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Es evidente que a la artista le importan los títulos. Cada obra fue nombrada con cuidado, cada trabajo lleva una referencia sugerente. Busca ampliar el sentido de su obra, señalar un camino por donde transitar, una mirada personal que busca abrir algunas puertas, completar ese primer impacto que las obras producen en el espectador. La sala está poblada de formas exuberantes, de colores arrolladores. Pero también de títulos, reflexiones en algunos casos, en otros, pequeñas perlas donde apoyarse y navegar. Es la obra retrospectiva de Cecilia Brugnini (1943), reconocidísima artista del tapiz, del tejido, de la escultura, de la imagen. Cada espectador se detendrá en su tapiz o en su escultura o en los objetos que recrean esta muestra titulada “La trama de una vida” y que puebla la sala de exposiciones del Museo Zorrilla. Elegirá como siempre su obra preferida. Pero en esta muestra, en esta experiencia no puede eludir el título de la obra.
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“Homenaje a mis ausentes” dice al pie de un imponente trabajo donde flotan sillas en un mar fucsia. Sólo eso, sillas de época, diferentes estilos, diferentes tamaños. Pero el fondo, ese color luminoso, construido en levísimas ondas con algunos toques de dorados, finas líneas doradas que impulsan el movimiento, la profanidad. Nada más que las sillas vacías, dieciséis para ser más exactos. El título en este caso es explicativo, quizás demasiado para una obra totalmente clara, precisa. Podría haber sido ausentes, solamente. Podría no haber tenido título, es cierto. Pero la artista necesita hablar del homenaje. Necesita ofrecer al observador una participación en la ceremonia, en la construcción de su pequeño ritual, o mejor, de su precioso réquiem visual. Con el título convierte ese magnífico y detallado trabajo en una experiencia compartida, seguramente más comprometedora que cualquier obra dispuesta a la simple intemperie de la interpretación. En este caso, los títulos están muy bien puestos, conducen, provocan, sensibilizan. Además, la artista se esmera en escribir con su propia letra. Por lo tanto, uno está frente a una muestra de obras abrumadoras, cargadas por una reflexión sobre ellas, sobre la vida, sobre el mundo.
Hay títulos más filosóficos y literarios como los relacionados con “Los árboles de la vida”, más comprometidos como “Un mundo de paz” o más líricos como “Homenaje a un ángel demonio que llegó de París y ya voló”. Otros se titulan simplemente “La manzana II” o “El bosque quieto” que enfrentados a la imagen producen un efecto interesante, inquietante. Es difícil entender la exacta relación entre títulos y obras cuando el trabajo de Brugnini pasa de figuras claramente representativas a despliegues de un azul intenso, con líneas sutiles donde apenas puede establecerse un vínculo con la realidad o con la prosaica idea de realidad que uno puede tener.
Toda la obra de esta artista es de un originalísimo vuelo poético, casi surreal en algunos casos, intensamente naïf en otros, siempre virtuosa. Se diría que este rasgo, junto al estilo barroco que ya se ha señalado en innumerables análisis sobre su trabajo es uno de los puntos más interesantes, más logrados de su cálida y sofisticada expresión plástica. Es inusual enfrentarse a un tapiz que evada los márgenes de lo decorativo para internarse en caminos más complejos, en bosques más raros, en paisajes azules y rosados, en imágenes de leones amarillos, poderosos, que ocupan toda la “tela”, tejidos línea por línea, en un trabajo de hilado preciso, en una herencia que recibe la fuerza milenaria de la manualidad, el esfuerzo, la carga física de la tarea. Se puede decir que la obra de esta uruguaya multipremiada, con innumerables muestras en su mochila, con larga y exitosísima presencia en espacios internacionales, importa fundamentalmente por la transgresión en varios niveles. Transgresión en el propio lenguaje del tapiz, en la composición, en los estrictos contenidos de la tradición tapicista, en su formato y confección. La obra de Brugnini evade los límites históricos, pero también, los límites de lo artístico. El uso de colores fuertes, la búsqueda de técnicas y la combinación, el diseño, el trabajo de composición y ritmos, de temas y referencias propias de la pintura. También transgrede el medio, el transitado camino del arte nacional, sale del imperio de la pintura para instalarse en un mundo paralelo, con evidentes puntos de contacto, con profundas y maravillosas y sutiles correspondencias.
Los tapices de Cecilia Brugnini parecen cuadros. Son cuadros sin pinceladas, pero con la potencia de una materia que viene de otro lado, con la calidez y tensión de otras texturas. Incluso en sus esculturas blandas, en sus personajes envueltos en telas con collares de madera y objetos, con su experimentada construcción de espacios y vestidos y adornos. Al fondo de la sala hay una instalación de la “Nave de la vida” cargada de figuras enigmáticas, donde asoman algunos rostros. Es otra expresión de esa trama que fue tejiendo a lo largo de su vida, plena de referencias, intensamente humanista. Un camino donde no faltan los sueños, los deseos y esos entrañables ausentes sobre el ondulante mar fucsia.
“La trama de una vida”. Retrospectiva de Cecilia Brugnini. Museo Zorrilla (Zorrilla de San Martín 96, Punta Carretas). De lunes a domingos de 14 a 18 hs. Hasta el 3 de noviembre.