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    Si se mantiene la baja tasa de egreso liceal, en unos años “la mitad de la población no tendrá educación secundaria”

    Casi el 50% de los alumnos salen de la escuela sin dominar “los aprendizajes básicos”, como leer, escribir y calcular, advierte el director del Instituto de Evaluación Educativa, Mariano Palamidessi

    Mariano Palamidessi se muestra “un poco obsesivo” por la baja tasa de egresos de alumnos de educación media en Uruguay. El director ejecutivo del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) asegura que ese indicador es el “gran termómetro” de todo el sistema educativo. Y ese termómetro, dice, “muestra fiebre alta”.

    Doctor en Educación y licenciado en Ciencias de la Educación, Palamidessi grafica “la dimensión del problema” en una muestra: Uruguay tiene un 30% de repetición acumulada en educación Primaria, y “casi la mitad” de los escolares “egresan” sin saber leer, escribir ni calcular.

    Acompañado por la titular del Ineed, Alex Mazzei, el maestro e investigador argentino, radicado en Uruguay desde enero de 2016, dialogó con Búsqueda  el pasado martes 7, un día después de iniciadas las clases.

    —En mayo el Ineed presentará su próximo informe bianual sobre el estado de la educación. ¿Qué novedades trae?

    —Hay datos que quizás a algunos les sorprendan y a otros podrán enojar... Es un informe más acotado que el anterior, que era un gran diagnóstico de perspectiva histórica. Este se concentra sobre cuatro dimensiones fundamentales: el flujo de los avances de los estudiantes, sus logros de aprendizaje, la formación y el trabajo de los docentes, y un análisis de los recursos financieros del sistema educativo: cuánto y en qué se invierte, y si eso es suficiente.

    —¿Y es suficiente 6% del PBI?

    —El  problema del 6% es que se quede en un número fetiche o comodín que actúa mágicamente para cambiar el sistema. Mal haremos si pensamos que llegando al 6% del PBI todo va a estar bien. En realidad el 6% es una bandera que hay que llenar de contenidos.

    —¿En qué áreas?

    —Si se circunscribe a la educación media tenemos un modelo de docencia ejercida sobre la base de contrato de clase por hora que debe ser superado, y eso requiere más recursos. Todo el cambio de modelo de educación media —de contratación de trabajo, de concentración docente en el centro, de horas de clase y extraclase equilibradas— necesariamente implica mayor inversión. Eso es indiscutible. Hoy Uruguay invierte solo 4,3% del PBI en educación; en relación con lo que está destinando América Latina evidentemente hace falta mayor esfuerzo fiscal.

    —Según los números, el pasaje de la escuela al liceo es casi universal y baja el rendimiento en Secundaria, donde se dispara el abandono —más del 60% no termina educación media—, y se da el “cuello de botella” hacia la educación superior. ¿Cómo se explica eso?

    —Resulta imposible agotar el tema o decir cuál es la causa, porque en el fondo es todo un sistema: Primaria, educación media, media superior… El indicador de la tasa de egreso —el resultado entre los estudiantes que entran y salen del sistema— es un gran termómetro, y el termómetro muestra fiebre alta. Si algo destaca de Uruguay en América Latina es esa baja tasa de egreso de la educación media, de estudiantes que no terminan Secundaria. Pero los niveles de retraso se empiezan a expresar por el indicador “repitencia” en educación media, y también el de “extraedad”, que se acumula en Primaria. Según los niveles de competencia medidos por la ANEP (Administración Nacional de Educación Pública) y que coinciden con análisis internacionales, casi la mitad de los chiquilines uruguayos salen de la escuela sin pasar el umbral de los aprendizajes básicos: leer, escribir, calcular. Esa es la dimensión del problema.

    —¿Y entonces?

    —La base de este fracaso es que hay una parte importante de escolares, concentrada sobre todo en los quintiles sociales más bajos, que no logra hacer pie en el sistema. No en educación media: en Primaria. Después eso se proyecta como un egreso prácticamente universal de Primaria a Secundaria, pero con chiquilines que llegan con mucho hándicap, con muchos problemas acumulados. Dos números: la sobreedad a fin de Primaria es del 30% —o sea que en sexto año de escuela hay un acumulado de repetición de 30%—, y casi 50% de los escolares tiene dificultades con la lectura y los elementos básicos del cálculo matemático. Esa es la situación con la que después Secundaria, con sus propios problemas, entra a lidiar. Y ahí se suma el desafío de dos sistemas que no estuvieron históricamente coordinados. Gran parte del problema es que sobre esos déficits de entrada, educación media no tiene herramientas.

