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En un deporte en el cual la disposición mental tiene una importancia fundamental, las caídas de rendimiento en los golfistas de elite ha sido una constante a lo largo de la historia del golf. De todos modos no es fácil explicar cómo se puede llegar a caer tan bajo luego de dominar por un considerable período el concierto mundial. Se recuerda los casos de Severiano Ballesteros, Ian Baker Finch, Greg Norman, Nick Faldo y el más notorio y reciente de todos, quien fue durante varios años el número del ranking mundial: Tiger Woods. Este, a raíz de una serie de escándalos extra golf que comenzaron a conocerse hacia finales del 2009.
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Una caída similar vive hoy el norirlandés Rory McIlroy, quien no ha ganado un torneo en la actual temporada, lo que nunca le había ocurrido desde que ganó su primer torneo como profesional, el Dubai Desert Classic en octubre del 2009. Esta sequía de victorias llevó a que McIlroy cayera a la sexta posición del ranking mundial, ubicándose actualmente detrás de Tiger Woods, Adam Scott, Phil Mickelson, Henrik Stenson y Justin Rose. Una situación sorprendente ya que a fines de la temporada pasada, el norirlandés era el número uno del mundo, ganador de cinco torneos en ese año incluyendo su segundo Major, el PGA Championship.
Cabe recordar que su primer “grande” había llegado con el triunfo en el US Open del 2011, con apenas 22 años de edad. Precisamente su formidable victoria en el PGA Championship en agosto del 2012 en Kiawah Island en el estado de Carolina del Sur fue de punta a punta por ocho golpes de diferencia sobre el segundo, el inglés David Lynn. En otro hecho destacable, McIlroy terminó esa temporada como el número uno en el ranking de ganancias en el PGA Tour de Estados Unidos y también en el del European Tour. A los 22 años ya era considerado el “rey”, el promisorio heredero de Tiger Woods.
Sin embargo, a fines de ese año, luego de un match desafío con Tiger disputado en Shangai, llegaron los rumores de un posible cambio de McIlroy para la firma Nike, dejando por el camino un contrato con Titleist. Y aunque la joven estrella lo niegue, a partir de ese momento comenzaron los problemas.
Contrato millonario
Finalmente, en enero de este año McIlroy firmó con Nike luego de una fabulosa propuesta de U$S 250 millones de dólares por diez años. La nueva vinculación incluía para el golfista el uso de palos, pelotas, zapatos, guantes, vestimenta, gorros y accesorios, todo con el logo de la pipa.
El inglés Nick Faldo, hoy comentarista de la cadena de televisión estadounidense NBC, fue de los pocos que se animaron a pronosticar que dicho cambio podría afectar el rendimiento de la joven figura del golf mundial. Y el tiempo le dio finalmente la razón a Faldo. Es que el cambio de equipamiento de un golfista no es un hecho irrelevante, ni fácil de superar, llevando un buen tiempo lograr la adaptación.
Así le pasó por ejemplo a Tiger Woods cuando pasó a jugar de Titleist a Nike, llegando a estar un período cercano a los dos años, en el cual el golfista estadounidense llevó un juego muy errático.
Y al igual que el caso de Tiger, buscando justificar su mal momento, McIlroy comenzó a cambiar buena parte de su equipo de trabajo. Por ejemplo, el norirlandés entró en una batalla legal feroz buscando romper el contrato que lo vincula a la empresa Horizon Sports Managment, la cual lo representa desde hace cinco años. La intención de McIlroy es crear una nueva compañía con su padre a la cabeza para que maneje sus intereses, aunque la desvinculación no parece nada sencilla.
También su noviazgo que llevaba más de dos años con la tenista Caroline Woznicki sucumbió en este momento de crisis golfística de McIlroy.
El regreso
“Me siento cómodo con mis palos, no creo que pase por ahí mi rendimiento en esta temporada. Mecánicamente mi swing sigue siendo el mismo, por lo tanto no está ni en los palos ni en las pelotas la explicación de mi momento golfístico”, respondió McIlroy ante una pregunta puntual luego de finalizar su actuación en el último torneo de la serie World Golf Championship jugado en Shangai.
Precisamente en dicho torneo, que fue ganado por el estadounidense Dustin Johnson, el norirlandés tuvo un comienzo espectacular con una ronda de 65 golpes en la jornada inaugural que le dieron la punta en solitario, algo que no se había dado en los 19 certámenes que jugó este año. Muchos vieron en esa actuación buena parte de la “magia” de un jugador sencillamente formidable.
Más tarde McIlroy agregó en conferencia de prensa: “Es el primer año en que me he enfrentado con problemas fuera de la cancha y ello evidentemente afectó mi juego. No he colmado mis expectativas y por eso me siento decepcionado”, finalizó el norirlandés.
La tan mentada recuperación se había dado una semana antes, cuando se enfrentaron en un match desafío McIlroy y Tiger Woods. Sin confirmación oficial, se pudo saber que ambos cobraron 1,5 millones de dólares por participar en el match jugado el lunes 28 de octubre en el Mission Hills Golf Club de Shangai en China.
Al igual que el año pasado McIlroy le volvió a ganar al número uno del mundo, esta vez con un final impresionante que incluyó cuatro birdies y un águila en los últimos siete hoyos para terminar con una tarjeta de 67 golpes.
Consultado en ese partido, Tiger, quien mucho tuvo que ver en el cambio de McIlroy para Nike, inmediatamente salió a proteger a su “niño mimado” al afirmar: “Es un golfista excepcional, ya vieron los segundos nueve hoyos que jugó hoy. No tengo duda que pronto recuperará su nivel, solo hay que darle un poco de tiempo”.
Apenas finalizado el match, también pudo saberse que McIlroy utilizó una nueva pelota Nike, modelo RZN, similar a la que utiliza Woods, cuyos detalles técnicos no fueron divulgados por la firma.
Es que en realidad se trata de un jugador de elite, de los mejores del mundo, con un enorme talento, por lo cual una sensación, una buena tarjeta como la de Shangai, o una ayuda técnica acertada, pueden hacerlo volver rápidamente a los primeros planos del golf mundial.