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    Soñando canciones bajo la Vía Láctea

    Columnista de Búsqueda

    A comienzos de los ochenta, la programación del Canal 5 de la cadena mexicana Televisa arrancaba a mediodía con un puñado de videos musicales entre los que salía una banda desconocida, integrada por cuatro muchachos flaquitos vestidos de la manera menos rockera posible. Tan uncool eran sus pintas que uno de ellos llevaba incluso una bufanda a cuadros de esas que usan los abuelos. La canción se llamaba The Ungarded Moment y era una maravillosa mezcla de new wave y el sonido guitarrero de The Byrds. La banda desconocida eran los australianos The Church, quienes con casi 40 años a cuestas y una veintena de discos en su haber son el secreto a voces mejor guardado de Australia.

    Aquel tema era parte del disco debut del grupo, Of Skins And Heart. Allí, la banda integrada por Steven Kilbey (guitarra y voz), Peter Koppes (bajo y coros), Marty Wilson-Piper (guitarra y coros) y Richard Ploog (batería aunque en el disco solo toca en tres temas) se despachaba con un puñado de canciones que si bien tenían cierta oscuridad “británica”, mostraban ya entonces un perfil distinto, más áspero y personal. El disco abre con For a Moment We’re Strangers, una canción en donde ya era evidente uno de los diferenciales del grupo: la voz suave y grave de Kilbey hilvanando sus fraseos elegantes sobre el muro de guitarras del grupo.

    Así como el debut se componía casi en exclusiva de canciones de Kilbey, The Blurred Crusade, el segundo trabajo del grupo, mostraba una paleta de composición más colectiva, con participación de Michelle Parker (novia de Kilbey que ya había colaborado en The Ungarded Moment) y de todos los miembros del grupo en uno u otro tema. El disco fue producido por Bob Clearmountain, quien luego trabajaría con Bruce Springsteen y Bryan Adams entre otros y que mostraba una banda más ensamblada aunque sonando, es cierto, ligeramente más “americana”.

    Para 1983 el grupo ya había girado por Europa y realizaba su segunda gira nacional por Australia. Solo el mercado de Estados Unidos les seguía estando vedado, porque el sello Capitol se negaba a editar su material allí. Las cosas irían a peor cuando el grupo presentó su nuevo material a la discográfica que lo rechazó y descartó a la banda. El grupo editó el material por su cuenta como un EP de seis canciones y luego lanzó su tercer disco, Seance con el sello EMI. En él volvieron a los temas de Kilbey en solitario, mostrando más teclados y un sonido que iba de la crudeza casi punk de algunas canciones a la presencia de cuerdas y arreglos orquestales en otros. La presión de EMI para lograr un sonido más accesible hizo que Kilbey se sintiera incomodo con el resultado, por lo que empezó a buscar alternativas en otros terrenos discográficos.

    Es en medio de ese período lleno de dudas que el grupo edita dos EP: Remote Luxury y Persia, y entonces el “milagro” ocurre: el sello Warner Records se interesa por ellos directamente desde Estados Unidos y los ficha. Lo primero que hace Warner es unir los dos EP, que tenían distinto sonido aunque similares intenciones en la composición, en un solo disco que llama Remote Luxury y que sale en 1984. El disco trae temas como 10.000 Miles Away y Constant in Opal, que exploran nuevas zonas musicales para el grupo.

     

    La presión de EMI para lograr un sonido más accesible hizo que Kilbey se sintiera incomodo con el resultado, por lo que empezó a buscar alternativas en otros terrenos discográficos.

     

    Con ese material a cuestas deciden lanzarse a la aventura americana y firman con un management de Estados Unidos. Tocan en Nueva York y Los Ángeles con buena respuesta de público, aunque no ocurre lo mismo en el resto de los lugares de la gira de dos meses que hacen por Norteamérica sobre finales de ese año. De hecho, el balance económico es pésimo y el grupo pierde miles de dólares cada semana. El año cierra con una banda cansada, sin motivaciones, que se siente dominada por la convicción de estar haciendo peor música que antes.

