivalencia en torno a la moral de Frank —su trabajo sí que elevó el nivel de sus estudiantes en rankings nacionales—, Makowsky también toma el punto de vista de la estudiante Rachel Bhargavaaporta (Geraldine Viswanathan) para aportar el toque de investigación periodística presentada como crónica policial, algo que Alan J. Pakula perfeccionó junto con Redford y Dustin Hoffman. La decisión de filmar Bad Education en 35 milímetros también traslada al presente un aire del cine paranoico de la década de 1970. Maneja, además, una puesta en escena de los actores dentro de los espacios interiores que enfatiza la condición de “pequeña ciudad” que tiene el territorio laboral de Frank.

    Mientras las fachadas de Frank y Roslyn se derrumban, también lo hacen los complejos vínculos políticos, sociales y económicos que atan al distrito escolar con la población de Long Island. Como lo plantea Frank en un tenso diálogo con Rachel, su inesperada némesis, el desenmascaramiento de sus crímenes generaría una bola de nieve de desconfianza hacia la institución, que a su vez provocaría un menor ingreso de los estudiantes a universidades de élite. Al bajar el nivel escolar, también habría una caída en el mercado inmobiliario respecto a los hogares cercanos de la escuela, una de las tantas sombras del sistema educativo estadounidense en la que Cory Finley se concentra. La desconfianza por las instituciones, a su vez, se ve enmarcada en un año fundamental para la sociedad estadounidense: 2002. Con el atentado a las Torres Gemelas aún latente, un afiche de los edificios se deja ver en el fondo de la película. Aunque el evento no se menciona, sí se hace presente cuando Frank es notificado de las incongruencias monetarias de los fondos durante una de sus visitas diarias al jardín de infantes. La imagen remite al momento en el que George W. Bush fue avisado del ataque terrorista durante una visita a un kindergarten, momento que Michael Moore reprodujo por completo en su documental Fahrenheit 9/11.

    Es difícil no ver la historia de Frank bajo la lupa de la reciente consagración de Parásitos, la última ganadora del Oscar a Mejor película. La lucha de clases que plantea el director surcoreano Bong Joon-ho se encuentra también en el protagonista, quien desde su apariencia manufacturada y estilo de vida busca posicionarse en un estrato social cuyo trabajo no se lo exige realmente. Sí lo hacen sus deseos. Armado con un conjunto de blazers oscuros y pantalones beiges hechos a medida, Jackman es una presencia intimidante en Bad Education. Sus 1,88 metros de altura y una década entrenando como Wolverine también ayudan. Sorprende, igual, cómo Finley se enfoca en los pequeños detalles que muestran la carrera constante contra el tiempo de su protagonista: hay primeros planos de sus arrugas, pero también de sus rutinas de belleza y cirugías plásticas. Frank, y en alguna medida Jackman, viven por las apariencias que deben mantener ante sus respectivas audiencias: los alumnos y los espectadores. Y harán todo por mantenerlos cautivados, ya sea comprarse trajes caros o viajar en primera clase con fondos públicos o presentar los premios de la Academia bailando y cantando para sus colegas.

    Con 51 años, Jackman se encuentra en un punto prometedor. Ya había demostrado sus aptitudes para el drama en La sospecha (2013), de Denis Villeneuve. También se había destacado en Logan (2017), el western escondido dentro de una película de superhéroes, así como en The Front Runner (2018), otra oda a los thrillers políticos de los 70. Pero si Bad Education es indicación de algo, además de que HBO ya se hizo con uno de los estrenos del año, es que si Jackman sigue por este camino, sus dotes como bailarín pasarán a ser un talento más.

    Vida Cultural
    2020-04-30T00:00:00

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