    —¿Qué demostró la Encuesta Nacional Docente promocionada por el Ineed en 2016?

    —Que los docentes no tienen posibilidad de trabajar con otros colegas, no disponen de tiempo extra clase para actividades que requieren el ejercicio de la docencia hoy. Eso, más allá de la calidad individual de cada docente, es un nudo de base de la organización del sistema. Ahí entran los modelos de trabajo docente, la organización, el cambio curricular o pedagógico. Todo eso va intrincado.

    —¿Ese modelo del trabajo docente se adapta a las exigencias de hoy?

    —Los educadores sienten que se mueven con cierta firmeza y valoran su formación en disciplinas, pero en otros terrenos ven que hay desafíos nuevos para los que su formación, digamos, no los ha preparado. Obviamente eso tiene que ver con las nuevas tecnologías en la enseñanza, la diversidad de intereses de los estudiantes y los nuevos estilos de aprendizaje. La gestión del aula es compleja, porque el modelo de trabajo docente aún se basa en que el profesor da su clase y si el alumno aprende, o no, es responsabilidad del alumno. Cuando uno sabe que la clase es una construcción mutua y que ningún profesor quiere ser portador de un menaje que no tenga atractivo. Hay todavía un décalage (desfasaje) entre los desafíos actuales de la educación y lo que los docentes reciben en su formación inicial.

    —¿Qué pasará si esto se mantiene así?

    —Uno naturaliza las cosas… A lo mejor yo insisto —y a veces me dicen que soy un poco obsesivo con estos temas—, pero el dato de la baja tasa de egreso de educación media en general me parece fuerte, importante, debería ocuparnos y lanzarnos a la iniciativa, a todos. Le pongo un tinte afectivo porque se trata de un dato dramático. Si proyectamos esto a unos años, el país va a tener enormes problemas. Si la tendencia sigue como está —y no hablo de los últimos cinco o 10 años, hablo de 40 años—, Uruguay será un país donde la mitad de la población no tendrá educación secundaria. Dirán que la gente igual se arregla la vida, pero… si no logramos que este tema corra un poco más rápido, que avance…

    —¿Cómo?

    —Uruguay tiene una demografía compleja, porque su población no crece, y entonces su destino como sociedad es la innovación, agregar valor, ingenio, cooperación social, inventiva, creatividad. Y para eso la educación es un eslabón fundamental. Movilizar a la gente, motivar, capacitar a las personas para que sientan que son interesantes los nuevos desafíos es algo que tiene que vivirse en los centros educativos. La escuela, el liceo, la formación técnica, tienen que estar todo el tiempo promoviendo nuevos desafíos, inventiva, resolución de problemas, porque es lo que el individuo va a tener que hacer todo el tiempo, toda la vida. La educación tiene que ser un entrenamiento para eso, y quien tenga una formación de corto tiempo va a estar en seria desventaja. Obvio que hay emprendedores sin formación media, pero a esa capacidad de crear, que es muy del Río de la Plata, hay que anexarle conocimiento. El problema es que quizás la demanda no sea suficiente todavía. Quizás esto es parte de estos desencuentros para construir espacios de interfaz y traducir nuestras demandas. Si imaginamos el Uruguay del futuro, la pregunta es: “Mire, su hijo entra en la generación que egresará en 2027, ¿lo que estamos haciendo ahora sirve para que pase a la educación superior o para que pueda salir a trabajar en 2027? Esta tensión de futuro es la que está faltando.

    —¿A quién le falta?

    —Le está faltando al sistema… Yo no me atrevo a decir —porque no soy uruguayo y tengo que limitarme en ese punto— cuánta desatención de futuro y de planteo hay por parte de los actores públicos y privados. Pero este señor siglo XXI está corriendo debajo de nuestros pies, vemos cómo se van acumulando los desafíos y no estamos tomando el toro por las astas.

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