    Para 1985 el grupo está de nuevo grabando en Australia, en los legendarios Studios 301, los más antiguos del mundo en actividad. Junto al productor Peter Walsh (Peter Gabriel y Simple Minds, entre otros) realizan Heyday, un trabajo que es bien recibido. Sin embargo, en medio de la gira promocional, Wilson-Piper abandona el grupo. El incidente se salda con Kilbey asegurándole que las futuras canciones del grupo serán más colectivas.

    Y así llega 1987, el año en que The Church grabaría el disco que se suponía los iba a convertir en los nuevos R.E.M. o algo más o menos igual de exitoso. Ese trabajo sería también un verdadero desafío para el grupo y se grabaría en Los Ángeles, con la producción de Waddy Wacthel y Greg Ladanyi. “Éramos los hippies australianos contra los pibes de la Costa Oeste que sabían cómo había que hacer las cosas. Nosotros éramos un poco más indisciplinados de lo que a ellos les habría gustado”, recordaría Kilbey años mas tarde.

    Starfish, editado en 1988, es una obra rica y compleja. Es, quizá, la primera vez que The Church suena abiertamente del sur. Para empezar, su single Under the Milky Way tiene un sonido único de guitarras y solo podría haber sido compuesto por alguien de esta parte del globo. Y es que trabajar y vivir esos meses en Los Ángeles marcaría casi todas las canciones del álbum. Cuenta Kilbey: “Reaccionamos contra el lugar porque no nos gustaba. Odiaba donde vivía, odiaba tener que conducir ese horrible autito rojo por el lado equivocado del camino. Odiaba que no hubiera nadie caminando por las calles y extrañaba mi casa. Todos los anuncios, conversaciones que escuchaba, programas de televisión, todo lo que nos estaba pasando, todo terminaba dentro de la música”.

    El disco colocó al grupo dentro del mainstream rockero de la época y Under the Milky Way fue considerado el single del año en Australia. El resto del álbum era sólido, con canciones que iban desde la oscuridad de Destination hasta el rock áspero de Reptile. Kilbey cumplió su palabra de dar más cancha a sus compañeros de grupo en la composición y el resultado no pudo ser mejor. La única nota baja fue Ploog: es en este disco cuando el baterista comenzó a alejarse del grupo.

    Gira por Estados Unidos y por Europa (94 shows en nueve meses), las canciones sonando en todos los charts, el mercado estadounidense parecía abrirse naturalmente. Por ello su nuevo disco, Gold Afternoon Fix, contaría con el mismo equipo de productores que, siguiendo las instrucciones del sello, querían un sucesor igual de exitoso que Starfish. Sin embargo, la presión hizo estragos en el grupo: Ploog abandonaría el proyecto a mitad de la grabación y el disco no llegaría a vender lo que su antecesor.

    Pese a los resultados relativamente exitosos de ese trabajo y del siguiente, Priest=Aura, The Church comenzaba sin saberlo a quedar relegada al panteón de bandas de culto. O de bandas que tocaron el cielo de la popularidad con las manos y luego siguieron su carrera en una suerte de no muy confortable clase media. Entre los factores ajenos a la banda y que los llevaron a esta situación está el estallido del grunge: en 1992, el sonido del grupo dejo de conectar con la nueva sensibilidad del mainstream rockero de entonces y el grupo resolvió volver a su tierra natal.

    Otros grupos se habrían disuelto pero no The Church: desde entonces han editado una docena de álbumes sólidos y permanecen como uno de los grupos más respetados de Australia. Cada tanto salen de gira por el norte (casi logro verlos en el SXSW en Austin, en 2015, pero no había lugar) y cada tanto alguno de sus discos logra arquear las cejas de algunos de sus viejos fans de los tiempos de Starfish. Siempre lejos de los sonidos dominantes en la industria.

    La batalla de The Church ha sido siempre la de lograr llevar su música fuera de su remoto país natal, sin perder un gramo de su formidable ética artística. En términos económicos, han perdido esa batalla varias veces y esa ha sido una de las razones de su relativa oscuridad. En términos musicales, la han ganando siempre en cada uno de sus discos: su rica mezcla de psicodelia, climas guitarreros y vocales susurrados, tan suaves como un alunizaje, sigue siendo tan total como única.

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