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Esta novela policial breve tiene todos los elementos clásicos del género: el héroe perdedor, la mujer fatal, los sicarios ensañados con sus víctimas, la persecución paranoica por zonas oscuras de California y un botín de algo más de dos millones de dólares. Pero jugando con semejantes tópicos se transforma en algo singular, por la justeza y el filo de los diálogos, por el humor imprevisto, por una súbita e inesperada descripción y por los propios personajes, que sin dejar de ser fieles a la serie negra muestran un costado inusual.
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El personaje central, Jimmy Luntz, es el hombre que huye con sus deudas de juego a cuestas. Canta en un coro masculino de cuatro solistas y llegado el caso empuña las armas temblorosamente. Además, alguna vez tocó el saxo y tiene un parecido físico con Art Pepper (solo físico, porque toca bastante mal). Eso sí, da buenos consejos para estar alerta en el momento de martillar una escopeta: “Si oyes ruidos siniestros en el piso de abajo, tú limítate a hacer ¡clic-clac! Para un intruso es el ruido más feo que hay en el mundo”.
La mujer fatal, Anita Desilvera, es una bella india que casi siempre anda descalza y acuña sentencias de este tipo: “Mi gente pertenece a la tierra. Sabemos quiénes son los demonios. Pero amamos al diablo”. Y lo repite: “Amamos al diablo”. En una palabra: si estás con ella, sabés a qué atenerte.
El sicario, de apellido Gambol, “un hombre alto y tristón con pantalones de sport y zapatos caros, cazadora de pelo de camello y uno de esos sombreros de paja blancos que llevan los golfistas de la tercera edad”, debe soportar durante toda la historia una herida de bala que le hace cojear: sale del auto cojeando, carga sus armas cojeando y desayuna cojeando. Pero tiene suerte porque una enfermera de dudosa ética, además de curarle la herida, le hace un par de mamadas... gratis.
Denis Johnson (Munich, 1949) es el típico escritor norteamericano desarraigado y con pasado desprolijo. Se crió en ciudades tan dispares como Tokio, Manila y Washington. Publicó varios libros de poemas que fueron aclamados. También disfrutó —y padeció— la larga noche del alcohol y las drogas, hasta que emergió con la novela “Ángeles derrotados” (Anagrama), elogiada por la crítica. Actualmente vive en Idaho, lejos del mundanal ruido y de la prensa.
“Que nadie se mueva”, de Denis Johnson. Mondadori, 2012, 188 páginas. Distribuye Grupo Editorial Sudamericana.