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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo lo dijo Aristóteles. Suena muy obvio, pero tampoco se lo he oído a Mujica.
Como sea, lo importante es que del conventillo llamado “caso Astesiano” (y aún cuando no se ha agotado aún) hay varias enseñanzas que no debemos dejar pasar (como a muchos les ha ocurrido hasta ahora).
1) Lo importante que es en política (como en tantos otros caminos de la vida) aprender a ser buen juez de hombres. Es difícil imaginar, vista la performance mediática del Sr. Astesiano, que su propensión al protagonismo no fuera perceptible.
2) Que no da buenos resultados en funciones de gobierno sustituir los controles formales, objetivos y rigurosos por intuiciones, afinidades y simpatías personales.
3) Que tampoco suele dar buenos resultados abandonar la realidad de roles y responsabilidades, en aras de equivocadas llanezas seudorrepublicanas. Mantener ciertas distancias cuando se está obligado a gobernar no es de cogotudos sino de sabios y prudentes.
4) Que organizaciones como la Policía suelen ser proclives al corporativismo, priorizando ciertas solidaridades y códigos sobre otros, lo que dificulta establecer relacionamientos vistos como normales para quienes no las integran.
5) Que, ante hechos con ingredientes sensacionalistas, la prensa disminuye su rol de informante objetivo y aumenta, en vez, la siempre presente propensión a entretener, dedicando tiempo, energías y abundantes dosis de imaginación a transmitir sucesos de escasa trascendencia sustancial pero con mucho potencial para el rating.
6) Que los políticos son fuertemente atraídos a sucesos como los descriptos cuando ven en ellos buen potencial para dañar a sus adversarios, contribuyendo así a la tarea periodística, en la creencia de que la gente los acompaña en su cruzada destructiva. No perciben que ese tipo de ejercicio, sobre todo cuando —como ocurre en nuestro país— se hace recurrente, tiene un solo resultado: confirmar en la opinión pública que “todos los políticos son iguales”. Con lo cual el daño lo sufre el sistema democrático partidario.
Si algo debe quedar patente del “caso Astesiano” es que las mayores víctimas no fueron la seguridad pública, ni las investiduras parlamentarias, como cacareó insistentemente la oposición, sino el sistema político y la investidura presidencial.
7) Pero no hay bien que por mal no venga (tampoco es creación de Aristóteles ni de Mujica, pero igual es una gran verdad): el “caso Astesiano” sirvió para poner en evidencia que en nuestro país hay magistrados capaces, de fuerte personalidad, que llevan adelante indagatorias con independencia y objetividad a pesar de todas las presiones, políticas y mediáticas.
Ignacio De Posadas