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El cimbronazo que está significando la pandemia del Covid-19 todavía se encuentra en curso. Más allá de que desde la perspectiva sanitaria se logró “aplanar la curva” de contagios, en la economía uruguaya las consecuencias son duras. Y aunque se van reabriendo ciertas actividades —como la de los shoppings esta semana—, el impacto se sentirá por bastante tiempo.
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Es cierto que la suerte de Uruguay está, al menos en parte, condicionada por cómo le vaya al resto del mundo. Somos un país chico y con una economía relativamente abierta. Por eso, es inevitable prestar atención a cómo están sobrellevando la crisis sanitaria y económica países relevantes como Estados Unidos, China o los vecinos, todos socios comerciales de peso de Uruguay. Si se recuperan rápido, la demanda de productos y servicios uruguayos —turísticos, logísticos, financieros— también lo hará.
Ayer, miércoles 10, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) actualizó sus proyecciones sobre la economía mundial para el 2020 y 2021. Dado lo incierto del panorama actual, trabajó sobre un “escenario base” —en el cual no hay una segunda “ola” del virus— y otro alternativo, en el cual sí aumentan los contagios hacia el otoño del hemisferio norte, y ello fuerza a que se tomen nuevas medidas de confinamiento social. En el primero (“base”) la economía mundial se contraería 6% este año y crecería 5,2% en 2021, pero en el alternativo la caída sería de 7,6% en 2020 y la recuperación del año próximo resultaría modesta (2,8%).
En todos los casos, la OCDE advierte la necesidad de que los gobiernos continúen aplicando fuertes medidas de “apoyo” fiscal y monetario para sostener la actividad, así como a los sectores sociales más vulnerables. Retirarlos de forma temprana retardaría la recuperación, señaló.
El comercio mundial también se está viendo afectado muy negativamente por la pandemia, y así lo vienen mostrando las estadísticas de exportaciones e importaciones de Uruguay de los meses recientes. La OCDE prevé una contracción de 9,5% en términos reales en el volumen de comercio global en el escenario base, y de 11,4% en el alternativo en 2020 (seguidos de recuperaciones de 6% y de 2,5% en uno y otro caso para 2021).
En momentos en que en nuestro país comienza a definirse el próximo Presupuesto Quinquenal, y también que deben tomarse decisiones respecto a los ajustes salariales en varios sectores de actividad que quedan sin convenio, sería deseable que tanto el gobierno como los sindicatos de trabajadores y las organizaciones empresariales tomaran nota de esta compleja realidad.
En materia presupuestal, parece razonable continuar gastando bastante más durante un tiempo prolongado para atender cuestiones sanitarias y atenuar el impacto económico y social de la crisis. Pero eso no quiere decir que se deba perder de vista el objetivo —prometido en la campaña electoral— de atacar ineficiencias en la gestión estatal, algunas de las cuales van saliendo a la luz.
Respecto a la política salarial, parece surrealista pretender centrar la discusión en torno a mantener los niveles de poder adquisitivo (el salario real) o cómo y cuándo se van a recuperar una vez que se termine el “período puente” de un año propuesto por el Poder Ejecutivo. Como esta semana señaló la OCDE, esta crisis provocará un retroceso significativo en los niveles de ingreso personales en todo el mundo; a fines de 2021, en la mayoría de los países se perderán entre cinco y ocho años de mejoras en los ingresos reales.
Así, el contexto actual no es uno en que se puedan y deban manejar pautas generales para la discusión salarial, y la cuestión básica es la supervivencia de cada empresa. Habrá casos en que pueda haber espacio para aumentos de salario real y también del empleo, pero en muchos otros, razonablemente, debiera primar el interés por mantener las empresas vivas.