por Marcos Cantera Carlomagno (*)
por Marcos Cantera Carlomagno (*)
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¡Qué difícil es ser “de izquierda” hoy en América Latina! Para muchos se ha vuelto directamente insoportable. Ya no quedan ilusiones. Es más: la conquista del poder por parte del socialismo no implicó un avance hacia el soñado paraíso sino que, por el contrario, llevó a profundizar el cultivo del capitalismo primitivo que es el sello de América Latina y el mundo atrasado.
Los gobiernos socialistas del continente muestran, como su más grande logro, el aumento del consumo y las crecientes cifras macroeconómicas: justamente las dos cosas que más criticaron cuando estaban en la oposición; los dos signos más claros de ese capitalismo que antes decían odiar y ahora se ha vuelto la fe que profesan.
Durante décadas, la “izquierda” latinoamericana se ufanó de su supuesta superioridad moral, de su intachable honradez, de su alta capacidad administrativa, de su ética a prueba de desafíos y de su programa desbordante de soluciones para todos los problemas que aquejaban a la sociedad.
Hoy, cuando la “izquierda” lleva largos años en el poder, nada de eso ha sido concretado.
Los gobiernos socialistas del continente, desde el legendario cubano que aún subsiste, pasando por el muriente chavista, el evoindigenista, el bizarro correano, el peronista de toda la vida y el degenerado orteguista, han naufragado colectiva y unánimemente.
Años y años de bonanza macroeconómica, con precios nunca antes vistos por las materias primas que se exportan, no han sido aprovechados para construir una infraestructura medianamente aceptable.
Los trenes no tienen frenos y una matanza de 51 pasajeros en Buenos Aires quedó en el olvido a los pocos días.
Los liceos y las escuelas no tienen baños y una protesta de padres y docentes en Montevideo terminó en una brutal represión policial.
La “izquierda” latinoamericana, tan supuestamente culta, apoyó al gobierno peronista cuando este prohibió la importación de libros extranjeros: de haberlo hecho un gobierno de “derecha” lo hubieran acusado de nazi.
Por lo menos.
Los ministros de Economía “de izquierda” sostienen en coro que estamos a un paso del primer mundo. En ese caso llegaremos allí a paso de caballo. De caballo, aclaro, desdentado y moribundo; de esos que tiran los carros con basura desde Managua a Montevideo.
Mientras tanto, mayorías parlamentarias absolutas “de izquierda no han servido para mejorar los niveles educativos: el país de la región que mejor está en el ranking mundial de la educación se encuentra en la mitad inferior de la tabla general de posiciones.
Tampoco se han mostrado ideas o voluntad para terminar con la creciente criminalidad. Y es que luego de tanto pregonar que la criminalidad es un resultado del sistema de explotación capitalista, a la “izquierda” le cuesta aceptar que no es así.
Menos aún se puede aceptar el hecho concreto y rotundo de que la criminalidad, por el contrario, se ha disparado exponencialmente bajo los gobiernos “de izquierda”.
Al final, cuando los hechos delictivos se han saltado todos los límites de la decencia y la vergüenza se busca la misma solución que tanto se condenó antaño y se saca a los militares de los cuarteles.
Si la “izquierda” latinoamericana se tomase un minuto para reflexionar, y se preocupase por encontrar las causas del naufragio moral que ha sufrido, en vez de seguir echándole las culpas al capitalismo y a la CIA, comprendería que una cosa es el discurso electoralista desde la oposición —irresponsable, simpático y dulzón— y otra cosa muy diferente es el ejercicio concreto del poder.
Si la “izquierda” latinoamericana, tan insoportablemente vernácula y localista, se tomase un minuto para mirar lo que sucede en otros continentes, descubriría que China ya no es comunista, que Corea del Norte es un campo de concentración y que Cuba organiza la misma pachanga que organizó Fulgencio Batista para atraer turistas sedientos de alcohol y sexo pero con dólares en el bolsillo.
Frente a este impresionante espectro de desastres, derrotas y naufragios, la dirección de la “izquierda” latinoamericana, engolosinada con los néctares del poder, se aferra al aparato del Estado, al puesto público y al sueño de un mejor estándar de vida personal.
Solamente en un punto, la “izquierda” latinoamericana ha demostrado originalidad y emprendimiento. Me refiero a la puesta en marcha de planes sociales masivos e institucionales. Nunca imaginó la “derecha” con tener un Ministerio específico para la compra de votos.
Eso no es motivo de orgullo. Pero bueno, el Che vive y lucha. Los pueblos han despertado de su milenario letargo y pronto, muy pronto, “será la hora de la victoria final”.
Sí, por supuesto, claro que sí. Como quien dice, ya estamos llegando allí.
(*) El autor es doctor en Historia y escritor