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    Sobre la libertad

    Sr. Director: 

    En el número de Búsqueda de la semana pasada leí con interés el comentario se Silvana Tanzi sobre el último libro de Houellebecq titulado “Soumission”. Antes había leído en el “New York Review of Books” otra reseña firmada por Mark Lilla. Ambas me han desencadenado las reflexiones que siguen.

    Este autor francés, tan difícil de leer como de escribir correctamente su apellido, me ha resultado generalmente desagradable, pero este libro contiene planteos a la vez profundos y originales sobre el mundo contemporáneo, el que nos toca vivir. Marshal Mc Luhan, para mí un genio, decía que lo más característico y profundo de la situación de una sociedad en una época dada no se refleja en los informes económicos o en los análisis políticos sino en la producción de ficción en el seno de esa sociedad.

    La trama de “Soumission” transcurre en la Francia actual y en una proyectada (o imaginada) Francia del año 2022 (un futuro muy cercano). Inesperadamente se produce una coyuntura electoral: para evitar un triunfo de la extrema derecha, que ganó la primera vuelta, todos los demás se unen en el ballotage y llevan a la Presidencia a un partido musulmán moderado.

    Primer asunto a notar: no es el crecimiento demográfico de los inmigrantes ganando el poder a costa de fertilidad familiar, como pronostican algunos, ni tampoco son las hordas jihadistas tomando el poder a sangre y fuego, como temen otros, sino una elección legítima de los franceses que vota a Ben Abbes (así se llama el personaje) como presidente de Francia. Este presidente se llevará bien con todo el mundo, católicos y protestantes por igual, y en lo único que hará cuestión es confiar el Ministerio de Educación a una hermandad musulmana.

    Luego el libro entra en una descripción de las coincidencias que inesperadamente van apareciendo entre las medidas que toma ese gobierno y la plataforma de la derecha que había sido derrotada en aquel ballotage, sobre todo una coincidencia conceptual referida a que las grandes civilizaciones, las que duran históricamente, las que prevalecen sobre otras, fueron fundadas sobre una religión. Segundo aspecto a notar.

    La religión de Ben Abbes es la musulmana, por supuesto, pero no hay ningún plan de conversiones compulsivas ni decapitaciones ni nada por el estilo. Simplemente proclama o predica la disciplina (recordar el título del libro: soumission) y la superioridad del orden sobre cualquier otro valor o principio de convivencia social.

    Recordemos que sobre todo Francia, pero toda la cultura y la civilización europea hija del Iluminismo, ha puesto a la libertad como su valor supremo. Todas las luchas políticas, las epopeyas celebradas en la poesía, las conquistas en la educación, el progreso en los comportamientos sociales y cívicos, han tenido a la libertad como meta y objetivo superior. Y aquí se revela lo que es el meollo de la novela y también el corazón de la crisis de nuestra época. La valoración suprema de la libertad —que es noble y dignificante— en la actualidad, ¿a dónde ha conducido? Al consumo indiscriminado, a la aceptación generalizada de las drogas, al menosprecio de cualquier autoridad, a las madres de los escolares que le pegan a las maestras, a las ciudades grafiteadas, a los CEOs de los bancos que crean ingenierías financieras truchas, al vandalismo de los monumentos públicos, a las barras bravas en los estadios deportivos, al abandono de las tradiciones, a la disolución fácil de los vínculos familiares, a la sexualidad sin compromiso afectivo y a todo lo demás que el lector que anda por la calle ve todos los días (y quizás sin salir a la calle).

    Houellebecq pinta una sociedad que empieza a azorarse al experimentar en qué ha desembocado al haber generado un cultura jugada a la libertad individual sin limitaciones y una sociedad desentendida de las tradiciones y desconfiada de la autoridad. La crisis tiene una semilla que fue plantada hace doscientos años. Francia está desconcertada e inerme y ve en el Islam orden, religión, tradición, sumisión y le resulta, paradójicamente, tranquilizador. Ese es el libro.

    La libertad —que es la base de la dignidad humana y de la moral, según mis convicciones cristianas— contiene en sí misma un enigma. No es aquí el caso simplemente de que el exceso de cualquier virtud se convierte en vicio. Es que si la libertad sin límite termina en el desorden, entonces parece como que el límite (es decir, el freno, la no libertad) deviene esencial para el ejercicio de la libertad. La libertad se vuelve contra sí misma si no la acompaña algo de no libertad.

    Este es un dilema filosófico, pero como se percibe claramente, también es político. Dilema difícil para los filósofos, que han reflexionado, escrito y polemizado mucho sobre él. Pero mucho más difícil para el político porque la política es esencialmente la toma de decisiones; el político tiene que decidir. El libro de Houellebecq hace pensar. En Francia y acá. Me parece.

    Juan Martín Posadas