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    Sobre el libro El infidente

    Sr. Director:

    La semana pasada en una carta a Búsqueda, Marcos Carámbula defiende a su extinto padre, el escribano Felisberto Carámbula, citado en mi libro El infidente. Los secretos de un terremoto político y económico.

    Con la base de varias fuentes, en especial un amigo íntimo del periodista del diario BP Color y conocido del escribano, el libro identifica a este como informante del periodista. Le confirmó que el lunes 29 de abril de 1968 se produciría una “corrección cambiaria” (devaluación) de 25% lo que determinó que el diario publicara la noticia en su edición del domingo 28.

    Utilizo el vocablo “confirmó”, porque cuando el sábado 27 Astesiano se entrevistó con el escribano ya tenía en su poder parte de la información, pero como era una de sus fuentes más confiables (ocupaba la presidencia del Banco República) buscó su versión que le resultó fundamental.

    Carámbula se agravia porque afirma que el libro “acusa” (como si yo le imputara un delito) a su padre y que por estar muerto no puede defenderse. Al usar el vocablo “acusa” me atribuye una intencionalidad perversa que no existió. El objetivo del libro fue rastrear la historia periodística de esa primicia —a mi juicio la mayor en la historia— y las vías por las cuales se obtuvo. Durante casi medio siglo “la infidencia” le fue atribuida a Jorge Batlle, no como un informante neutro, como lo fue el escribano, sino con la intención de descalificarlo al señalarlo como beneficiándose de esa devaluación. Mientras avanzaba en la investigación, como ocurre con los ríos caudalosos, surgen nuevas vertientes, el objetivo inicial derivó hacia otros cauces.

    Con el primitivo razonamiento que Carámbula utiliza en su carta, cuando una persona muere y no puede dar su versión —desde Artigas a Seregni, pasando por Trías, Arismendi o Ferreira Aldunate— el investigador debería llamarse a silencio, no citar las novedades o noticias que encuentre y escamotearle al ciudadano sus hallazgos, aunque, como en el caso, cambien una historia de 50 años.

    En su respaldo, Carámbula argumenta que el tema de la “infidencia” fue analizado por la prensa, el Parlamento y la opinión pública como si eso fuera suficiente para no realizar nuevos aportes o dar por buena la infamante versión de décadas. Omite decir que también intervino la Justicia penal y un grupo de oficiales del Ejército del Batallón Florida que, de acuerdo con varios guerrilleros tupamaros, algunos en el gobierno, interrogaron a Batlle en una pretendida lucha contra los ilícitos económicos. En ninguna de todas esas instancias se pudo identificar a quién proporcionó la información. No recuerdo que Carámbula haya considerado la imputación contra Batlle como una infamia. Por el contrario, durante su trayectoria política, por acción u omisión, las respaldó.

    Dice que en la época se entrevistó con Julio Herrera Vargas, quien, como su padre, integraba el directorio del Banco República. Sostiene que de esa charla, de la que no da detalles, surgió la desvinculación de su padre de “la infidencia”.

    Herrera Vargas, integraba el sector que lideraba el senador Zelmar Michelini y fue el principal acusador de Batlle. Sostuvo en conferencias y por escrito que con el respaldo de personas de su confianza Batlle empujó la devaluación tras haber comprado gran cantidad de dólares. Sostiene que les vendió esa información a especuladores y que dio el golpe de gracia al pasarle la información a BP Color: luego de publicada era irreversible.

    Pero el fiscal penal Mario Pascual que, junto al juez de Instrucción Daniel Pereyra Manelli, investigó los antecedentes que le remitió una Comisión investigadora del Senado, revela al pedir el archivo del expediente que Herrera Vargas declaró que en el despacho del entonces vicepresidente de la República, Alberto Abdala, Astesiano le había confiado al vicepresidente que su fuente había sido el escribano.

    Entiendo la sensibilidad de Carámbula y su pretensión de defender a su padre, un hombre querido y respetado en su natal ciudad de Las Piedras. El escribano fue además políticamente solidario con sus hijos. Luego de abandonar en batllismo los acompañó en sus luchas partidarias en el Partido Comunista. En 1984 fue candidato de la Lista 10001 de Democracia Avanzada en el sexto lugar al Senado.

    Pero los hechos son los hechos y no los que queremos que sean. Antes de escribir la carta a Búsqueda Carámbula debió leer el libro y no basarse en una breve versión periodística.

    Dice que la carta fue su última palabra y que no volverá a referirse a estos hechos. Yo tampoco. Dejemos hablar al libro.

    Raúl Ronzoni