El resultado del plebiscito en el Reino Unido ha abierto las puertas a todas las salidas imaginables: políticas, económicas, sociales y hasta militares, pues Londres es el eslabón natural entre EEUU y Europa.
El resultado del plebiscito en el Reino Unido ha abierto las puertas a todas las salidas imaginables: políticas, económicas, sociales y hasta militares, pues Londres es el eslabón natural entre EEUU y Europa.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáQuienes creían que la separación entre el Reino Unido y la Unión Europea sería inmediata descubrieron muy rápido que se trata de un proceso de muchos años. Visiblemente golpeados por la situación generada, los líderes del Brexit, con Boris Johnson a la cabeza, proponen ahora que las relaciones económicas con la UE no se alteren. La respuesta de Bruselas ha sido compacta: out is out. Si decidieron irse, están afuera.
El sueño de querer reconquistar “el pasado glorioso” tiene esas cosas: emborracha los sentidos y lleva a cometer tonterías.
Desde un punto de vista histórico, lo sucedido ha sido una consecuencia lógica de la postura secular de los británicos hacia Europa (no hacia la UE, que es un fenómeno moderno, sino hacia el continente). Gran Bretaña siempre se mantuvo al margen del proceso europeo. Apostó durante siglos por la construcción de un imperio mundial. Defendió con garras y uñas su insularidad. Fue sumamente celosa de sus particularidades.
Cuando, urgida por la crisis económica, decidió asociarse a la UE, lo hizo con la intención de no ceder un ápice sus privilegios e intereses. A los británicos siempre les interesaron los provechos del libre intercambio comercial y financiero, pero nunca la integración institucional. Su proyecto fue lograr un máximo de beneficios materiales sin hacer mayores compromisos.
La relación entre estos dos mundos nunca funcionó. Londres saboteó sistemáticamente todas las iniciativas surgidas en Bruselas. Deseosos de mantener las islas en su seno, la UE aceptó que los británicos fueran objeto de privilegios y excepciones que ninguno de los otros miembros recibió (o siquiera solicitó).
Para la UE, tener a Gran Bretaña de miembro fue como pretender despegar y tomar vuelo con un motor apagado y el freno de mano puesto.
Por eso mismo, no todos lloran lo acaecido en las vísperas de San Juan. En Francia y en Bélgica, incluso, se han descorchado muchas botellas de champán, pues el cansancio y la irritación originados por la sectaria actitud de Londres a lo largo de los años eran enormes y públicos. Ahora, dicen muchos, será finalmente posible apostar por una integración en serio.
En fin, la decisión ya está tomada. Los ancianos votaron por el Brexit y el 75% de los menores de 25 años por la UE: quienes no tienen futuro decidieron el porvenir de los que sí lo tienen... En estos días, se informa que miles de británicos han solicitado la ciudadanía de países miembros de la Unión. En Irlanda, por ejemplo, se acabó el stock de pasaportes.
La crisis abierta en Europa y el mundo es de una profundidad imprevisible. Pero paradójicamente (¡qué sabio era Hegel!) quienes más arriesgan perder con esta nueva situación son los propios británicos, pues si hay algo que ha quedado muy claro es que los impulsores del Brexit no habían calculado con que el resultado de su iniciativa puede significar el fin de Gran Bretaña.
En dos países en donde la permanencia en la UE ganó por gran mayoría (en Escocia por 62 a 38% y en Irlanda del Norte por 54 a 46%), ya se anunció la puesta en marcha de un plebiscito independentista. Abandonar la UE es una tremenda amenaza para la vida económica escocesa. Por eso, las posibilidades de matar dos pájaros de un tiro son excelentes: Escocia puede liberarse de Gran Bretaña y permanecer en la Unión.
Summa summarum, el éxito de los euroescépticos británicos puede perfectamente resultar en una derrota histórica para el Reino Unido. Pero ya es tarde para lamentar las consecuencias del Brexit. Out is out. No hay marcha atrás, aunque varias señales indican que muchos políticos ingleses estarían dispuestos a bajar el copete “y regresar al rancho con el caballo cansado…”.
Como se hace la cama se debe dormir en ella, dice el refrán sueco. En Gran Bretaña pusieron las sábanas abajo, el colchón arriba y la parrilla en lo más alto. La almohada la tiraron por la ventana.
Como sal en la herida, la pequeña Islandia, una isla con apenas 330.000 habitantes, mandó a la presumida selección inglesa de fútbol de regreso a casa, luego de humillarla a gusto en el campo de juego para placer y gozo de todo un continente.
Abandonar Europa una vez es duro. Abandonarla dos veces en una semana es terrible.