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En esta película cuyo título original en danés es La peluquera calva, se aglutinan varios tópicos de la comedia romántica y son colocados en el lugar necesario para progresar hacia el momento en que los personajes de Trine Dyrholm y Pierce Brosnan sonríen en un punto dulce del tiempo, capturado en el afiche. Porque desde el principio se sabe, pase lo que pase: estos dos van a terminar juntos.
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Pero primero: Ida (Dyrholm) culmina su tratamiento de cáncer de mama. Una peluca rubia cubre la calvicie provocada por la quimioterapia. Ella mantiene la elegancia natural que da la seguridad de estar ganando e irradia una vitalidad sorprendente, coronadas por esos inmensos ojos que parecen manipulados por photoshop pero no, son así, de una intensidad y claridad subacuáticas. Cuando llega a su casa, después de ver al médico y hacer las compras, encuentra a su marido (Kim Bodnia, el detective macizo de la serie Bron/Broen) en una situación lascivamente comprometida junto a una compañera de trabajo. Es que, se excusa Leif, han sido tiempos muy difíciles con su enfermedad.
Así está todo cuando Ida marcha al aeropuerto. Destino: Sorrento, a la boda de su hija, Astrid, que se casa con un joven al que conoció hace poco más de tres meses, Patrick. Removida por los nervios y nublada por la angustia, en el estacionamiento del aeropuerto choca contra otro vehículo, el de Philip (Brosnan), veterano elegante y mala onda que también va a la misma boda… La razón: es el padre de Patrick, el novio. Ida y Philip acaban de conocerse y no se puede decir que la relación arranque con buen pie. Philip, un empresario inglés afincado en Dinamarca, se dedica a la exportación de frutas y, además, desde que enviudó ha perdido la fe en el amor. Sin embargo, planteados los antecedentes y teniendo en cuenta que se hallan en el ecosistema de una comedia y que están condenados a pasar varias horas en un lugar que Hollywood asegura es romántico, todo marcha como debe ser.
Bueno, está por verse: la directora detrás de esta película es Susanne Bier.
Y Bier es la realizadora danesa ganadora del Globo de Oro y del Oscar a la mejor película de lengua no inglesa por En un mundo mejor (Haevnen, 2010), su obra más redonda, una misma historia contada por medio de más de una historia: la de un médico que trabaja en un aterrorizado campo de refugiados en África y su vida en Dinamarca, separado de su esposa, que vive junto a sus hijos, uno de ellos víctima de bullying. Un intenso drama moral a salvo de golpes bajos y dotado de actuaciones que merecen cumplidos extravagantes, empezando por los niños y siguiendo por Dyrholm, en el papel de la esposa del médico, y que en modo síntesis carnicera podría decirse que trata sobre las distintas capas de violencia que atraviesan a las sociedades.
Bier dirigió más de una docena de proyectos. Se integró al Dogma 95 con Corazones abiertos (2002), donde un siniestro de tránsito cambiaba la vida de dos parejas, provocando una imprevista historia de amor cruzada. A Bier le interesan esos momentos cuando lo que se daba por sentado se derrumba precipitadamente y los personajes deben ver qué es lo que quedó sano para volver a construir. La realizadora sencillamente sabe cómo recorrer caminos con la certeza de que en el trayecto tal vez no hay felicidad pero sí algo de esperanza y bondad (de ahí que uno de los personajes más luminosos en Todo lo que necesitas es amor sea Ida). En Después de la boda (2006) no faltan infidelidades, manipulaciones y secretos que regresan del pasado, y también hay momentos de claridad. En Hermanos (2004), una de sus obras más celebradas, un hombre que sale de la cárcel se encarga de la mujer y los hijos del hermano que va a la guerra en Afganistán (tuvo su versión homónima, con Jake Gyllenhaal, Natalie Portman y Tobey Maguire).
De esas zonas procede Bier. Y Todo lo que necesitas es amor, si bien pertenece a la familia Bier, se ubica en la mesa donde no se sirve alcohol y está más cerca de la pista de baile y la mesa de los dulces. Y si bien la comedia se reserva un momento para ir al sótano, nació para que la peluquera calva de peluca rubia y enormes ojos turquesa le derrita el corazón blindado a Philip, un personaje por cuyo flujo sanguíneo parece correr jugo concentrado de limón. Mientras: su ex cuñada lo acecha, en algunos distritos de la casona se insinúan confesiones y hay quien se hace preguntas válidas. Y los novios, en tanto, buscan que todos estén contentos y satisfechos, que siga la fiesta, aunque quizás se pasen por alto un detalle importante. Porque, al final, no deja de ser una película de Susanne Bier.
“Todo lo que necesitas es amor” (“Den skaldede frisør”). Suecia-Alemania-Italia-Francia, 2013. Con Pierce Brosnan, Trine Dyrholm, Kim Bodnia, Molly Blixt Egelind, Paprika Steen, Sebastian Jessen. Duración: 116 minutos.